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Para ser un gran deportista hay que ser un gran líder. Pocos atletas han pasado a los anales de la historia sin esta cualidad que puede emplearse tanto en equipo como en solitario, ya que también es indispensable para poder gobernar al compañero más indómito: uno mismo. Aunque practiquen distintas disciplinas, nombres ilustres de la talla de Nadia Comaneci, Rafael Nadal o François Pienaar comparten este denominador común que también es indispensable para triunfar en el mundo ejecutivo. Y para ir todas las semanas al gimnasio y estar en forma, que seguro que está en mayúsculas en la lista de propósitos para este año de muchos directivos.
En su último libro, Enrique Arnaldo Alcubilla (Madrid, 1957), magistrado del Tribunal Constitucional, profundiza en cómo la literatura ha retratado a los grandes atletas y cómo son reflejo de la condición humana. En Literatura y deporte(Espasa), el jurista español cuelga la toga para adentrarse en las entrañas del entretenimiento por excelencia y también discernir qué tienen en común los primeros atletas de la Antigua Grecia y personalidades contemporáneas como Lionel Messi. "Lo primordial para ser un gran deportista es la disciplina. Cuando hablamos de los grandes nombres de nuestra historia, hallamos a personas que entrenan constantemente. Para llegar a una marca legendaria hay que tener una altísima ambición, es innegociable", explica Arnaldo. Aptitud que va alienada con la necesidad de ganar: "No solo basta con querer triunfar, sino estar preparado mentalmente para hacerlo. Un deportista de élite no puede tener dudas ni ser débil. Si lo trasladamos al mundo empresarial, un directivo no puede tener dudas de llevar a su empresa a lo más alto. De lo contrario, no sería válido para su puesto de trabajo", apostilla.
No obstante, no todo el monte es orégano y los deportistas de primera sufren lesiones -véase los problemas crónicos en ambas rodillas de Nadal- e incluso deben renunciar a ver a su familia durante un tiempo. "En este aspecto -completamente extrapolable a la vida de un alto ejecutivo- el atleta debe aspirar a la conciliación como si fuese otro título o trofeo. Hay que tener la vida personal resuelta para poder ser un gran héroe en el mundo del deporte o en cualquier ámbito de la vida", comenta el magistrado. El también escritor señala como ejemplo al tenista estadounidense Andre Agassi: "El deportista siempre culpó a su padre por obligarle a pelotear con dureza cuando era pequeño. Sin embargo, la disciplina le ayudó a convertirse en un gran campeón. En el deporte no hay éxito sin sacrificio", concreta.
Al igual que los directivos, hay deportistas que también tienen un gran poder de influencia dentro y fuera de las pistas. El autor de Literatura y deporte cita en este espectro a Luis Aragonés que, además de ser un gran futbolista en el Atlético de Madrid, fue el artífice de la edad dorada del fútbol español. "Hay deportistas que tienen un gran poder social como Luis Aragonés, su carisma traspasa lo meramente deportivo. Otro ejemplo claro fueron los Springboks de Sudáfrica. En especial su capitán François Pienaar, que mostró una capacidad de liderazgo innata al movilizar y unir a una nación dividida por el Apartheid bajo la guía de Nelson Mandela. No solo ganaron un campeonato mundial de rugby, hicieron historia", relata Arnaldo.
Los nuevos referentes
El título del jurista también deja otra reflexión interesante sobre el papel actual que juegan los deportistas en nuestra sociedad. "Históricamente vinculamos el liderazgo a la política o a las artes, pero la sociedad contemporánea no conoce otros líderes que los deportivos. El deporte es el único elemento compartido entre todos; el mundo empresarial fomenta la actividad física precisamente porque el deporte enseña y es indiferente a las clases sociales o niveles económicos. Es un elemento que iguala", opina el autor. Pero, ¿merecen los deportistas el mismo rédito que los grandes líderes? "El deporte del siglo XXI ha asumido en Europa el modelo de negocio norteamericano, un modelo de espectáculo deportivo donde los jugadores no solo están bien pagados, sino mimados por la sociedad. Nadie se atreve a criticar de la misma forma a un atleta como a los políticos; son casi inmunes a la crítica social porque el deporte es inatacable".
Entre el listado de virtudes y atletas que el autor hace en su obra, destaca también la gestión del oro. "Un buen líder no considera el éxito como algo puramente propio, sino como un logro compartido con su equipo, manteniendo la cercanía y la humildad a pesar de los triunfos", afirma Arnaldo. Asimismo, señala a sus deportistas favoritos, los cuáles contemplan todas las cualidades anteriormente mencionadas: "Ana María Martínez Sagi fue una atleta adelantada a su tiempo. Por otro lado, Emil Zátopek, corredor checo de fondo, destacó por ser el único en la historia en ganar los 5.000 metros, los 10.000 metros y el maratón en unos mismos Juegos Olímpicos. Todos ellos, desde la Grecia clásica, coinciden en que nunca creyeron en haber llegado a la cima. Siempre impera en su trayectoria un sentimiento de humildad y continuo aprendizaje", concluye Arnaldo, señalando que, como ellos, los directivos no deben estar satisfechos. "Hay que aspirar a ser mejor profesional y persona. Sea en el deporte o en una gran compañía".
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