- DANIEL RODRÍGUEZ ASENSIO
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El año nuevo traerá un crecimiento global moderado impulsado por la inteligencia artificial y el sector de Defensa, y caracterizado por la estabilización de los tipos de interés en un entorno que se prevé de menores tensiones geopolíticas.
Finaliza 2025. Un año dominado por la palabra incertidumbre, en el que las economías más importantes del planeta han evolucionado mejor de lo previsto. Acaba, además, con unas mejores perspectivas de las inicialmente previstas en materia geopolítica: Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China se han estabilizado, los focos de inestabilidad geopolítica en Europa del Este y Oriente Medio ya están descontados y las perspectivas son positivas, y no se observan señales generalizadas de estrés financiero en los principales mercados.
Comienza 2026, por lo tanto, con una notable diferencia con respecto al año pasado: Se sustituye la palabra incertidumbre por estabilidad, y el foco de análisis estará puesto en 1) evolución de las grandes tecnológicas norteamericanas de la IA; 2) evolución de la inflación y su impacto en las decisiones de los bancos centrales; 3) cambios en la cúpula directiva de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo.
El escenario base para el año que entra es el siguiente: Crecimiento moderado, con una tasa de crecimiento global del 2,9% para 2026, 4 décimas menos que este año, la inteligencia artificial y el impulso del sector defensa serán las principales palancas de crecimiento, una inflación que superará, por norma general, el 2% objetivo de los bancos centrales aunque estará en entornos de moderación, y una menor influencia negativa de los shocks geopolíticos que venimos arrastrando en los últimos años (conflictos bélicos y guerra comercial entre Estados Unidos y China, fundamentalmente).
En cuanto a los tipos de interés, la evolución prevista para los distintos bancos centrales será divergente pero la tónica general será la estabilización en torno a los niveles actuales. Ni las tasas de crecimiento, ni los mercados ni los niveles de apalancamiento permiten unas subidas notables, pero la inflación tampoco permite dibujar un escenario claro de reducciones de tipos de interés.
El foco de los mercados, por lo tanto, continuará puesto en la renta variable, donde las empresas de contenido tecnológico seguirán teniendo un peso relevante, y en activos con colaterales físicos tangibles, donde el oro continúa emergiendo como activo refugio por excelencia, las materias primas vuelven al tablero de los inversores y los modelos de negocio tradicionales que no estén apalancados también tendrán recorrido al alza.
Es previsible algún momento de elevada volatilidad en los mercados derivada de algún tipo de perturbación transitoria. Pero a cierre de este comentario nada hace prever un shock financiero de ningún tipo que provoque un cambio de tendencia.
No prevemos shocks negativos en las economías emergentes con mayor peso sobre la estabilidad financiera internacional, por lo que los riesgos más importantes vendrán derivados de: 1) inestabilidad política por el elevado endeudamiento de algunos de los Estados más importantes del mundo en un contexto de incremento del coste de financiación; 2) riesgos de mercado por el mayor peso de la financiación alternativa frente al sistema bancario tradicional; 3) resurgimiento de tensiones geopolíticas entre China y Estados Unidos.
En este contexto general, es importante analizar las regiones más importantes de la economía global para captar las diferencias y entender sus dinámicas más importantes.
El próximo gobernador de la FED es clave para Estados Unidos
La economía de Estados Unidos está inmersa en un proceso de desaceleración leve, aunque con tasas de crecimiento notablemente superiores a la Unión Europea. Las previsiones de la OCDE arrojan un crecimiento del 1,7% para el 2026, 3 décimas menos que este año. El principal impulso del sector privado viene por la inversión en centros de datos (IA), que en este 2025 ya está aportando 2,2 puntos porcentuales al crecimiento. A la hora de evaluar la evolución de la economía más importante del mundo, es importante tener en cuenta varios planos:
En primer lugar, por el lado de la demanda, vemos un impulso ligeramente superior al del año pasado. La tasa de crecimiento de las ventas minoristas oscila en torno al 3%-5% interanual, la confianza empresarial también está por encima de los niveles del año pasado, y la tasa de ahorro de los hogares se mantiene estable en torno al 4,7% de la renta disponible.
Por otro lado, el mercado de trabajo mantiene su fortaleza a pesar de los efectos del cierre gubernamental hasta hace unas semanas. Es cierto que la tasa de paro ha subido ligeramente hasta 4,6%. Pero también es cierto que este fenómeno se ha producido como consecuencia de la pérdida de 162.000 puestos de trabajo en el gobierno federal, que han sido compensados solamente parcialmente por el sector privado. La generación de empleo en el sector privado supera a las 750.000 personas en el acumulado hasta noviembre, lo cual supone un ligero descenso con respecto al mismo período de 2024 pero continúa siendo una buena cifra.
En cuanto a los indicadores adelantados, cabe señalar que la inversión extranjera ha anotado el mejor segundo trimestre de los últimos 10 años, el índice compuesto elaborado por S&P está por encima de los 50 puntos básicos, y el indicador adelantado de la OCDE también está por encima de los 100 puntos que supone la media histórica.
Hay dos elementos a monitorizar para Estados Unidos el año que viene. El primero es la evolución de las empresas tecnológicas cotizadas y la inflación. En el primer caso, por el efecto arrastre hacia la estabilidad financiera internacional y hacia la salud financiera de los hogares norteamericanos. En el segundo, porque la inflación es uno de los indicadores más importantes para determinar la política monetaria de la FED.
Actualmente la inflación está en el 3% en Estados Unidos, lo cual supone en torno a un punto por encima del objetivo que guía la política monetaria de la Fed. Es por todos sabidos que el presidente del Gobierno de Estados Unidos quiere una nueva política monetaria acomodaticia para impulsar definitivamente la economía norteamericana, pero dada la estabilidad macroeconómica y la imposibilidad de controlar la inflación al 2% es difícilmente justificable.
En 2026 se producirá un cambio en la presidencia de la FED y la nueva persona que ostente esa responsabilidad será clave en la evolución de la política monetaria del mundo. El dilema es claro: Impulsar la actividad económica vía tipos de interés a riesgo de un incremento de la inflación, o mantener herramientas de política monetaria listas para actuar si la situación financiera se complica a costa de una desaceleración de la economía norteamericana.
Lo que parece evidente es que la política comercial del Gobierno Federal de Estados Unidos ha entrado en un proceso de estabilización y, salvo algún episodio aislado y sin consecuencias sistémicas, no es previsible movimientos bruscos en los aranceles ni ningún otro instrumento.
Europa: Estancamiento secular. Inversión pública como único motor de crecimiento
La Unión Europea está inmersa en un estancamiento secular del que, por el momento, no se conoce salida. Las previsiones de crecimiento para el año que viene son de un exiguo 1,7% según la OCDE. Alemania y Francia crecerán en torno al 1%, e Italia lo hará un 0,7%, según la OCDE.
Estas cifras son especialmente preocupantes si tenemos en cuenta que se producen en el contexto de la mayor inversión pública de la historia de la UE y con tipos de interés en el entorno del 2%, es decir, con políticas altamente acomodaticias.
Lo que debemos esperar para el año que viene continúa por el mismo camino. La leve mejora de Alemania vendrá impulsada por el plan de impulso al sector defensa que se acordó en el seno de la OTAN.
Esto, junto con los planes de estímulo fiscal que ha ido aprobando, por ejemplo, el Gobierno de Alemania a lo largo de 2025, conllevarán inversiones de 120.000 millones de euros en 2026 destinadas a transporte, energía, digitalización y edificaciones públicas, además del citado gasto en defensa. Y serán los responsables fundamentales de la ligera mejoría económica de este país para el año que viene.
Al contrario de lo que ocurre con Estados Unidos, en la Unión Europea no se prevé un impulso económico relevante como consecuencia de la apuesta por los centros de datos ni la inteligencia artificial. Los indicadores tanto de evolución de la oferta como de la demanda permanecen en niveles estables en niveles de crecimiento reducidos. Los indicadores adelantados, como es el caso de la confianza empresarial, llevan registrando cifras negativas desde el año 2023 y en niveles de 2020, en plena pandemia.
Para 2026 debemos seguir muy de cerca la sostenibilidad de las finanzas públicas en los países de la Unión Europea. En un contexto de incremento de la rentabilidad exigida a los bonos, y con los límites al déficit impuestos desde la UE a los países miembros ya en marcha, podríamos ver situaciones de inestabilidad política o movimientos de carácter social que dificulten la implementación de reformas. Ya en 2025 hemos seguido de cerca lo ocurrido en Francia y pensamos que, aunque no a la misma escala, podríamos ver situaciones de tensión en otras economías altamente endeudadas como es el caso de Italia, cuyo endeudamiento está en torno al 140% del PIB. En principio no hay elecciones previstas para ninguna de las grandes economías de la zona Euro.
En cuanto a la inflación, la debilidad económica en la Eurozona está provocando una tensión en los niveles de precios ligeramente inferior a la observada en Estados Unidos. La inflación está en el 2,5%, y los indicadores que inciden sobre ella (inflación del sector manufacturero, precios energéticos, etcétera) permanecen estables, por lo que no tenemos motivo para pensar en un repunte relevante de los precios. En cuanto al tipo de cambio, el Euro se ha apreciado notablemente contra el dólar en 2025 y, dada la mejor evolución relativa de Estados Unidos con respecto a Europa, lo previsible es que se mantenga en niveles similares a los actuales. No vemos tampoco presiones inflacionistas por la vía del tipo de cambio.
La inflación subyacente, por su parte, está evolucionando ligeramente peor que la general, aunque pensamos que no con la fuerza suficiente como para que el BCE baje los tipos. Nuestro escenario base para 2026 es el mantenimiento de tipos de interés en la zona Euro, e incluso algún ligero incremento conforme avance el año si la evolución económica es mejor de la inicialmente prevista.
América Latina y Caribe: 'Commodities' como viento de cola en un entorno de desequilibrios estructurales
Las economías de América Latina y Caribe tampoco son ajenas a los grandes movimientos mundiales que hemos venido recogiendo anteriormente. Las perspectivas de crecimiento económico según CEPAL para 2026 son del 2,3%, lo cual supone 1 décima menos que en 2025. O, dicho de otra manera: estabilidad aunque en niveles de crecimiento muy bajos para el caso de economías emergentes.
Los desequilibrios estructurales que arrastran estos países, por lo general, permanecerán en 2026. Si bien es cierto que, por lo general, los déficit públicos entra en un contexto de ligero descenso, seguimos hablando de niveles del 3% (como es el caso de Brasil, México o Perú) hasta el 6% de Colombia. Esto, junto con un endeudamiento elevado, divisas débiles y una ausencia de prestamistas de última instancia relevantes a nivel internacional hacen que estas economías sean las más vulnerables ante cualquier shock de carácter financiero y actúen de early warning ante un deterioro de la situación.
En cualquier caso, en un contexto de estabilidad o bajada de tipos de interés en Estados Unidos, las perspectivas financieras son positivas para la mayoría de países latinoamericanos. Igualmente, una apuesta por las materias primas será un viento de cola que podría provocar suponer un escenario optimista para el año que viene.
En el lado contrario, debemos tener en cuenta el efecto que la política comercial de Estados Unidos va a seguir ejerciendo sobre el sector exterior de la mayor parte de las economías latinoamericanas (especialmente México). Si bien es cierto que la demanda interna podría verse beneficiada por una estabilización de la inflación (salvo en Venezuela) y por un contexto internacional favorable, la baja competitividad y una reducida exposición a inversiones internacionales hacen que las perspectivas continúen siendo débiles para la mayor parte de economías.
Al igual que ocurre con las economías desarrolladas, prevemos para 2026 un crecimiento estable pero débil aunque las perspectivas son ligeramente al alza.
China y economías asiáticas: La otra cara de la moneda
Las economías asiáticas, especialmente China, han resistido mejor de lo previsto a la situación e incertidumbre que hemos vivido en 2025. Cabe destacar dos situaciones muy distintas entre sí como relevantes desde el punto de vista de la estabilidad económico-financiera internacional.
La primera es China. Una economía altamente intervenida desde el sector público, cuyos niveles de crecimiento son los más elevados dentro de los países más relevantes del mundo, pero inferiores a los previstos por parte de su gobierno. Esto, junto con una inflación muy baja (0,7% en noviembre) provoca una política monetaria expansiva por parte del Banco Central de China, siendo el único que prevemos que continúe incrementando el tamaño de su balance y reduciendo los tipos de interés.
Desde el punto de vista de la demanda interna es previsible que la debilidad continúe en 2025, e incluso se vea acentuada por la estabilidad geopolítica internacional. Debemos recordar que China fue el país más beneficiado por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Esto, sin embargo, no impide una mejor evolución de su sector exterior como consecuencia de la normalización de sus relaciones comerciales con Estados Unidos junto con el impulso al comercio con países más cercanos.
La clave para China en 2026 será su posición en torno a la inteligencia artificial y a materiales clave, como los semiconductores. Esta es, sin duda, una batalla geopolítica relevante que podría suponer riesgos económicos a la baja en el corto plazo.
Y el segundo país que debemos seguir en 2026 en Japón, y más concretamente su situación financiera. Debemos recordar que Japón es una de las economías más endeudadas del planeta, y que la nueva Primera Ministra ha presentado un plan de expansión fiscal ambicioso, con un paquete de gasto público relevante. Esto está añadiendo presión a sus finanzas públicas, llevándolas incluso a situaciones de tensión financiera en las subastas a muy largo plazo.
No debemos prever un cambio en la política monetaria del Banco Central de Japón, por lo que suceda en los mercados financieros de este país puede ser la antesala de lo que podríamos ver en otras economías desarrolladas y altamente endeudadas en el medio y largo plazo.
Por Daniel Rodríguez Asensio, economista y consultor estratégico
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