La combinación entre la novedad y la repetición es básica en la narrativa serial. Uno lee un cómic de Astérix con ganas de descubrir una aventura hasta entonces desconocida pero, al mismo tiempo, con la satisfacción que provoca saber que en algún momento, ... pase lo que pase, se va a volver a encontrar con Obélix atizando a un romano, con el herrero y el pescadero enfrascados en una pelea o con el bardo deseando infructuosamente sumarse a la fiesta final.
Algo así sucede con las novelas del griego Petros Márkaris, uno de los máximos exponentes del género negro europeo en la actualidad. Después de diecisiete entregas, las historias protagonizadas por el policía Kostas Jaritos ya disponen de un universo propio, claramente reconocible, en el que, más allá de la reiteración de los mismos personajes o espacios, son habituales las quejas por el infernal tráfico de Atenas, las comidas que prepara su esposa -con especial atención a los tomates rellenos, el plato con el que se reconcilian tras las discusiones- o las consultas al diccionario cuando necesita concentrarse para reflexionar sobre el caso en el que está trabajando.
Traducción Ersi Marina Samará Spiliotopulu
El andamiaje argumental de todas las novelas es muy similar y se inicia con un misterio criminal que Jaritos ha de resolver. El desarrollo de las pesquisas ocupa la acción principal gracias al uso de una estructura tripartita en la que hay lugar para lo profesional, a través de la investigación que lleva a cabo con sus colaboradores siguiendo los procedimientos habituales de la actividad policial; lo personal, a través del reflejo de sus asuntos domésticos, encarnados en una relación con familiares y amigos marcada por el hedonismo; y lo social, a través de la proyección de una mirada crítica e irónica sobre la realidad contemporánea.
Un paseo con Petros Márkaris: «Mi barrio me inspira»
Convertido en cronista de la sociedad griega desde los tiempos más duros de la crisis económica, Márkaris pone énfasis en 'El fraude es el futuro' en asuntos como el uso de la inteligencia artificial, la dependencia económica del sector turístico o el expolio del patrimonio cultural.
Ese cuestionamiento supone uno de los valores de la novela, que transmite una visión lúcida y comprometida, aunque a veces excesivamente tópica, sobre Grecia, un país del que no llega a España demasiada literatura contemporánea.
El otro gran atractivo de la obra reside en su estilo, ágil y fresco, así como en la amenidad que transmite su lectura. Márkaris es un escritor muy solvente y maneja bien tanto el diálogo como el ritmo de la narración, lo que hace que sus novelas siempre sean entretenidas pese a transmitir cierta sensación de rutina. Es cierto que hay un ligero 'déjà vu', y que uno tiene la impresión de estar ante algo muy parecido a lo que ya ha leído anteriormente, pero también lo es que el mundo narrativo que se presenta es tan agradable y está tan bien construido que, al igual que sucede con el poblado galo de Astérix, a uno no le importaría quedarse a vivir en él.
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