Desde los primeros meses de la invasión, la guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio de “tuneo” militar en tiempo real: camiones civiles blindados con puertas de acero, carros con jaulas improvisadas contra misiles antitanque, artillería protegida con troncos o rejas soldadas a toda prisa. Al igual que en otros conflictos largos, cuando la tecnología no llega o no es suficiente, los ejércitos recurren a la chapuza creativa. De ese ecosistema de soluciones feas, urgentes y desesperadas nace la historia del tanque más extraño de esta guerra… y también uno de los más desconcertantes para sus enemigos.
Extraño pero blindado. Lo hemos contado otras veces. En el campo de batalla ucraniano, Rusia ha llevado la improvisación hasta un extremo casi caricaturesco, desplegando tanques cubiertos de jaulas, púas, cables, varillas y capas metálicas que les han valido apodos como “tortuga”, “erizo”, “peludo” o, ahora, “diente de león”.
A primera vista parecen una broma o un síntoma de decadencia industrial, artefactos grotescos más cercanos a la chatarra que a la ingeniería militar moderna, pero su proliferación responde a una realidad brutal: los drones FPV de Ucrania han convertido el blindaje clásico en algo insuficiente, obligando a Rusia a añadir capas externas cuyo único objetivo es ganar centímetros, tiempo y confusión frente a ataques que antes resultaban letales.
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Origen y evolución. Estas pantallas protectoras, conocidas popularmente como “cope cages”, comenzaron a verse hace meses, cuando la proliferación de drones transformó la guerra terrestre. Inicialmente se instalaron solo en carros de combate y vehículos blindados, pero pronto se extendieron a una amplia gama de sistemas.
Sus diseños varían enormemente: algunas estructuras son burdas y pesadas, otras están mejor planificadas, incorporando jaulas metálicas, placas de acero, cadenas, pinchos, redes de camuflaje e incluso blindaje reactivo para reforzar las zonas más vulnerables. En el caso ruso, algunos tanques han llegado a ser recubiertos por completo, lo que les ha valido el apodo de “tanques tortuga” por su parecido con el caparazón de estos animales.
El principio simple que descoloca a los drones. La lógica detrás de estos diseños es tan rudimentaria como eficaz: si el dron explota antes de tocar el casco principal, la onda expansiva pierde gran parte de su capacidad destructiva. En ese sentido, el “último” modelo, el “tanque diente de león”, con varillas metálicas ramificadas y mallas tensadas, funciona como una barrera tridimensional que detona el FPV a distancia, mientras que ya hay versiones con cables, cadenas o púas que buscan el mismo efecto desde ángulos distintos. Incluso ha aparecido una suerte de tanque desbrozadora ruso.
Cada centímetro extra entre la carga explosiva y el blindaje aumenta las probabilidades de supervivencia, y en un frente saturado de drones baratos, esa ventaja mínima puede marcar la diferencia entre un vehículo inutilizado y uno que sigue combatiendo. De hecho, este sistema anti-FPV ruso ha migrado a sus UGV. En un vídeo visto en redes los rusos afirman que este UGV "Courier" sobrevivió al ataque de un FPV ucraniano y fue recuperado, aunque recordando que el peso adicional de los cables reducirá la capacidad de carga del vehículo.
De la burla inicial a la copa silenciosa. Sí, porque lo que comenzó como objeto de mofa entre los soldados ucranianos riéndose de las jaulas soldadas y perfiles absurdos, ha terminado en imitación.
Las propias fuerzas ucranianas han empezado a equipar algunos de sus vehículos con protecciones similares, y el concepto ha saltado incluso a ejércitos de la OTAN, con vehículos occidentales franceses probando soluciones inspiradas en estos “dientes de león”. El mensaje implícito es, ante todo, incómodo: puede que sea feo, tosco y poco elegante, pero en la guerra real está funcionando mejor que muchas soluciones sofisticadas que aún no han llegado al frente.
Costes ocultos y límites evidentes. Qué duda cabe, como tantos otros diseños extravagantes en la guerra de Ucrania, estas capas improvisadas no son una panacea. Añaden peso, elevan el perfil del vehículo, reducen la movilidad y no ofrecen protección real frente a artillería precisa o ataques desde abajo, una táctica cada vez más explotada por los drones ucranianos.
Además, y aquí también se repite el modus operandi de la guerra, cuanto más tiempo pasa, más aprenden los operadores de FPV a identificar huecos, adaptar trayectorias o usar nuevas técnicas para sortear estos escudos metálicos. Son defensas temporales, eficaces pero condenadas a perder terreno a medida que el adversario descifra cómo romperlas.
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Una carrera absurda que define la guerra moderna. Aun así, el hecho central permanece: Rusia ha creado tanques tan extraños que parecían una broma, y durante un tiempo han logrado algo impensable, dejar a los drones enemigos sin una respuesta clara.
En una guerra de desgaste, barata y experimental, donde cada día se buscan soluciones de emergencia, estas capas grotescas simbolizan mejor que cualquier doctrina el conflicto actual: una carrera constante de ensayo y error, en la que incluso lo más absurdo puede convertirse, aunque sea por un momento, en la mejor defensa disponible.
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Rusia tiene un tanque tan feo que parecía una broma. Y lo más sorprendente es que los drones de Ucrania no saben qué hacer
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Rusia tiene un tanque tan feo que parecía una broma. Y lo más sorprendente es que los drones de Ucrania no saben qué hacer
Serán feos, pero han dejado a los drones enemigos sin una respuesta clara
Desde los primeros meses de la invasión, la guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio de “tuneo” militar en tiempo real: camiones civiles blindados con puertas de acero, carros con jaulas improvisadas contra misiles antitanque, artillería protegida con troncos o rejas soldadas a toda prisa. Al igual que en otros conflictos largos, cuando la tecnología no llega o no es suficiente, los ejércitos recurren a la chapuza creativa. De ese ecosistema de soluciones feas, urgentes y desesperadas nace la historia del tanque más extraño de esta guerra… y también uno de los más desconcertantes para sus enemigos.
Extraño pero blindado. Lo hemos contado otras veces. En el campo de batalla ucraniano, Rusia ha llevado la improvisación hasta un extremo casi caricaturesco, desplegando tanques cubiertos de jaulas, púas, cables, varillas y capas metálicas que les han valido apodos como “tortuga”, “erizo”, “peludo” o, ahora, “diente de león”.
A primera vista parecen una broma o un síntoma de decadencia industrial, artefactos grotescos más cercanos a la chatarra que a la ingeniería militar moderna, pero su proliferación responde a una realidad brutal: los drones FPV de Ucrania han convertido el blindaje clásico en algo insuficiente, obligando a Rusia a añadir capas externas cuyo único objetivo es ganar centímetros, tiempo y confusión frente a ataques que antes resultaban letales.
Origen y evolución. Estas pantallas protectoras, conocidas popularmente como “cope cages”, comenzaron a verse hace meses, cuando la proliferación de drones transformó la guerra terrestre. Inicialmente se instalaron solo en carros de combate y vehículos blindados, pero pronto se extendieron a una amplia gama de sistemas.
Sus diseños varían enormemente: algunas estructuras son burdas y pesadas, otras están mejor planificadas, incorporando jaulas metálicas, placas de acero, cadenas, pinchos, redes de camuflaje e incluso blindaje reactivo para reforzar las zonas más vulnerables. En el caso ruso, algunos tanques han llegado a ser recubiertos por completo, lo que les ha valido el apodo de “tanques tortuga” por su parecido con el caparazón de estos animales.
El principio simple que descoloca a los drones. La lógica detrás de estos diseños es tan rudimentaria como eficaz: si el dron explota antes de tocar el casco principal, la onda expansiva pierde gran parte de su capacidad destructiva. En ese sentido, el “último” modelo, el “tanque diente de león”, con varillas metálicas ramificadas y mallas tensadas, funciona como una barrera tridimensional que detona el FPV a distancia, mientras que ya hay versiones con cables, cadenas o púas que buscan el mismo efecto desde ángulos distintos. Incluso ha aparecido una suerte de tanque desbrozadora ruso.
Cada centímetro extra entre la carga explosiva y el blindaje aumenta las probabilidades de supervivencia, y en un frente saturado de drones baratos, esa ventaja mínima puede marcar la diferencia entre un vehículo inutilizado y uno que sigue combatiendo. De hecho, este sistema anti-FPV ruso ha migrado a sus UGV. En un vídeo visto en redes los rusos afirman que este UGV "Courier" sobrevivió al ataque de un FPV ucraniano y fue recuperado, aunque recordando que el peso adicional de los cables reducirá la capacidad de carga del vehículo.
De la burla inicial a la copa silenciosa. Sí, porque lo que comenzó como objeto de mofa entre los soldados ucranianos riéndose de las jaulas soldadas y perfiles absurdos, ha terminado en imitación.
Las propias fuerzas ucranianas han empezado a equipar algunos de sus vehículos con protecciones similares, y el concepto ha saltado incluso a ejércitos de la OTAN, con vehículos occidentales franceses probando soluciones inspiradas en estos “dientes de león”. El mensaje implícito es, ante todo, incómodo: puede que sea feo, tosco y poco elegante, pero en la guerra real está funcionando mejor que muchas soluciones sofisticadas que aún no han llegado al frente.
Costes ocultos y límites evidentes. Qué duda cabe, como tantos otros diseños extravagantes en la guerra de Ucrania, estas capas improvisadas no son una panacea. Añaden peso, elevan el perfil del vehículo, reducen la movilidad y no ofrecen protección real frente a artillería precisa o ataques desde abajo, una táctica cada vez más explotada por los drones ucranianos.
Además, y aquí también se repite el modus operandi de la guerra, cuanto más tiempo pasa, más aprenden los operadores de FPV a identificar huecos, adaptar trayectorias o usar nuevas técnicas para sortear estos escudos metálicos. Son defensas temporales, eficaces pero condenadas a perder terreno a medida que el adversario descifra cómo romperlas.
Una carrera absurda que define la guerra moderna. Aun así, el hecho central permanece: Rusia ha creado tanques tan extraños que parecían una broma, y durante un tiempo han logrado algo impensable, dejar a los drones enemigos sin una respuesta clara.
En una guerra de desgaste, barata y experimental, donde cada día se buscan soluciones de emergencia, estas capas grotescas simbolizan mejor que cualquier doctrina el conflicto actual: una carrera constante de ensayo y error, en la que incluso lo más absurdo puede convertirse, aunque sea por un momento, en la mejor defensa disponible.