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Política

Sánchez "deslocaliza el mañana" del PSOE

Sánchez "deslocaliza el mañana" del PSOE
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Sánchez declaró el miércoles en el Congreso: «El PSOE no se ha financiado irregularmente. No lo ha hecho. Al contrario, si ha ocurrido algo de eso, es que han sido otros quienes se han aprovechado de sus recursos». ¡Mmmm! Suficientemente confuso como para que se entienda todo. En lo que concierne a la financiación ilegal del partido, Sánchez se halla en la fase de prementira. Establece las condiciones para la aceptación de una futura mentira.

La semana no fue a mejor: muchas más evidencias sobre la avaricia desaforada de Zapatero como cicatero comisionista internacional -las joyas son lo vistoso pero no lo fundamental- al servicio de tiranías y como mediador de regímenes dudosos; después más certezas sobre la influencia o presión que ejerció Begoña Gómez en la adjudicación de contratos públicos a un amigo con menos méritos que sus competidores. Luego, ese amigo financiaba su cátedra a la rutilante esposa de Sánchez.

Gómez pretendía con sus obras «deslocalizar el mañana»; Barrabés, su subvencionado mecenas, aspiraba a poner «el planeta en el centro». Así funciona el proceso de retroalimentación del milenarismo lucrativo. Por otra parte, ¿qué méritos creía atesorar Begoña Gómez para firmar cartas de recomendación? Tal licencia la retrata. Más aún, permite pensar que antes de Sánchez fue ella; y que antes de ambos fue su padre, Sabiniano Gómez, el principio de todo, la cloaca embrionaria.

Así que el fantasma de Sabiniano Gómez planeó inadvertidamente sobre un poseído comité federal. Zapatero es la costilla de Sánchez, que lo defendió para parapetarse. Sánchez echa el resto con él porque en ambos casos, el de Zapatero y el de su mujer, la guadaña del delito de tráfico de influencias le pasa a la altura de la cintura. Hace justo un año, Sánchez valoró así el paso de ecuador de la legislatura: «Ni tan mal». En estos días, en La Moncloa se consuelan: «Nos dan por muertos, pero aquí estamos». «Aquí estamos», con eso basta. Sánchez se aferra chicloso a su principio germinal y motriz: la desértica duración. Aseguró ayer, amontonando todos los casos, sumarios y cloacas en un solo cargo, que el PSOE sólo ha sufrido «un caso de corrupción», el que ha afectado a la Secretaría de Organización. Los demás son bulos.

Patxi López gritó desenfrenado en las Cortes: «¡Yo, con Begoña! ¡Yo, con Begoña!». Lo declamó dos veces [ «Pedro, ¿tú sabes lo que es un famulato?» Parecía preguntarle; «Un conjunto de criados, yo estoy al frente»]. En ese momento, en el rostro de Sánchez apareció un tic; se le entornaron lentos los ojos. Sánchez asistía a la votación que exponía su minoría pero realmente no estaba allí.

Sánchez sólo está cuando es para quedarse. Por eso cobra nervio en el partido. Porque sabe que sólo necesita sus entretelas para resistir. Mientras lo mantenga domeñado y secuestrado emocional y orgánicamente, mantendrá sus opciones de durar. Y mientras los cuadros que dudan sientan el aliento de las bases en el cogote, tampoco se moverán. En el 41º Congreso, el PSOE celebró su sacrificio y la apoteosis de la corrupción: Zapatero, Cerdán, Begoña Gómez, los condenados por los ERE, todos fueron ardientemente ensalzados y ofrendados. Sánchez apretó el puño sobre la rosa en defensa propia. Ayer hizo lo mismo. El otro balbuciente López, Óscar, respondió a Page: «Este Gobierno se está partiendo la cara»... por Sánchez. Y el PSOE, la crisma.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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