La agencia ya enfrentó problemas por una mala gestión de salud: hace unas semanas tuvo que abortar por primera vez una misión espacial en la Estación Espacial Internacional (EEI) por una emergencia médica. Aunque no reveló el padecimiento, confirmó que la estación no contaba con los instrumentos necesarios para tratarlo.
La cuarentena nació por precaución lunar
Antes del primer alunizaje, los científicos no podían asegurar que la superficie lunar fuera estéril. Aunque todo apuntaba a que no albergaba vida microscópica, existía la posibilidad de que la tripulación encontrara un patógeno para el que su sistema inmunitario no estuviera preparado. También temían que algún microbio se adhiriera a los trajes o a la nave, regresara a la Tierra y provocara una epidemia.
Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowCuando la tripulación de Neil Armstrong volvió del Apolo 11, la NASA la trasladó de inmediato a una unidad de cuarentena, donde permaneció 21 días. El personal médico vigiló de cerca cualquier síntoma anómalo. La agencia mantuvo esta cuarentena post‑lunar como un protocolo hasta el Apolo 14, cuando reunió suficiente evidencia para descartar riesgos biológicos.
El futuro de Artemis apunta a explorar los cráteres del polo sur lunar, regiones donde nunca llega la luz del Sol y donde podría existir hielo de agua utilizable. Estudios recientes sugieren invertir la lógica de protección: ahora debemos proteger a la Luna de los microbios terrestres.
En estas zonas, que funcionan como un congelador natural, los microorganismos de la Tierra podrían sobrevivir durante décadas. Por supuesto no crecerían ni formarían colonias, pero sí contaminarían lugares que conservan información del origen de la Luna y de los primeros días del sistema solar. Incluso esta contaminación podría confundirse con señales de vida extraterrestre.