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¿Quién puede suceder a Jamenei al frente de Irán?

¿Quién puede suceder a Jamenei al frente de Irán?
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El régimen de los ayatolás lleva meses trabajando en la sucesión de Alí Jamenei; y hay al menos tres candidatos para suceder al líder supremo tras su fallecimiento durante los bombardeos del sábado. Leer
ECONOMÍA¿Quién puede suceder a Jamenei al frente de Irán? 1 MAR. 2026 - 09:50El líder supremo iranía, Alí Jamenei, falleció el sábado durante los bombardeos.LEADER OFFICE HANDOUTEFE

El régimen de los ayatolás lleva meses trabajando en la sucesión de Alí Jamenei; y hay al menos tres candidatos para suceder al líder supremo tras su fallecimiento durante los bombardeos del sábado.

La muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, anunciada el sábado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y confirmada horas después por Teherán, plantea una de los mayores interrogantes políticos en Irán desde 1989. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, asegura que "todo está bajo control", ya que la República Islámica afronta una transición de poder prediseñada por el propio Jamenei en previsión de un escenario como este.

A sus 86 años, llevaba casi cuatro décadas al frente del régimen iraní, tras suceder en 1989 al fundador de la revolución islámica, Ruhollah Khomeini. Concentró un poder sin precedentes: comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, árbitro último de la política exterior, supervisor del programa nuclear y autoridad religiosa suprema. Para sus seguidores, un representante de Dios en la tierra; para sus críticos, el arquitecto de un sistema que reprimió sin concesiones cualquier disidencia, desde protestas estudiantiles hasta revueltas sociales.

Consciente de su edad y del contexto de guerra abierta con Israel y el aumento de la retórica intervencionista de EEUU, Jamenei había activado en los últimos meses un plan de sucesión. Durante el último conflicto con Israel, habría designado tres candidatos posibles para asumir rápidamente el liderazgo supremo, según altos funcionarios iraníes. En una lista ampliada, figura incluso su propio hijo.

El procedimiento formal establece que el líder supremo debe ser un clérigo chií de alto rango y es nombrado por la Asamblea de Expertos, un comité de religiosos con potestad para elegir y destituir al máximo dirigente. En la práctica, el equilibrio de poder entre el estamento clerical, la Guardia Revolucionaria y los sectores políticos conservadores será determinante, mientras que la Casa Blanca presiona para un cambio de régimen.

Los nombres que Jamenei habría señalado como favoritos son el jefe del poder judicial, Gholam-Hossein Mohseni-Eje'i; su jefe de gabinete, Ali Asghar Hejazi; y Hassan Khomeini, nieto del ayatolá Khomeini y figura vinculada al ala reformista moderada del sistema. Cada perfil representa una posible dirección estratégica distinta para el régimen.

Mohseni-Eje'i encarna la continuidad dura del aparato judicial y de seguridad, y es el favorito para evitar un colapso interno. Hejazi, hombre de máxima confianza del líder y puente con la estructura militar, simboliza la opción más orgánica del sistema. Hassan Khomeini, por su apellido y su perfil menos rígido, podría servir como figura de consenso en un momento de tensión interna, aunque su cercanía al reformismo despierta recelos en los sectores más radicales.

El nombre de Mojtaba Jamenei, hijo del líder supremo y figura influyente en la sombra, vuelve inevitablemente a escena. Algunas facciones lo respaldan, pero el propio Jamenei habría reiterado que no desea que el cargo adquiera carácter hereditario, consciente del coste simbólico que tendría para un régimen que nació proclamando la ruptura con la monarquía. Aun así, el nombre que más apoyo tiene entre el ejército.

Incertidumbre política

La incertidumbre se amplifica por el contexto militar. En un discurso televisado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró este fin de semana que los ataques habían destruido el complejo de Pasteur, el recinto que alberga la residencia y oficina del líder supremo, el palacio presidencial y el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Ese enclave concentra buena parte del poder político y estratégico del país.

Antes de los bombardeos, Jamenei delegó la gestión ordinaria del Estado en uno de sus aliados más veteranos, Ali Larijani, jefe del Consejo de Seguridad Nacional, desplazando de facto al presidente Masoud Pezeshkian. Además, habría autorizado a un reducido círculo de dirigentes políticos y militares a tomar decisiones en caso de que él muriera o quedara incomunicado, estableciendo varios niveles de sucesión en puestos clave designados personalmente.

Entre esas capas figuran, además de Hejazi, el presidente del Parlamento y excomandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Bagher Ghalibaf, y su principal asesor militar, el general Yahya Rahim Safavi. El Ejército israelí afirmó que Hejazi también habría muerto en los ataques, aunque la información no estaba plenamente verificada al cierre de esta edición.

Más allá de los nombres, la cuestión central es quién controla realmente el aparato coercitivo del Estado. La Guardia Revolucionaria, con un peso decisivo en la economía, la seguridad y la política exterior, será actor imprescindible en cualquier transición. El propio Araghchi admitía días antes que, en caso de guerra con Estados Unidos, "podemos haber perdido algunos líderes, pero eso no es un gran problema", subrayando la resiliencia institucional que el régimen asegura haber construido.

Sin embargo, la reacción social ofrece otra lectura. En algunos barrios de Teherán, opositores al líder supremo celebraron la noticia con vítores y fuegos artificiales, según varios testimonios. La división interna es evidente: mientras el núcleo duro del sistema promete represalias y continuidad, parte de la población percibe la posible desaparición de Jamenei como el fin de una era.

La Asamblea de Expertos deberá actuar con rapidez para evitar un vacío de poder. Del sucesor dependerán decisiones críticas: la continuidad del programa nuclear, la estrategia frente a Israel y Estados Unidos y la capacidad del régimen para gestionar los conflictos civiles internos.

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Fuente original: Leer en Expansión
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