En el año 2005 se celebró en Barcelona el Primer Encuentro Europeo de Novela Negra, germen de lo que con el paso del tiempo sería el festival BCNegra. Organizado como homenaje póstumo a Manuel Vázquez Montalbán, el evento reunió a autores de diversas procedencias ... para reflexionar sobre la situación de un género sobre el que en aquel momento todavía recaían ciertos estigmas que hacían que fuera visto con cierto desdén desde la crítica especializada y la academia, y excluido de los catálogos de algunas editoriales generalistas.
De hecho, las intervenciones de los escritores presentes en el encuentro –entre otros, Donna Leon, Petros Márkaris, Thierry Jonquet o Andreu Martín– tuvieron un cariz reivindicativo a través del que se quiso ensalzar el valor de una forma narrativa capaz de indagar de forma crítica en las zonas más oscuras de la sociedad a partir de la creación de tramas de misterio.
Casi todos los asistentes coincidieron en señalar que escribían novela negra para dar a conocer la realidad en la que se hallaban inmersos, algo que parece mantenerse en la actualidad. A pesar de la variedad de geografías, lenguas, tradiciones y culturas, los autores europeos están conectados por ese afán de retratar las formas de vivir, y de matar, de sus respectivos países.
Lejos de implicar una distinción sustancial, la existencia de variantes como el nordic noir, el tartan noir, el polar provenzal o el noir mediterráneo parece basarse más en criterios casi ornamentales –las novelas escandinavas son más sanguinarias, las latinas suelen tener un espíritu hedonista– que en la propia concepción del género, que suele fundamentarse en la utilización de espacios urbanos concretos y de protagonistas policiales y, sobre todo, en esa dimensión social, costumbrista por momentos, que lleva a diseccionar las contradicciones del continente.
Muchas cosas han cambiado desde la celebración de aquel encuentro hasta ahora. El éxito arrollador de la saga 'Millenium' de Stieg Larsson y la consecuente expansión de la novela nórdica –que llenó los escaparates de medio mundo de novelas de autores con nombres imposibles y cubiertas con imágenes de manchas de sangre en la nieve–, la proliferación de adaptaciones televisivas, el desarrollo de una inmensa red de festivales y la cada vez mayor aceptación por parte de los lectores y la crítica han convertido al negro en uno de los géneros narrativos de referencia en Europa. Con hitos en cada una de las literaturas nacionales y casi en cada una de las ciudades, ha pasado a ser una suerte de 'National Geographic del crimen', que permite viajar por todo el continente de la mano de diferentes autores y personajes.
De la buena salud de la novela negra europea dan fe Antonio Manzini y Alan Parks, creadores de dos de las más interesantes series literarias del momento
De la buena salud de la novela negra europea dan fe Antonio Manzini y Alan Parks, creadores de dos de las más interesantes series literarias del momento. El autor italiano es el creador de la saga protagonizada por Rocco Schiavone, que ya alcanza las nueve entregas –ocho novelas y dos volúmenes de cuentos, uno de los cuales aún no ha sido traducido al español–, con la que ha conseguido convertirse en todo un fenómeno editorial en Italia, con adaptación televisiva incluida. Mientras, el escocés ha entregado hasta la fecha seis de las doce novelas que conformaran el ciclo del inspector Harry McCoy, cuyas tramas transcurren en cada uno de los meses del año 1974.
Tan diferentes como complementarias, las dos series están protagonizadas por miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado, aunque en ninguno de los casos podría decirse que se trata de agentes convencionales. Schiavone es un personaje irónico y provocador que fuma porros en su despacho y tiene una particular clasificación de «tocadas de cojones» en función de los problemas que ha de afrontar en su jornada. Tremendamente sagaz, combina su pericia para resolver los casos criminales con una particular, cínica en ocasiones, visión de la legalidad que le lleva a coquetear con los ambientes del delito y a mantener una especie de código de honor que le hace tomarse la justicia por su mano en determinados momentos.
El toque costumbrista de Manzini y Parks revela cómo se vive en un espacio concreti a través de las tradiciones, las rutinas, las manifestaciones culturales e incluso la gastronomía
Algo parecido le sucede a McCoy, lastrado por un pasado tormentoso en hospicios en el que fraguó una amistad fraternal con algunos de los capos mafiosos que dominan con violencia las mismas calles en las que ahora debe patrullar. Parroquiano habitual de pubs en los que bebe whisky y cerveza pese a sus problemas de estómago, actúa muchas veces por su cuenta, sin seguir los protocolos de las investigaciones, desafiando incluso a sus superiores.
El toque costumbrista de Manzini y Parks no implica la mera representación de un espacio geográfico concreto, sino que revela cómo se vive en él a través de las tradiciones, las rutinas, las manifestaciones culturales e incluso la gastronomía, que en algunos referentes de la novela negra como Vázquez Montalbán o Camilleri tuvo siempre un peso fundamental. Las obras de Manzini muestran el día a día de la zona alpina de Aosta, marcado por el frío y la monotonía de una ciudad de provincias. Schiavone, procedente del Trastevere romano, no termina nunca de acostumbrarse a su nuevo destino -se niega, por ejemplo, a usar botas de montaña para no prescindir de sus elegantes zapatos-, lo que genera escenas de hilaridad basadas en tópicos y choques culturales.
Frente al tono ligero que provoca la presencia del humor en estas novelas -acrecentado por la presencia de personajes de vis cómica como Deruta y D'Intinio, dos agentes especialmente inútiles que trabajan a las órdenes de Schiavone-, la serie de Parks transmite una mirada mucho más sórdida sobre la realidad circundante. En el Glasgow de mediados de la década de 1970 donde está ambientada la acción, gris y lluvioso, los altercados violentos, la desigualdad social y los enfrentamientos entre clanes mafiosos están a la orden del día, generando un clima de inseguridad que las fuerzas policiales no logran atajar.
'La verdad oculta de Walter Andretti' confirma el talento de Manzini, a quien el propio Camilleri designó heredero literario
Pese a publicarse originalmente en 2024 y 2025, la casualidad y las decisiones de la industria editorial han provocado que las nuevas novelas de Manzini y Parks hayan aparecido en España durante el pasado de mes de mayo. Las coincidencias no han terminado ahí, puesto que ambos han aparcado sus series habituales para entregar dos obras diferentes: 'La verdad oculta de Walter Andretti' (Salamandra) y 'Cielo rojo sobre Glasgow' (Tusquets).
En la primera, el autor italiano cambia completamente el registro y ofrece una novela mucho más compleja estructuralmente que las de Schiavone, en la que juega con los cambios de narrador y expone la dificultad de conocer la verdad cuando se dispone diversas perspectivas de los hechos. No es baladí, de hecho, que se abra con una cita de Erich Auerbach que reza que «el secreto hay que buscarlo no exclusivamente en la trama, sino en el narrador». Con semejante premisa, la obra relata la historia de un periodista de sucesos y de un solitario funcionario judicial que pasa los días entre legajos. A partir de un crimen del que primero ha de informar, sus peripecias terminan por cruzarse, desarrollando así una trama en la que se reflexiona sobre la diferencia entre la ley y la justicia, e incluso sobre la posibilidad de la venganza como forma de reparación. Alejada de los toques costumbristas e irónicos de la serie de Schiavone, la novela confirma el talento de Manzini, a quien el propio Camilleri designó heredero literario.
'Cielo rojo sobre Glasgow', por su parte, corrobora la tendencia al hibridismo de la literatura contemporánea al presentar una narración construida a partir de los patrones de los géneros negro e histórico que, según ha confesado su creador, tendrá continuación con otras dos entregas. Sin dejar de usar el escenario urbano de Glasgow, Parks sitúa la acción en plena II Guerra Mundial, en un momento en que la ciudad escocesa estaba siendo devastada por los bombardeos nazis. Joseph Gunner, un antiguo combatiente, regresa del frente y se ve inmerso en una investigación criminal que termina teniendo muchas más implicaciones de las que parece y en la que se va a ver involucrado incluso Rudolf Hess.
Combinando datos históricos y una cuidada ambientación con universo de ficción en el que se evidencian su maestría para crear personajes, desarrollar intrigas y manejar el ritmo narrativo -siempre in crescendo, con un aumento gradual de su intensidad que hace imposible no leer del tirón las últimas páginas-, el autor construye una interesante trama que ofrece una visión bastante desconocida de lo que fue la contienda en el Reino Unido.
Los casos de Antonio Manzini y Alan Parks demuestran cómo el género negro ha logrado huir de los márgenes para erigirse en la gran novela social contemporánea. En la actualidad, funciona como la lente más precisa para radiografiar una Europa compleja y contradictoria, trascendiendo las variantes geográficas para unir al continente bajo un mismo afán de disección moral. Con el marco monumental de Italia o la bruma desencantada de Escocia como fondo escénico, ambos autores confirman que la investigación de un crimen sigue siendo, como ya se proclamaba en aquel encuentro de Barcelona de 2005, una de las coartadas literarias más eficaces para mirar hacia los rincones oscuros de la sociedad.
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