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Paul Ehrlich o el apocalipsis 'maltusiano'

Paul Ehrlich o el apocalipsis 'maltusiano'
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El biólogo hizo una predicción incorrecta sobre una posible crisis de sobrepoblación debido a su desprecio a la iniciativa y capacidad económica de las personas, al igual que Thomas Robert Malthus en el año 1798. Leer
Retratos liberalesPaul Ehrlich o el apocalipsis 'maltusiano'
  • CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN
Actualizado 28 AGO. 2026 - 00:57Paul Ehrlich, que fue profesor de Stanford, falleció el pasado 13 de marzo.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El biólogo hizo una predicción incorrecta sobre una posible crisis de sobrepoblación debido a su desprecio a la iniciativa y capacidad económica de las personas, al igual que Thomas Robert Malthus en el año 1798.

El pasado 13 de marzo murió Paul Ehrlich, el biólogo estadounidense y profesor de Stanford que tuvo un gran éxito equivocándose a propósito de la grave e inminente amenaza que representaba la sobrepoblación del planeta.

En 1968, Ehrlich publicó con su esposa Anne el libro The Population Bomb. Los augurios del apocalipsis suelen tener éxito, y el libro lo tuvo, con un célebre comienzo: "La batalla para alimentar a la humanidad ha terminado" y un terrible pronóstico: "En los años 1970 cientos de millones de personas morirán de hambre". La única solución ante la explosión demográfica era el control artificial de la natalidad.

Volvía el espectro maltusiano, solo que el reverendo Thomas Robert Malthus, que también tuvo un gran éxito augurando una catástrofe demográfica en 1798, no aprobaba el control artificial de los nacimientos sino lo que llamó "restricción moral", es decir, la demora en los matrimonios, como, por cierto, hizo él mismo, que se casó tarde, tuvo tres hijos y ningún nieto.

El mensaje alarmista de Malthus fue ampliamente compartido. De hecho, solo un economista destacado se atrevió a refutarlo. Fue su amigo Nassau William Senior, que observó que los seres humanos podían cambiar el número de hijos que tenían conforme evolucionaban su riqueza y educación, y que la hipótesis fundamental de Malthus, a saber, que la productividad de la agricultura no podía crecer como la de la industria, no era válida. Acertó en las dos observaciones.

Otro economista, Julian Simon, profesor de la Universidad de Maryland, se atrevió a desafiar a Ehrlich con una célebre apuesta. Argumentó que, si la población explotaba, entonces la presión sobre las materias primas haría aumentar sus precios. Le dijo a Ehrich en 1980 que eligiera cinco metales y Simon le apostó a que sus precios iban a caer en los siguientes diez años, porque no iba a haber ninguna calamidad demográfica, porque para Simon la gente no era un peligro sino un recurso, el recurso definitivo, como tituló su libro de 1984.

Ehrlich aceptó la apuesta y la perdió. Como apuntó Gale Pooley en un reciente documento del Institute of Economic Affairs, los cinco metales elegidos por el biólogo -cobre, cromo, níquel, estaño y tungsteno- "con precios ajustados a la inflación habían caído un 36 por ciento en 1990". Ehrlich pagó la apuesta, pero jamás aceptó que estaba equivocado.

Recordó sus declaraciones de 2004 Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital: "Algunas de mis predicciones no se han cumplido. Por ejemplo, las hambrunas han sido menores. Pero sigue siendo horrible, con cerca de 600 millones de personas hambrientas y miles de millones con problemas de malnutrición". Lo que no dijo fue que las cifras no habían hecho sino mejorar desde hacía décadas.

La apuesta que perdió Ehrlich era en realidad sobre la libertad humana y los mercados, en los que Simon creía, y pensaba que la gente, ese ultimate resource, se las ingeniaría para hacer frente a la escasez. Editorializó The Wall Street Journal: "Hoy las naciones como China que practicaron con gran entusiasmo el control de la población están muy preocupadas por la falta de nacimientos. La vida de Ehrlich es una lección sobre cómo hombres brillantes pueden caer cautivos de malas ideas que se convierten en modas intelectuales y causan un enorme daño. Pero al menos pagó la apuesta".

Según los cálculos de Pooley, no fue la suerte la que le dio la espalda a Ehrlich sino su desprecio a la iniciativa económica y tecnológica de las personas.

Marian L. Tupy, del Instituto Cato de Washingon, y coautor con Pooley del notable libro Superabundancia escribió en The Dispatch: "La mente maltusiana no percibe la capacidad humana para cooperar, intercambiar, descubrir, inventar y adaptarse. ¿Por qué se equivocó Malthus? En parte porque el pensamiento maltusiano, que Ehrlich comparte, reduce a los seres humanos a sus apetitos. Ve más bocas y estómagos, pero no más manos y mentes".

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Fuente original: Leer en Expansión
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