Sunniva Gylver, obispa de la diócesis de Oslo. Andora Hylland Iglesia de Noruega (Den norske kirke)
Protagonistas Sunniva Gylver, la obispa más atípica de Noruega: de llevar las rastas y el yoga a la Iglesia a guiar el funeral de Harald VLa ceremonia que este 9 de septiembre despedirá al monarca en la Catedral de Oslo ha puesto su nombre en el mapa internacional.
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Elena Pérez Publicada 7 septiembre 2026 17:58h SíguenosEsta semana, Noruega sigue llorando la muerte del rey Harald V, conocido como el 'abuelo de la nación' por el aprecio que este país nórdico de 5,67 millones de habitantes profesaba al monarca. Y, mientras tanto, la Casa Real ultima los preparativos del funeral que tendrá lugar este miércoles, 9 de septiembre, en la capital.
Se trata de una jornada histórica que trascenderá las fronteras nacionales para reunir a más de 700 invitados —incluidos Felipe VI y doña Letizia— y 650 periodistas de 19 países. Un despliegue más que significativo que obligará a activar planes de seguridad sin fisuras y que incluirá una ceremonia principal en la Catedral de Oslo así como actos privados.
Figuras institucionales entre las que se encuentran la actual consorte Mette-Marit —como se confirmó este lunes— e incluso magistrados del Tribunal Supremo asistirán a la primera cita. La comitiva fúnebre, según informa el diario noruego VG, la encabezará el presidente de la Iglesia noruega, Olav Fykse Tveit, con la participación de Sunniva Gylver, obispa de Oslo.
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Una teóloga poco convencional cooficiando la despedida de Harald V. Eso es lo que para muchos representa el papel que ejercerá en dos días esta danesa criada en Noruega. Aunque su nombre pueda pasar desapercibido en España, Gylver no es ninguna anónima para Oslo, pues desde 2025 es obispa luterana de la diócesis más grande del país.
Nacida en la capital del país nórdico en 1967, creció en una familia formada por un padre médico y una madre secretaria muy vinculada a la Iglesia. Estudió Teología porque, como explicó en una entrevista concedida a The New York Times en 2025, quería poder hablar de su fe "de manera informada y respetuosa".
Pasó el verano de sus 23 trabajando como pastora suplente, experiencia que la llevaría a dedicarse a ello a tiempo completo. Sus primeras grandes apariciones ante compatriotas ocurrieron en esa etapa, ya que presentaba un programa de debate en la televisión nacional. Con el pelo rapado y teñido de rubio, charlaba de vida y religión frente a millones de personas.
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No era, por tanto, la imagen más tradicional de un representante de Dios la que empezó a hacerse reconocible entre los noruegos. Durante años, antes de vestir la capa roja propia de su actual cargo, Gylver cambió el alzacuellos por camisetas con una sola palabra impresa: prest, que significa pastor en noruego.
Desde entonces lleva rastas recogidas en un moño y unpiercing en forma de aro plateado en la nariz. Esa estética, la carta de presentación de una religiosa empeñada en acortar distancias entre la institución y la calle, se mantiene intacta, con la diferencia de que ahora su ropa reza biskop, obispo en su idioma.
Su elección como obispa de Oslo llevó esa imagen al centro de la Iglesia de Noruega. La diócesis que dirige no es una cualquiera, pues reúne el peso simbólico de la capital y tiene bajo su responsabilidad la Catedral de la ciudad, la que este miércoles acogerá uno de los funerales más relevantes de la historia reciente de la nación.
El 'ascenso' definitivo de la princesa Ingrid Alexandra ante el delicado estado salud de la reina Mette-Marit¿Y qué hay de su forma de pensar? Para Gylver, la religión no consiste en imponer a quien no cree. "Mi experiencia es que nunca se puede presionar o manipular a la gente para que tenga una fe sana", declaró a TNYT. Tampoco se atribuye la salvación, obra de un poder superior: "Yo no soy quien".
Para entender mejor su postura hay que saber que su marido, ateo, murió de cáncer de pulmón en 2021. Ella le acompañó durante la enfermedad sin intentar convertirlo. Quería ser coherente con esa forma de entender el cristianismo que había afianzado mucho antes, una más preocupada por servir que por ofrecer respuestas automáticas ante el dolor.
La muerte ya la hizo sufrir en la adolescencia. Su hermana menor falleció a consecuencia de la anorexia cuando tenía 15 años. Gylver recuerda que algunos adultos bienintencionados trataron de encontrar un significado más profundo a la tragedia, pero ella, contó al diario estadounidense, "no quería explicaciones ni razonamientos; sólo que estuvieran allí".
De esa dura experiencia nació una promesa a sí misma: "Que nunca hablaría de la fe o de la vida de una manera ligera o superficial".
También influyó un episodio de sus años de instituto. Invitó a una amiga a un culto juvenil y salió de allí, relató, "humillada" en nombre de la institución después de que el pastor ridiculizase otras religiones. El incidente no la alejó en absoluto de su fe, pero sí le abrió los ojos al ver que otros la practicaban de formas con las que ella no estaba de acuerdo.
Yoga, redes e inclusión
Sunniva Gylver defiende un enfoque poco ortodoxo, valga el juego de palabras, de la evangelización que ha llamado en múltiples ocasiones la atención de los medios noruegos.
Ha llegado a poner en marcha cafés filosóficos e incluso cultos con yoga (ella es instructora de aeróbico) en el acomodado barrio de Fagerborg. Esterillas haciendo fila sobre el pasillo de la parroquia, estiramientos con un sermón de fondo... La escena es posible, sí, y llamativa también.
La propuesta provocó rechazo entre algunos sectores conservadores. Hubo quienes la acusaron de abrir las puertas de la iglesia a otras religiones y quienes llegaron a insultarla llamándola "hija de Satán". Al mismo tiempo, el formato atrajo a personas que difícilmente habrían cruzado esas puertas por los cauces más tradicionales.
Actividad de culto con yoga ofrecida por la obispa. Cuenta oficial de Sunniva Gylver en Instagram (@sunnivagylver)
Lo cierto es que Gylver no ve el cuerpo como un elemento separado de la vida espiritual. Además, su forma de comunicarse, directa y frecuentemente a través de redes —en Instagram publica vídeos diarios— le ha permitido conectar con los jóvenes y también con quienes se sienten alejados de la institución.
Le gustan las letras, y prueba de ello es que ha sido columnista paralos periódicosAftenposteny VårtLand, así como de la revista Familien.
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Noruega, tradicionalmente vinculada a la identidad nacional, ha atravesado un fuerte proceso de secularización.
En 2012, una reforma constitucional eliminó la referencia a una religión oficial en el país. Sin embargo, en los últimos años, algunas comunidades han detectado más presencia de chicos y chicas en los templos, en un contexto marcado por la incertidumbre económica, la polarización y la soledad.
La obispa defiende una Iglesia abiertamente inclusiva. Es vegetariana estricta, evita viajar en avión para limitar su huella de carbono, coge el metro como cualquier otro mortal y ha elegido vivir en un apartamento en lugar de instalarse en la residencia oficial ligada a su cargo.
Ese compromiso se ha hecho visible en cuestiones de derechos LGTBIQ+. En junio de 2025, la bandera arcoíris ondeó sobre la Catedral de Oslo durante la celebración del Orgullo. Meses después, la Iglesia de Noruega pidió disculpas formales a la comunidad por décadas de discriminación.
Gylver defiende que, para ella, es correcto celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo. Su apuesta por el diálogo interreligioso también ha sido constante, sirva de ejemplo que en marzo de 2025, cuando coincidieron la Cuaresma cristiana y el Ramadán musulmán, compartió simbólicamente el iftar con un imán local.
Sin miedo a opinar
Gylver no oculta que su interpretación del Evangelio tiene una dimensión social y política, aunque su condición de obispa la obliga a medir cada palabra. Días antes de su consagración, criticó el uso destructivo del cristianismo por parte de dirigentes como Vladímir Putin o Donald Trump.
Frente a ello, defendió una Iglesia que eleve la voz por "la justicia, la solidaridad, la acogida al extraño y la reducción de las diferencias entre pobres y ricos". Su perfil ha despertado simpatías, pero también ha evidenciado las tensiones que siguen presentes dentro de la institución.
Esta sigue dividida en temas como la interpretación literal de la Biblia, el matrimonio entre personas del mismo sexo o la relación de la fe con una sociedad cada vez más plural. Gylver sabe que no resolverá esas discrepancias con consignas, y por ello quiere impulsar conversaciones que no expulsen a quienes llegan sin fe o con una visión distinta del mundo.
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Así es el rostro de la nueva Iglesia que participará en uno de los rituales más relevantes y mediáticos de Noruega en el siglo XXI. Este miércoles, la obispa Gylver —una mujer entre el 30% que representa al género femenino en el clero— honrará a Harald V, figura que durante décadas encarnó la continuidad de la monarquía y la estabilidad del país.