Aunque las cifras son alarmantes por sí mismas, los autores advierten que la magnitud del problema podría ser mucho mayor debido a que un gran número de casos no se reporta.
Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, enfatiza que “estas experiencias provocan un profundo malestar emocional y angustia mental. Muchos niños y niñas sufren en silencio, sin saber a dónde acudir en busca de ayuda. No podemos mirar hacia otro lado”. La organización señala que más del 40% de los casos no se hacen del conocimiento de nadie, mientras que menos del 1% se comunica a las autoridades correspondientes, trabajadores sociales o líneas telefónicas de ayuda.
El riesgo entre redes sociales y videojuegos en línea
El reporte sugiere que las redes sociales y los juegos en línea facilitan la comisión de estos delitos. Precisa que, en términos generales, seis de cada diez abusos se originaron en plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp, mientras que 14% se produjo a través de videojuegos en línea.
No obstante, de manera específica, en ciertos mercados la problemática parece ser mayor. En Colombia, por ejemplo, más de la mitad de los incidentes se vincularon a estos servicios de interacción social, mientras que en Montenegro la incidencia superó el 80%.
El organismo internacional señala de manera tajante que “las características, las funciones y el diseño de dichas plataformas se utilizaron para aprovecharse de la confianza de los niños y niñas”, tanto por personas cercanas a las víctimas como por criminales desconocidos.
En este sentido, el informe cuestiona la idea generalizada de que el abuso en línea es cometido, en su mayoría, por individuos ajenos al círculo cercano de las víctimas. En el 57% de los casos identificados por UNICEF, las prácticas ilícitas involucraron a una persona conocida previamente por el adolescente, incluidos familiares, amigos, parejas sentimentales o compañeros de clase.
mensajería privada.Finalmente, la investigación subraya las consecuencias psicoemocionales que las experiencias de abuso facilitado por la tecnología dejan en las víctimas. Los adolescentes que estuvieron expuestos a estas prácticas tenían una probabilidad cuatro veces mayor de manifestar pensamientos o conductas suicidas y de autolesionarse, además de presentar niveles de ansiedad considerablemente más altos. En países como México, el riesgo de presentar estos trastornos y sentimientos puede ser hasta ocho veces mayor.
Del diseño responsivo de las plataformas digitales hasta la creación de leyes eficientes
UNICEF sostiene que sus hallazgos ponen de manifiesto la necesidad de que diversos actores de la sociedad colaboren para abordar de manera urgente la seguridad de las infancias en el entorno digital. “Todos, incluidos los gobiernos y las empresas tecnológicas, debemos esforzarnos más por proteger a la infancia en línea”, sostuvo Russell.
El informe enlista una serie de recomendaciones que, a su juicio, deben adoptarse y aplicarse de manera eficiente y a la brevedad para enfrentar la problemática. Además de garantizar el diseño seguro de las redes sociales y las plataformas de videojuegos en línea, la organización insta a reforzar el marco regulatorio y la rendición de cuentas en torno al uso abusivo de ciertas funciones, incluidas aquellas impulsadas por inteligencia artificial.
Agréganos a tus Fuentes Preferidas en Google para seguir nuestro contenidoArrowAsimismo, aconseja crear más y mejores sistemas de denuncia, así como mecanismos que eviten que la responsabilidad de protección recaiga únicamente en los jóvenes o sus tutores.
Las advertencias y hallazgos de UNICEF se difunden en un contexto en el que expertos, diversos gobiernos y las grandes empresas tecnológicas debaten los riesgos reales que suponen las plataformas digitales para el bienestar y la integridad de los usuarios más jóvenes.
Aunque la comunidad científica aún no encuentra un consenso concluyente sobre los impactos que espacios como las redes sociales tienen en el desarrollo cognitivo, social y emocional de los adolescentes, datos como los expuestos ahora reafirman que el uso indebido de las diversas herramientas que ofrece el entorno digital, aunado a la falta de regulaciones claras y eficaces que limiten estas prácticas, deja en un estado de vulnerabilidad a las infancias alrededor del mundo.