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Política

Que los que matan se mueran de miedo

Que los que matan se mueran de miedo
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Maduro ha caído. Falta su dictadura y red de complicidades. Chávez alcanzó el poder en 1999. Al cabo de un año, Venezuela era una dictadura. La Asamblea Constituyente expulsó a los funcionarios de carrera, disolvió las instituciones y eliminó las subvenciones a los partidos... de la oposición; pues el suyo y sus élites se financiaron primero con las leyes orgánicas de Poder Popular, la de Contraloría [que ponía a disposición del chavismo todos los recursos y bienes públicos] y de las Comunas. El nuevo texto proclamó la República Bolivariana y creó el poder electoral -que procedió al control de los comicios-. El chavismo expolió el país y después se afianzo como narcogobierno.

Ese año, las inundaciones de Vargas permitieron a Chávez -que rechazó la ayuda estadounidense- concentrar poderes extraordinarios, a los que ya no renunciaría. Se concretaron con las leyes habilitantes de 1999, 2000, 2007 y 2010. En 2005, Chávez se hizo con el control absoluto de la Corte Suprema y reformó el Código Penal ampliando el delito de desacato. Antes, sendas leyes de telecomunicaciones y medios anularon la libertad de prensa. La periodista y propietaria de The Objective, Paula Quinteros, explica que las dictaduras más tenebrosas prohíben casi toda la prensa crítica y permiten un medio testimonial, amordazado: imponen el terror. En 2011, una torticera Ley de Partidos y otra de Precios Justos subyugaron a la sociedad civil.

En 2013, Maduro asumió el poder. Usó también leyes habilitantes, con mayor descaro y grosería. A los pocos meses de instalarse en Miraflores, en noviembre, aprobó la primera. Asumió poderes especiales para evitar la fuga de divisas, defender la moneda y la soberanía alimentaria... y luchar contra la corrupción. El tosco y conchudo sucesor abrochó y encapsuló la cleptocracia. El resto fue represión, torturas, saqueo e impunidad. En 2010, con la Ley de Defensa de la Soberanía Política y Autodeterminación Nacional, el chavismo expulsó a las ONG y asociaciones proderechos humanos.

El último y más grotesco fraude electoral, en julio de 2024, supuso el corolario: 2.000 detenidos, incluidos 198 menores -el terror absoluto-, según la Corte Penal Internacional para demostrar que el narco jamás permitiría la alternancia. En septiembre, nuestro corresponsal Daniel Lozano escribió una pieza estremecedora: "Las pruebas documentadas [por la ONU] incluyen torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes: descargas eléctricas en diferentes partes del cuerpo, genitales incluidos; asfixias con bolsas plásticas; celdas de castigo de un metro cuadrado; extracción de uñas y sesiones de golpes con bates de béisbol y objetos metálicos repartidos por el cuerpo mientras el preso político permanece suspendido y atado por las muñecas, hasta forzar la luxación de sus hombros (...) Niñas adolescentes fueron víctimas de continuos actos de violencia sexual a cambio incluso de productos de limpieza para mantener una mínima salubridad".

Este somero repaso de la dícese progresiva mutación es necesario por tres razones. Primera, porque la narcodictadura no hubiese caído sin la determinación, coraje, firmeza, valentía y convicciones de María Corina Machado. Ella mostró que hay una alternativa al latrocinio y se sobrepuso a 25 años de despotismo. No podía hacerlo sola, pero no podía ni puede hacerse sin ella. Además, Corina Machado desnuda a nuestro petit Sánchez -sus zigzagueantes y despreciables silencios y evasivas- y a su palafrenero Albares; ambos se mostraron reacios a reconocer su victoria y ensalzaron la labor de Zapatero en Caracas. El ultrarrico Zapatero y sus conexiones integran el sistema chavista. Es un satélite blanqueador del régimen. Condujo infamemente la claudicación de Edmundo González tras el fraude electoral.

La segunda razón que justifica este repaso es que Estados Unidos miró para otro lado durante mucho tiempo. Obama no dedicó ni una línea a Venezuela en su libro balance, Tierra Prometida. Su asesor, Ben Rodhes, en El mundo tal y como es, tampoco. Además, los sesgos politológicos incluyeron términos confusos -régimen híbrido, autoritarismo competitivo o populismo de izquierda- que camuflaron la realidad y presentaron la secuencia del expolio como un inopinado deslizamiento autocrático. Ni Chávez ni Maduro eran meros populistas. Sus métodos, sí; ellos eran capos que crearon y se apropiaron de un narcoestado.

La tercera razón atañe a España. En Venezuela nació Podemos. En la primera entrega del podcast de Onda Cero sobre su historia, una de sus fundadoras reprocha a Errejón que él no estaba en el origen de la formación, "estaba en Venezuela". En alguna ocasión, vaso de tubo en ristre, fanfarrón y tambaleante, Monedero contó algo de su cercanía con el Comandante y dijo lo de "las chiquitas que me ponen en el Hilton". Recientemente entrevistó a Maduro y celebró con él el cierre de campaña. Son los albañales de la izquierda, que prosperaron y crearon circuitos de financiación con lo usurpado por el régimen: su negocio del hambre.

Nada más llegar a La Moncloa, Zapatero firmó con Venezuela, con Bono en Defensa, un jugoso contrato de venta de equipamiento militar. Bono aupó a Morodo a la embajada en Caracas. Morodo cobró servicios ficticios prestados para el régimen. Así comenzó el negocio, que creímos circunscrito sólo al petróleo. En enero de 2020, aterrizó Delcy Rodríguez -ministra del Petróleo- en Barajas, con destacados ministros, incluido Sánchez, dispuestos a rendirle pleitesía. Traía las maletas cargadas de oprobio. El efecto mariposa permite conjeturar que la revuelta interna en el PSOE no es ajena a la incertidumbre provocada por la catarsis venezolana. "Que los que matan se mueran de miedo", entonó Sabina; sus cómplices, también.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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