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Sobrevivir a una ola de calor sin aire acondicionado: "El ventilador me marca que hace 36 grados dentro del piso, es insoportable"

Sobrevivir a una ola de calor sin aire acondicionado: "El ventilador me marca que hace 36 grados dentro del piso, es insoportable"
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Las esperas de más de un mes para la instalación de refrigeración empujan a los madrileños a soluciones a corto plazo como los ventiladores o los remedios caseros Leer

Estos días en Madrid, es más fácil encontrar la Gran Vía desierta a las cuatro de la tarde que conseguir que un técnico instale un aparato de aire acondicionado antes de que termine el verano. La primera gran ola de calor de 2026 ya ha llegado con fuerza a la capital, y las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) confirman que la situación continuará.

«Si quieres aire acondicionado en Madrid tienes que esperar más de un mes» sentencia Sergio Real, de la empresa de instalaciones de refrigeración C.R.A. C. B. El profesional confirma que la demanda ha subido un 10% respecto al año pasado, especialmente entre la gente mayor de zonas residenciales como la de Aluche. Además, afirma que en la actualidad la gente es mucho más previsora y comienzan a comprar a principios de año.

Sergio Real relata que en estas fechas no tienen descanso y casi no acogen a nuevos clientes: «Desde que alguien acepta el presupuesto, tardamos mínimo dos o tres semanas en ir a ponérselo», advierte el trabajador, «si alguien me llama hoy para que vaya a hacerle el presupuesto, tiene que esperar una semana mínimo. No damos abasto». Además ya se han agotado algunos de sus productos estrella hasta septiembre y algunas marcas tardan semanas en suministrar el equipo, aclara que el estándar son las marcas japonesas, que pueden llegar a costar unos 1.000 euros más IVA.

Detrás de las cifras de temperatura están las personas. Roi Portas, un estudiante que alquila un ático en Aluche, está descubriendo el auténtico calor del verano madrileño. «Vivir así sin aire acondicionado es una experiencia cercana a la muerte», bromea Roi, «me he tenido que comprar un ventilador y este marca que hace 36 grados dentro del piso. Es insoportable, ya no sé qué más ropa quitarme para dejar de sudar».

En la Frutería Mini Verdura, también en Aluche, combatir la temperatura no es solo un ejercicio de supervivencia personal, sino también un problema económico. Con el termómetro a 40 °C, la fruta se echa a perder con rapidez. «Es muy difícil combatir este calor», comenta Nicolás, el encargado, mientras separa el género fresco del que ya se ha estropeado. «Tenemos varios ventiladores puestos por la tienda, pero como las cámaras frigoríficas echan tanto calor hacia fuera, el local casi no se enfría».

Las ofertas más importantes estos días en la capital.MARÍA SANTAMARÍA

El trabajo de oficina es duro, pero el verdadero reto llega cuando Nicolás tiene que salir a repartir los pedidos a domicilio bajo el sol del mediodía: «Lo paso realmente mal; al sudar todo el tiempo tengo que estar bebiendo mucha agua». Para minimizar las pérdidas sin perder calidad, el local baja todos los productos a las cámaras frigoríficas por la noche y ofrece con descuento la fruta que se queda algo blanda.

Frente al escaparate de la frutería charlan Trini y Rosa, dos vecinas que llevan toda la vida en el barrio y que ejemplifican la vulnerabilidad de la tercera edad ante estas crisis. «Estamos llevando muy mal el calor, sobre todo por las noches, y más siendo personas mayores», explican abanicándose. Solo una de ellas tiene aire acondicionado, pero confiesa que le perjudica la salud y apenas lo enciende; la otra solo cuenta con ventiladores, pero: «El calor es malísimo para mis problemas en los ojos».

Ambas coinciden en una especie de amnesia colectiva veraniega: «Nadie se acuerda del calor de un año para otro, pero ya llevamos unos cuantos veranos que esto es insufrible». Ante la falta de tecnología, recurren a la sabiduría que le da la edad: aplicar calcetines mojados y congelados en las rodillas o colocarse muñequeras frías en las articulaciones para engañar al cuerpo.

La vulnerabilidad también se siente en los extremos de la pirámide social. Para paliar los efectos en los colectivos más desfavorecidos, el Ayuntamiento de Madrid ha tenido que habilitar un refugio climático en la Central del Samur Social, en la carrera de San Francisco para personas sin hogar, un espacio abierto durante las horas de mayor insolación que proporciona agua, alimentos e instalaciones de higiene.

En la tienda Electricidad Sánchez Ventura, donde se encuentra Sara Dorado, las ventas de ventiladores no paran, con precios que oscilan entre los 50 y los 200 euros para los modelos de techo. Las variantes más económicas ya se han agotado. A pesar del auge de estas semanas, Sara reconoce que la competencia en internet ha hecho mella en el negocio físico en los últimos cuatro años, aunque reivindica el valor del comercio local: ellos mismos llevan el aparato a casa y lo instalan, un servicio muy importante para clientes ancianos o con movilidad reducida.

Para los presupuestos más ajustados, el recurso definitivo siguen siendo los locales de barrio. La dueña de Gran Bazar Euro señala que los ventiladores económicos volaron hace días: «Se han agotado algunos modelos porque la gente va a lo barato. Pero sobre todo, lo que más vendemos son muchos, muchos abanicos. Para los niños pequeños, pistolas de agua y unos mini ventiladores graciosos con formas de muñecos que los distraen».

La buena noticia es que el tiempo ya apuntan a un límite para esta situación: se espera la entrada de una masa de aire más fresca por el oeste peninsular a partir del jueves, lo que provocará un alivio térmico y dará un respiro a la capital antes del fin de semana.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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