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¿Es 'Las mil y una noches' un gran libro de cuentos o una inmensa novela? La pregunta más que la respuesta -que las respuestas, porque ambas son correctas- es más que pertinente para acercarse a lo nuevo de Salman Rushdie. Porque ya ... se sabe, ya se disfrutó tantas veces: el autor de 'Hijos de la medianoche' o de 'Los versos satánicos' o de 'Dos años, ocho meses y veintiocho noches' siempre construyó sus formidables catedrales novelescas como estructuras con varias torres, efigies, altares, milagros a granel, parábolas, subtramas, episodios, fábulas y leyendas.
Sí: en lo suyo, Rushdie (Mumbai, 1947) no parece muy preocupado por géneros o etiquetas. Lo que sí le interesa y le importa es la naturaleza plural y polimorfa de lo mucho que hay por y para contar. Su última novela publicada -la magnífica 'Ciudad Victoria'- era una virtual y virtuosa defensa y ataque en el nombre de esas «historias que contar a todo aquel que quisiera escucharlas, y no eran las típicas historias anodinas de la cotidianeidad del mundo, sino de sus maravillas; mejor dicho, eran historias que insistían en que la vida humana no es algo banal sino extraordinario», siendo plenamente consciente de que «la ficción podía ser tan poderosa como los hechos históricos».
De ahí que resulte especialmente intrigante aquello que hace Rushdie con el cuento a secas. Ya lo fue en su único y lejano libro de relatos hasta la fecha: 'Oriente, Occidente', de 1994, donde los muy diversos textos, unidos por los cruces culturales-mentales-geográficos, exploraban tanto su obsesión fundacional con 'El mago de Oz' (proponía entre otras tramas una versión alternativa de la relación entre Colón y la reina Isabel, y descollaba en el antológico y casi borgeano 'La armonía de las esferas').
Y vuelve a serlo y hacerlo en este 'La penúltima hora'. Ominoso título bíblico y con un «atractivo» (por todas las razones más que incorrectas) añadido: porque tres de los cinco textos centrales –los más largos y marcados por la idea de lo crepuscular– fueron escritos por Rushdie después de haber experimentado y sufrido en 2022 aquello que contó en 'Cuchillo' cuando casi, se me perdonará la (des)gracia, casi no cuenta el cuento.
Así, cabía preguntarse si un episodio tan traumático y no-ficción podría haber –siendo la transformación uno de los temas más constantes en sus ficciones– alterado la composición de las ficciones de Rushdie. Y, de nuevo, la respuesta es sí y no. La magia y la ocurrencia permanecen intactas –de algún modo–, pero más fortalecidas por un estilo no más apresurado pero sí más urgente. Y, también, una nueva y más firme conciencia de lo efímero, de lo pasajero y, sin vueltas, del camino de ida entre este y otro posible mundo con Mumbai como paisaje recurrente. «La muerte y la vida no eran sino galerías contiguas», dice Rushdie que alguien dice aquí.
Muchos han querido ver en esta obra una suerte de adiós del escritor, pero hay buenas noticias
Así, 'En el sur' espía el inmortal rencor entre dos ancianos vecinos; 'La intérprete de Kahani' ejecuta la partitura de una prodigio del piano –una hija de otra medianoche– condenada a un amor desafinado que compondrá la ejecución/venganza sobre suegros monstruosos; la 'nouvelle' 'Finado' convoca con modales dickensianos al espectro de un imperial e imperioso académico Cambridge (inspirado en E. M. Forster, a quien Rushdie conoció en su juventud, y en Alan Turing) embrujando a una joven estudiante india en Cambridge; 'Oklahoma' clava en el mapa un alfiler meta-ficcional conjurando las obsesiones de Henry James y de Kafka y diluyendo las líneas que separan a aprendiz y maestro y a escritor y a escrito y a vivo de muerto; mientras que las últimas palabras del alegórico 'El viejo de la piazza' (y de 'La penúltima hora') resuenan funestas y acaso definitivas luego de lamentar el fracaso del lenguaje y de la comunicación con cuerpo de mujer que termina traducido en el más desgarrador de los gritos: «No está claro qué debemos hacer ahora: ¿Qué va a ser de nosotros e indiferente? No tenemos medios para saber cómo van a continuar las cosas. Nuestras palabras nos fallan», se despide el narrador consciente de que acaso ya sea demasiado tarde.
Y, claro, más de uno ha creído ver en esto –comprensible pero errado y aunque 'El viejo de la piazza' data de hace casi una década– una suerte de adiós. Y ha calificado a 'La penúltima hora' como coda y admisión por Rushdie de un demasiado tarde y bobdylaniano «No ha oscurecido aún, pero falta poco» en aquel 'Time Out of Mind' que en verdad significó su resurrección.
Buenas noticias, más horas por venir, que redoblen las campanas: Rushdie ya está marcando las primeras páginas y minutos de su próxima novela.
Y va a ser algo formidable y con todo el tiempo por delante.
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