- JAUME AURELL
- Cine, narrativa histórica y reivindicación social
- La revolución que ganó la libertad y perdió el futuro
El libro 'Landscape for a good woman' combina autobiografía y activismo. El relato explora la compleja relación entre una madre y su hija y la realidad social del Londres de los años cincuenta.
Comprendo que es algo osado comentar un libro que ni siquiera ha sido traducido al español, pero en esta serie de ocho grandes libros de historia que hoy finaliza, no se puede dejar fuera el histórico y autobiográfico de Carolyn Steedman, cuyo título se podría traducir como Paisaje para una buena mujer: una historia de dos vidas. En su Lanscape for a good woman, Steedman eligió un género híbrido, algo así como un cruce entre monografía histórica y autobiografía íntima. El libro narra la historia de la compleja relación entre una madre de clase trabajadora y su hija en el Londres de la posguerra.
Cuando uno empieza a leer el libro, se pregunta de inmediato: ¿qué tiene de histórico una relación atormentada entre una mujer y su madre? Lo fascinante de este libro, y lo que lo ha hecho grande, es que puede leerse en tres niveles simultáneamente: como una autobiografía femenina, como una monografía de historia social y como un manifiesto de historia de género. Para ello, Steedman combina eficazmente el testimonio personal, el artefacto científico, el pensamiento crítico y el activismo social.
Su autora no tuvo una formación histórica nada convencional. Nació en 1947 y creció en el sur de Londres, en el seno de una familia de clase trabajadora. Se licenció en 1968 en la Universidad de Sussex y trabajó como maestra de primaria entre 1974 y 1981. Fue entonces cuando se incorporó a la Universidad de Warwick. Quizás por este itinerario poco ortodoxo, fue más capaz de saltarse algunas líneas rojas de la metodología histórica tradicional, especialmente la que es capaz de combinar experiencia personal con análisis histórico, subjetividad con objetividad.
Como consecuencia, su obra es una autobiografía sobre la experiencia de la clase trabajadora que desafía los relatos convencionales y los géneros establecidos. Combina perspectivas feministas, marxistas y psicoanalíticas; mezcla la autobiografía con la escritura académica y la ficción; ofrece una alternativa a las narrativas y la metodología históricas tradicionales y arroja nueva luz sobre la centralidad de algunas narrativas y la marginalidad de otras. Al aplicar los métodos de la historia social a su propia historia, tiende un puente entre la clase social, las experiencias personales y la identidad de género.
Steedman describe la compleja relación con su madre, tal y como sugiere el subtítulo del libro: Una historia de dos vidas. Su madre había crecido en una localidad algodonera de Lancashire y encarnaba la situación de las mujeres de clase trabajadora en la Gran Bretaña de la posguerra. Steedman la visitó por última vez dos semanas antes de su muerte, tras nueve años sin verla. La describe como una buena madre que había cuidado de los hijos, desempeñando el papel también de padre. Una mujer de clase trabajadora, que tuvo una muerte de clase trabajadora.
Steedman narra su propia vida y la de su progenitora para contrastarla con la vida de la clase alta, con la muerte de su madre como espejo de su propia vida: "Simone de Beauvoir escribió sobre la muerte de su madre y dijo que, a pesar del dolor, fue una muerte fácil: una muerte de clase alta. Fuera, para los pobres, morir es otra cosa". Esta dialéctica sitúa la narrativa de Steedman firmemente en la sociedad polarizada de la Gran Bretaña de los años cincuenta.
La paradoja permanente de este libro, y quizá lo que lo hace inolvidable, es el diálogo continuo entre los recuerdos personales y el discurso académico. Esta orquestación polifónica exige el uso de múltiples fuentes que Steedman despliega con flexibilidad: sus recuerdos personales y sus lecturas académicas y de ficción durante su infancia y su edad adulta. Se dedica a aclarar la diferencia entre la historia oficial y profesional y los otros tipos de historias que imaginamos, soñamos y contamos. Sin embargo, y esto es crucial, utiliza la autobiografía no con fines estéticos, narcisistas o terapéuticos, sino epistemológicos e interpretativos. Este texto no trata solo del pasado, sino también del presente, como suele hacer la escritura autobiográfica.
Formada en la tradición más convencional de la historia social británica, Steedman encuentra nuevas formas de narrar la historia, más allá de las formas de la gran teoría y la narrativa, y de los tipos de determinismo que, de otro modo, habrían fijado los significados disponibles en su lugar. Demuestra así como la autobiografía puede convertirse en un instrumento histórico-historiográfico que explica aspectos marginados del pasado, o al menos los aborda desde una perspectiva diferente, ya que a veces el conocimiento científico no es suficiente: "Las interpretaciones personales del tiempo pasado -las historias que las personas se cuentan a sí mismas para explicar cómo llegaron al lugar que habitan actualmente- suelen estar en un conflicto profundo y ambiguo con los dispositivos interpretativos oficiales de una cultura. Este libro se articula en torno a un conflicto como este, tomando como punto de partida las estructuras del análisis de clase y las escuelas de crítica cultural que no pueden abarcar todo lo que hay que decir sobre la vida de mi madre".
Más allá de su uso original como metodología, Steedman demoniza el psicoanálisis como una de esas escuelas de crítica que no pueden abordar esta complejidad humana. El problema del psicoanálisis es que nos habla de "la vida en un sector concreto de la sociedad vienesa de finales del siglo XIX", pero no funciona cuando "la propia evidencia se utiliza para explorar la experiencia de mujeres de muy diversos orígenes de clase, culturales y geográficos en los siglos XIX y XX".
También cuestiona algunas ideas establecidas sobre la historiografía marxista y la historia social. Mediante el uso de la naturaleza fragmentada y ambivalente de la experiencia y el yo, Steedman pone de manifiesto "la precariedad de la teoría y la conciencia de clase cuando no logran incorporar en su seno los deseos y las necesidades de los individuos, especialmente de las mujeres".
Steedman nos transmite que siempre hay algo que falta en la interpretación académica y que debe ser completado por la experiencia personal y emocional, una enseñanza que todos los historiadores deberíamos asimilar a fuerza de hacer un tipo de historia autista que no interesa más que a nuestros pares.
Jaume Aurell es catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Navarra.
Tres casas de Alvar Aalto para aprender a habitarCine, narrativa histórica y reivindicación socialAsí trabaja el gran guardián del patrimonio cultural español Comentar ÚLTIMA HORA-
01:39
Levaduramadre da el salto a América con su llegada a Puerto Rico
-
01:21
Andalucía abre puja para su seguro de responsabilidad civil sanitaria
-
01:02
La banca digital acelera y aumenta un 50% los préstamos
-
00:40
Bankinter supera los 230.000 clientes en Irlanda
-
00:31
El BCE lanza el 'Proyecto Pontes' con una tarifa única