La nostalgia ya no es lo que era. Y los trenes, tampoco. Los vecinos más viejos de Tudela y Tarazona guardan el recuerdo de 'El Tarazonica', el ferrocarril que unía las dos localidades, un trayecto de 22 kilómetros que se tardaba una hora y cinco ... minutos en recorrer. Fue cerrado el 31 de diciembre de 1972 cuando apenas transportaba algunas decenas de pasajeros a diario.
Afortunadamente se han conservado cientos de fotografías que ilustran cómo era este ferrocarril, su material rodante, sus empleados y los viajeros. Una de ellas, tomada en 1886, muestra cientos de personas en la inauguración de la estación de Tarazona, un edificio de dos pisos. Se pueden ver un sacerdote, varios monaguillos y una banda de música. Otra toma parece sacada de un cuadro de Monet: el vapor de una locomotora oculta los vagones de un tren que pasa entre postes telegráficos. Otra imagen capta a campesinos que esperan en un andén de la estación de Cascante.
Había cuatro trayectos de ida y vuelta al día, aunque los testimonios recuerdan que los horarios eran flexibles. La locomotora jamás sobrepasaba los 40 kilómetros a la hora, aunque en algunos tramos avanzaba al paso de una persona. 'El Tarazonica' era conocido como 'Escachamatas', apelativo que hacía referencia a su lentitud.
La concesión de la línea data de 1882 y su construcción fue acometida por la Compañía del Norte. La idea era conectar las dos localidades, facilitando el transporte de viajeros y mercancías. La remolacha obtenida en Tarazona era llevada a una azucarera de Tudela, que llegó a disponer de un ferrocarril propio. Los productos agrícolas de la vega de Tudela iban a la localidad aragonesa y luego eran transportados a Zaragoza. Pronto surgió la idea de prolongar el ferrocarril hasta el Moncayo, algo que nunca se materializó, como tampoco el proyecto de conectar con Calatayud.
La inversión realizada ascendió a un millón de pesetas, una suma financiada por bancos nacionales. 'El Tarazonica' empezó a circular por vía estrecha hasta que Renfe, que se hizo cargo de la explotación en 1946, decidió cambiar al ibérico. La infraestructura estaba muy deteriorada. La obra se acometió en 1951 y supuso la paralización del servicio durante un año. A partir de ese momento, la línea podía enlazar con la red nacional. Por aquel entonces, el transporte de viajeros era realizado por automotores, con capacidad para 30 personas, mientras que las mercancías seguían siendo trasladas por máquinas de vapor.
Los automotores eran fabricados por una empresa de Zaragoza y se asemejaban a autobuses con un gran morro que albergaba el motor. Era una imagen futurista respecto a a las viejas y renqueantes locomotoras de vapor, que tiraban de vagones de madera sin electricidad.
A comienzos de los 60, con el auge del transporte por carretera, la utilidad de la línea empezó a ser cuestionada. Algunos residentes en Tarazona recuerdan subirse a los vagones para dirigirse a la plaza de toros de Tudela, apodada 'La Chata de las Griseras', donde se celebraban corridas en julio.
La línea de 'El Tarazonica' es desde hace un cuarto de siglo una vía verde que discurre por el valle del río Queiles. Como el antiguo tren, atraviesa las localidades de Murchante, Cascante, Tulebras, Malón y Vierlas. La estación de Tarazona es hoy un centro cultural. A su paso por Tulebras, el camino pasa junto al monasterio de Santa María de la Caridad, el primer convento cisterciense femenino, erigido en el siglo XII.
Prácticamente ya no queda ningún tren en servicio como 'El Tarazonica' o el castellonense de 'La Panderola', cuya memoria se perderá cuando mueran las personas que ahora tienen más de 80 años y que fueron sus usuarios. Hoy la alta velocidad enlaza las grandes ciudades de la Península mientras los servicios regionales también se mueren.
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