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Subir de nuevo a la montaña con Thomas Mann

Subir de nuevo a la montaña con Thomas Mann
Artículo Completo 872 palabras
Cuando Thomas Mann dio a la imprenta en 1924 'La montaña mágica' (Der Zauberberg) cerraba un ciclo de escritura que había comenzado al menos once años antes. Un largo proceso que coincidía con un cambio profundo en la trayectoria vital, política e intelectual del escritor, en consonancia con las convulsiones del momento. Aquella República de Weimar en transición entre la primera y la segunda guerra mundial: inestabilidad política, inflación extrema… y polarización ideológica radical. El prólogo del nazismo .Pasada la Gran Guerra, el escritor nacionalista y conservador que había sido Mann antes y durante el conflicto, se transformó en un intelectual que asumía y defendía la democracia republicana , y que integraba en su pensamiento algunas de las grandes corrientes de su tiempo, desde la vieja tradición humanista europea de Goethe hasta la nueva psicología emergente de Freud , pasando por la influencia de las filosofías de Nietzsche y Schopenhauer. Con la publicación de 'La montaña mágica', que gozó de éxito inmediato, el autor comenzó un camino de premios y reconocimientos que desembocó en la concesión del Nobel de Literatura cinco años después, en 1929.Noticia relacionada opinion No No Resurecciones Bioy Casares, una novela de 1940 para entender el siglo XXI Carlos AganzoEl punto de partida de 'La montaña mágica' se sitúa en una experiencia real: la visita de Mann a Schatzalp, un sanatorio próximo a Davos, en Suiza, donde estaba internada su esposa Katia. Un lugar, en la mitad de Europa, que eligió como escenario para que sus personajes reflexionaran, lejos del mundanal ruido, sobre el hundimiento del viejo continente , un proceso del que eran testigos atónitos. Lo que había comenzado siendo una novela psicológica sobre la enfermedad, se terminó convirtiendo en una gran deliberación intelectual sobre la crisis de la modernidad y el ascenso de los totalitarismos . La subida simbólica a la montaña de su protagonista, Hans Castorp, interpretada como la de aquel que adquiere la clarividencia sobre el mundo real a medida que se aleja de él.La tuberculosis, contra la que se luchaba entonces en el sanatorio de Schatzalp se convirtió para Mann en una cierta enfermedad socialEn la lectura o la relectura hoy de esta obra, que la crítica considera una de las cumbres de la literatura del siglo XX, resulta muy difícil deslindar la simbología de aquel balneario de Davos , Berghof en la novela, con la referencia actual de esta localidad de los Alpes suizos: el lugar de encuentro de las grandes cabezas pensantes (y ejecutantes) de la política y la economía para hablar del presente y el futuro del planeta. De la economía, pero también de los grandes retos globales, desde la incertidumbre política hasta la crisis climática , pasando por la fatiga digital . Lo que en la novela representa el debate entre personajes como Settembrini y Naphta, es decir, el enfrentamiento entre el humanismo liberal y el radicalismo ideológico; entre la razón ilustrada y el fanatismo, fruto de la falta de respuestas de una sociedad en decadencia. Lo que podríamos interpretar hoy como una radiografía de la polarización política de nuestro tiempo, producto de la falta de consenso democrático en el mismo Occidente. Eso, además de la concepción de la propia enfermedad como metáfora de la sociedad. La tuberculosis , contra la que se luchaba entonces en el sanatorio de Schatzalp (que todavía se conserva, aunque hoy funciona como hotel), se convirtió para Mann en una cierta enfermedad social, que ninguno de los huéspedes parecía capaz de diagnosticar, y mucho menos de curar. Algo que hoy nos vuelve a sobrecoger cuando pensamos en la decadencia cultural, la ausencia de valores, la crisis sistémica, la ansiedad colectiva o el agotamiento social de nuestro tiempo. El refugio en las alturas, la burbuja cerrada, el mundo aparte, el espacio sin tiempo, el lugar de la reiniciación, el laboratorio de ideas, la frontera última entre la vida y la muerte: todo eso es 'La montaña mágica', que entonces nos advertía, en palabras de su autor, que la enfermedad quizás es «más humana que la salud». Y que hoy nos dice, un siglo después, que volvemos a estar enfermos . Acaso condenados a repetir los mismos errores.

Cuando Thomas Mann dio a la imprenta en 1924 'La montaña mágica' (Der Zauberberg) cerraba un ciclo de escritura que había comenzado al menos once años antes. Un largo proceso que coincidía con un cambio profundo en la trayectoria vital, política e intelectual ... del escritor, en consonancia con las convulsiones del momento. Aquella República de Weimar en transición entre la primera y la segunda guerra mundial: inestabilidad política, inflación extrema… y polarización ideológica radical. El prólogo del nazismo.

Pasada la Gran Guerra, el escritor nacionalista y conservador que había sido Mann antes y durante el conflicto, se transformó en un intelectual que asumía y defendía la democracia republicana, y que integraba en su pensamiento algunas de las grandes corrientes de su tiempo, desde la vieja tradición humanista europea de Goethe hasta la nueva psicología emergente de Freud, pasando por la influencia de las filosofías de Nietzsche y Schopenhauer.

Con la publicación de 'La montaña mágica', que gozó de éxito inmediato, el autor comenzó un camino de premios y reconocimientos que desembocó en la concesión del Nobel de Literatura cinco años después, en 1929.

Opinión Bioy Casares, una novela de 1940 para entender el siglo XXI

El punto de partida de 'La montaña mágica' se sitúa en una experiencia real: la visita de Mann a Schatzalp, un sanatorio próximo a Davos, en Suiza, donde estaba internada su esposa Katia. Un lugar, en la mitad de Europa, que eligió como escenario para que sus personajes reflexionaran, lejos del mundanal ruido, sobre el hundimiento del viejo continente, un proceso del que eran testigos atónitos.

Lo que había comenzado siendo una novela psicológica sobre la enfermedad, se terminó convirtiendo en una gran deliberación intelectual sobre la crisis de la modernidad y el ascenso de los totalitarismos. La subida simbólica a la montaña de su protagonista, Hans Castorp, interpretada como la de aquel que adquiere la clarividencia sobre el mundo real a medida que se aleja de él.

La tuberculosis, contra la que se luchaba entonces en el sanatorio de Schatzalp se convirtió para Mann en una cierta enfermedad social

En la lectura o la relectura hoy de esta obra, que la crítica considera una de las cumbres de la literatura del siglo XX, resulta muy difícil deslindar la simbología de aquel balneario de Davos, Berghof en la novela, con la referencia actual de esta localidad de los Alpes suizos: el lugar de encuentro de las grandes cabezas pensantes (y ejecutantes) de la política y la economía para hablar del presente y el futuro del planeta. De la economía, pero también de los grandes retos globales, desde la incertidumbre política hasta la crisis climática, pasando por la fatiga digital.

Lo que en la novela representa el debate entre personajes como Settembrini y Naphta, es decir, el enfrentamiento entre el humanismo liberal y el radicalismo ideológico; entre la razón ilustrada y el fanatismo, fruto de la falta de respuestas de una sociedad en decadencia. Lo que podríamos interpretar hoy como una radiografía de la polarización política de nuestro tiempo, producto de la falta de consenso democrático en el mismo Occidente.

Eso, además de la concepción de la propia enfermedad como metáfora de la sociedad. La tuberculosis, contra la que se luchaba entonces en el sanatorio de Schatzalp (que todavía se conserva, aunque hoy funciona como hotel), se convirtió para Mann en una cierta enfermedad social, que ninguno de los huéspedes parecía capaz de diagnosticar, y mucho menos de curar.

Algo que hoy nos vuelve a sobrecoger cuando pensamos en la decadencia cultural, la ausencia de valores, la crisis sistémica, la ansiedad colectiva o el agotamiento social de nuestro tiempo. El refugio en las alturas, la burbuja cerrada, el mundo aparte, el espacio sin tiempo, el lugar de la reiniciación, el laboratorio de ideas, la frontera última entre la vida y la muerte: todo eso es 'La montaña mágica', que entonces nos advertía, en palabras de su autor, que la enfermedad quizás es «más humana que la salud». Y que hoy nos dice, un siglo después, que volvemos a estar enfermos. Acaso condenados a repetir los mismos errores.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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