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Más allá de precedentes como la comedia francesa 'Le Prénom', esta novela parte de una premisa poco frecuentada en la ficción: cuánto puede influir en el destino de una persona el nombre que recibe. Florence Knapp construye sobre esa base una notable ópera ... prima que, tras triunfar en el ámbito anglosajón, se publica ahora simultáneamente en varios países.
'Los nombres' arranca en octubre de 1987, un día en el que la tormenta —tan literal como simbólica— acecha el hogar de Gordon y Cora, un matrimonio acomodado inglés que acaba de tener a su segundo hijo. Pese al mal tiempo, ella debe acudir al Registro Civil para inscribirlo. Duda con qué nombre. No está segura de querer seguir la tradición familiar y llamarlo Gordon, como desea su marido. Se plantea ponerle Bear, como su hija de nueve años sugiere, imaginando a su hermano como un oso tierno y fuerte, o Julian, su propia elección, cuyo significado —«hijo del cielo»— espera que aplaque la ira del padre.
Esa violencia latente resulta fundamental en la narración. 'Los nombres' explora los límites entre lo que nos viene dado y nuestro propio margen de actuación. Al hacerlo mientras aborda una historia de violencia doméstica, ofrece respuestas tan complejas como reveladoras. La prosa limpia y diáfana de Knapp, unida a la calidez y la agudeza con que retrata a sus protagonistas, refuerzan la intensidad de un drama que agradece la sobriedad.
Con prosa sobria y elegante, y mucha sensibilidad, esta novela, con la que debuta la escritora gallega, acierta al dibujar con sutileza y maestría un dolor profundo
La novela abarca treinta y cinco años y presenta —como universos paralelos— tres versiones posibles de la vida del protagonista, según el nombre que su madre elige para él. Clara y eficaz, la estructura del libro está llena de significado. Se reparte en cinco bloques de siete años (siete es el promedio de veces que, según el libro, una mujer maltratada intenta dejar a su pareja antes de conseguirlo), cada uno de ellos subdividido a su vez en secciones tituladas 'Bear', 'Julian' y 'Gordon'. La mezcla de avance sucesivo y visión en paralelo favorece el ritmo, la intriga y la reflexión sobre las distintas derivas de la trama.
Las tres versiones coinciden en mostrar que las consecuencias de la violencia nunca son inocuas
Las tres versiones coinciden en mostrar que las consecuencias de la violencia nunca son inocuas. Cuando Cora se enfrenta a su marido —un respetado médico de familia, encantador de puertas para afuera pero despiadado en la intimidad— no garantiza la felicidad de su hijo, del mismo modo que sentirse heredero de una estirpe lo moldea en función de lo que cree que se espera de él. Los efectos del terror doméstico exceden a los implicados, alcanzando a todas las personas a su alrededor, entre las que destaca la abuela irlandesa, de una humanidad conmovedora.
La mirada de Knapp es compasiva con sus personajes. Incluso al maltratador, cuyo papel de villano puede parecer en ocasiones algo plano, se le concede una cierta redención. De igual manera, en esta novela, implacable pero delicada, nunca se pierde de vista lo que nos sostiene: la belleza, el amor y la esperanza, que se acaban imponiendo a las sombras.
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