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Por qué es mala idea echarle la bronca al hijo de otro: guía para resolver los conflictos... sin agrandarlos

Por qué es mala idea echarle la bronca al hijo de otro: guía para resolver los conflictos... sin agrandarlos
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Un colegio vizcaíno ha mandado una carta a la comunidad y los expertos coinciden en que cuando los adultos nos metemos el asunto «se magnifica»

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Vivir | Padres e hijos Por qué es mala idea echarle la bronca al hijo de otro: guía para resolver los conflictos... sin agrandarlos

Un colegio vizcaíno ha mandado una carta a la comunidad y los expertos coinciden en que cuando los adultos nos metemos el asunto «se magnifica»

Yolanda Veiga

Sábado, 14 de marzo 2026, 19:04

... conflictos entre los chavales debían tratarse en el centro y pidiendo a los padres y madres que se abstuvieran de ir donde el menor que había tenido un conflicto con su hijo o hija a reprenderle.

Coincide Silvia Álava, también psicóloga experta en infancia. «Cuando algo sucede con nuestro hijo es como si nos surgiera una necesidad de intervenir, pero no suele ser lo más eficaz. La figura de referencia de los niños son sus padres o los profesores, pero si, de repente, un adulto ajeno les afea la conducta, lo más probable es que reaccionen a la defensiva, con vergüenza y con rechazo. Además, lo más probable es que vayan a contárselo a sus padres y ahí ya se generará un conflicto entre adultos que será más difícil de resolver. Porque al día siguiente, e incluso al cabo de un rato, los chavales es probable que vuelvan a jugar juntos, pero a los padres les va a costar retomar la relación».

«No habrá sido para tanto»

Por eso, Antonio Labanda insiste en que los conflictos entre escolares «deben abordarse en el colegio». El problema, advierte, es que le hemos perdido la autoridad al profesor. Los niños... y sus padres. «Es bastante habitual que cuando se comunica a una familia un mal comportamiento de su hijo, intervengan de malos modos. O se ponen a la defensiva –'no habrá sido para tanto'– o se indignan – 'es que este colegio, es que esta tutora'...–, lo que quita autoridad a los profesores». En ese sentido, dice, no ha habido el avance que se esperaba cuando se abandonó el modelo del profesor de antaño. «Antes regañaban al niño y los padres asumían, automáticamente, que su hijo había hecho algo malo. Ahora no. Ahora las familias van directamente a quejarse a la dirección, que eso es como si tienes un problema con Hacienda y pides hablar con el ministro».

No solo la primera reacción suele ser el cuestionamiento (hacia el colegio), sino que «en los corrillos de las familias esos cuestionamientos se amplifican y los conflictos «se magnifican»: «'Es que el otro niño es un demonio', 'es que el profe ese le tiene manía a mi hijo'...». Sucede cuando hay conflicto e incluso cuando no. «Recuerdo el caso de un chaval que se dio un golpe con una valla en la cabeza. El profesor le atendió, vio que no era un golpe importante, le dio un vaso de agua y le observó toda la tarde sin que el chaval se quejara. Cuando la madre se enteró del golpe se enfadó muchísimo con el centro. ¿Y en qué se tradujo? En que poco después ese mismo chaval se dio un pequeño golpe en el hombro jugando y el centro decidió llevarle –sin necesidad– al hospital solo para evitar una nueva bronca con la familia».

Habilidades sociales

Advierten ambos expertos de que en los asuntos de cierta entidad se necesita mediación –normalmente del colegio, «aunque si es grave está la Fiscalía de Menores»–, pero si se trata de conflictos cotidianos, deberían ser los propios niños los que debieran tratar de resolverlo. «En el desarrollo de las habilidades sociales de los menores está también la gestión de los conflictos», recuerda Silvia Álava.

Matiza Antonio Labanda: «Cuando los niños tienen edades parecidas deben intentar arreglarlo entre ellos. Si uno le da un balonazo, no es bueno que la madre vaya a echarle la bronca al otro. Deberá ser el niño el que le diga: 'Estoy enfadado porque me has dado con el balón'. Solo en el caso de que se trate de una situación descompensada, en la que unos niños mayores abusen de otros pequeños, por ejemplo, debemos intervenir». Y hacerlo siempre de modo asertivo pero sin agresividad: «Debería ser algo así: 'Estáis jugando con un balón que hace daño, pero hay niños pequeños en el parque. Tened cuidado'».

De las broncas en el Congreso al listo que se cuela en tu carril

«Vivimos en un nivel continuo de cabreo y ansiedad». Lo comenta el psicólogo Antonio Labanda a propósito de los conflictos con niños de por medio... y sin ellos. «Ante cualquier situación conflictiva hacemos lo primero que se nos viene a la cabeza. Todo es bronca, empezando por lo que vemos en el Congreso de los diputados. Uno insulta, el otro responde de la misma forma. Y todo eso cala. Vamos en el coche y se nos cuela una furgoneta. Sí, ha sido un listo. Pero es que hay gente que para en medio de la carretera y baja a golpear el capó del otro coche. Lo hacen personas adultas. ¿Qué buscan con eso?».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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