- RUCHIR SHARMA
Las fuertes fluctuaciones de los precios de las acciones en Corea del Sur están perjudicando la imagen del país.
El mercado bursátil con mejor rendimiento del mundo este año es el de Corea del Sur, aunque no nos enteraríamos por los titulares, ya que sólo hablan de sus bruscas fluctuaciones de precios y de sus fanáticos inversores locales. Los bandazos del mercado de valores se han convertido en un problema para el país.
El mercado coreano ha sido excepcionalmente inestable durante décadas, en parte porque los pequeños inversores representan una gran proporción de las operaciones diarias. Ahora, los altibajos de un mercado impulsado por empresas de inteligencia artificial lo hacen aún más volátil. La volatilidad del mercado coreano supera el 60 % este año, con un pico cercano al 100 % durante el verano. Nunca antes se había registrado una volatilidad de tal magnitud en ningún país importante en tiempos de bonanza, y rara vez incluso en situaciones de crisis extrema.
El mercado de Corea del Sur se caracteriza por inversores cada vez más difíciles de controlar y por un número creciente de marcas globales consolidadas. Los coreanos fabrican gran parte de lo que el mundo más demanda: desde sistemas de defensa hasta productos de belleza y los contenidos de moda de los K-dramas y el K-pop, pasando por los chips de memoria tan necesarios en los centros de datos de inteligencia artificial. Su mercado podría ofrecer excelentes oportunidades para invertir en empresas de alta calidad si no estuviera sacudido por oscilaciones de precios tan drásticas.
Las acciones surcoreanas siguen cotizando con un fuerte descuento respecto al resto del mundo. Durante mucho tiempo, esto se atribuyó a la naturaleza cíclica de sus industrias líderes, así como a la débil gobernanza corporativa de sus grandes conglomerados, conocidos como *chaebols*. Las reformas recientes han intentado corregir estas deficiencias adoptando medidas para limitar el poder de voto de las familias propietarias, hacer que los consejeros rindan cuentas a los accionistas en lugar de a la propia empresa y ofrecer mayor protección a los accionistas minoritarios.
Sin embargo, el "descuento coreano" persiste, ya que las fluctuaciones extremas de precios siguen ahuyentando a los inversores serios. El gobierno es parte tanto de la solución como del problema. Junto a las reformas para impulsar el mercado, las autoridades han fomentado la especulación de formas que resultan quizás especialmente sorprendentes para un líder de izquierdas como el presidente Lee Jae-myung. Durante su campaña de 2025, Lee siguió los pasos de varios presidentes recientes al prometer eliminar el "descuento de Corea" y fijar un objetivo ambicioso para el índice de referencia Kospi: duplicar su valor en sus primeros cinco años de mandato. Esto impulsó un repunte tan potente que el índice superó con creces su meta de "Kospi 5000" en cuestión de meses.
La administración de Lee también abrió las puertas a los inversores dispuestos a asumir riesgos, permitiendo a los particulares comprar ETF apalancados que incluían acciones individuales como SK Hynix y Samsung, los gigantes de los semiconductores que impulsan el mercado —y su volatilidad—. Lee envió además una clara señal de compra al público al vender su propio apartamento con la intención de reinvertir las ganancias en ETF. Cuando el mercado sufrió un desplome este verano, la caída se vio agravada por el desmantelamiento de esas apuestas minoristas fuertemente apalancadas.
Incluso tras su caída del 35%, el mercado surcoreano seguía situándose casi tres veces por encima de los niveles anteriores al repunte de principios del año pasado, aunque con unos precios que oscilaban de forma desmesurada. En los últimos 12 meses, la volatilidad en Corea alcanzó un nivel que solo se ha superado en cuatro ocasiones desde que comenzaron los registros en la década de 1980; dichos episodios afectaron a mercados emergentes —Nigeria, Turquía, Brasil y Grecia— durante años marcados por crisis financieras. Este espectacular ascenso se vio impulsado por un incremento asombroso del 300% en el crecimiento de los beneficios empresariales durante el último año —liderado por las ganancias de las empresas de chips de memoria—, compensando así décadas de rentabilidades exiguas de un solo dígito. La riqueza bursátil de los coreanos se disparó de 1,5 a 5 billones de dólares, acumulando en 18 meses más ganancias que en toda una vida.
Su entusiasmo por la inversión y la especulación se manifiesta con igual intensidad en los mercados mundiales. En Seúl, las criptomonedas suelen cotizar con la llamada "prima kimchi", debido a la fuerte demanda local. Cuando los precios de las criptomonedas se dispararon en 2024, el volumen de operaciones en wones coreanos superó al registrado en dólares estadounidenses. Con el boom de la inteligencia artificial, los coreanos invirtieron miles de millones no solo en su mercado nacional, sino también en Estados Unidos, donde constituyen el mayor grupo de inversores minoristas extranjeros.
Tras la corrección estival, el gobierno de Lee adoptó medidas para frenar la especulación bursátil, un fenómeno vinculado a una cultura del juego y con raíces sociales difíciles de erradicar. La legislación prohíbe a los coreanos participar en la mayoría de las formas de juego, tanto dentro como fuera del país, y el acceso a 17 de los 18 casinos nacionales está vetado para los residentes locales. No obstante, es sabido que gastan miles de millones de dólares al año en casinos online y en establecimientos de toda Asia. Aunque el gobierno ha reducido los premios de la lotería a mínimos históricos, las ventas siguen alcanzando nuevas cotas.
Un estudio reciente realizado por académicos de la Universidad de Hanyang relacionó la marcada preferencia de Corea del Sur por las acciones de alto riesgo con las tasas de ludopatía y suicidio del país, que figuran entre las más elevadas del mundo. Esta cultura de inversión orientada a la búsqueda de grandes premios desvía capital de inversiones más productivas, incluidas las numerosas empresas sólidas del país. Esas empresas también atraerían más capital extranjero si los inversores internacionales no desconfiaran tanto de la volatilidad del mercado.
Lo que sucede en el sexto mercado más grande del mundo tiene repercusiones que trascienden sus fronteras. Dado que aproximadamente el 75 % de los beneficios empresariales se generan en el extranjero, el Kospi ha sido durante mucho tiempo un indicador adelantado de las tendencias alcistas y bajistas a escala mundial. Sin embargo, su comportamiento cada vez más errático está perjudicando la imagen de Corea.
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