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Traficantes de cocaína eluden a las fuerzas de seguridad europeas con narcolanchas y tecnología

Traficantes de cocaína eluden a las fuerzas de seguridad europeas con narcolanchas y tecnología
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Sortean a las autoridades españolas con embarcaciones para entregar toneladas de droga sin parangón en cantidad y calidad Leer

Era un lluviosa tarde de invierno cuando una lancha neumática de la policía se aproximó a una imponente embarcación de unos 18 metros de eslora y cuatro motores, sospechosa de transportar a traficantes de droga.

En lugar de intentar huir, la embarcación de mayor tamaño comenzó a rodear a la lancha neumática, provocando a los cuatro agentes de la Guardia Civil que iban a bordo. En la orilla, un grupo de personas vitoreaba a la narcolancha. ¡Olé! ¡Olé!, gritaban, como si fueran espectadores de una corrida de toros. Tío, mátalos.

Entonces, la narcolancha embistió la embarcación de la Guardia Civil, pasó por encima de ella y aplastó a los agentes que iban a bordo. Después dio la vuelta y volvió a embestir a los agentes que habían caído al agua. Dos de ellos murieron.

El ataque, que tuvo una gran repercusión, puso de manifiesto el alcance, el poder y la impunidad de un tráfico internacional de drogas que lleva cocaína desde los países productores de Sudamérica hasta los compradores europeos en cantidades, con una calidad y a unos precios sin precedentes. En los dos años transcurridos desde entonces, el mercado no ha dejado de crecer, al igual que el desafío al que se enfrentan las autoridades españolas.

La producción mundial de cocaína se encuentra en máximos históricos, impulsada por la demanda mundial, la expansión de los cultivos de coca y una cadena de suministro perfectamente organizada. Los cárteles transportan la droga desde puertos de Ecuador o Brasil hasta África Occidental y, desde allí, a Europa, que actualmente es el segundo mayor mercado mundial de cocaína, por detrás de Estados Unidos.

La Costa del Sol, paraíso costero de España, se ha convertido en uno de los principales puntos de entrada de droga por tráfico marítimo.

Los contrabandistas marítimos tienen ventaja sobre las unidades antidroga: utilizan drones, radares y cámaras térmicas para evitar ser detectados, así como lanchas de alta potencia para escapar de las autoridades, según afirman los propios traficantes, los agentes de las fuerzas del orden y los abogados especializados en delincuencia organizada en España.

"No se puede permitir que cientos de embarcaciones de narcotraficantes deambulen por un puerto o una bahía a la vista de todos, ni que descarguen su mercancía mientras hay familias con niños bañándose cerca», afirma Juan Luján, jefe de la Unidad de Droga y Crimen Organizado en la Costa del Sol. Sin embargo, según cuenta, las fuerzas de seguridad españolas han cedido de hecho el control de sus aguas.

Las autoridades españolas reconocen que carecen del equipamiento necesario para interceptar las cientas de embarcaciones de contrabando de drogas que operan en el estrecho de Gibraltar, entre el sur de España y Marruecos. Estas embarcaciones de contrabando de fibra de vidrio, potenciadas y conocidas localmente como "narcolanchas", son comparables a las lanchas rápidas de asalto que utilizan los SEAL de la Marina de los Estados Unidos.

Pueden alcanzar los 60 nudos, unos 111 kilómetros por hora, lo que supone un gran peligro durante los intentos de intercepción por parte de las pocas embarcaciones de las fuerzas de seguridad que pueden seguirles el ritmo. Estas veloces lanchastransportan hasta cuatro toneladas de cocaína y están diseñadas para sortear las olas embravecidas a gran velocidad. Los contrabandistas las utilizan como armas cuando son perseguidos.

Estas embarcaciones son ilegales en España, y su posesión conlleva una pena de cinco años de prisión. Incluso la compra de bidones de 100 litros de combustible constituye ahora un delito, al presumirse que se utilizarán para propulsar una embarcación dedicada al tráfico de drogas.

Las bandas construyen las embarcaciones ilegales en talleres clandestinos de Portugal y las introducen de contrabando en España, en camión o por río. Un antiguo patrón de una embarcación dedicada al tráfico de drogas afirma que la tripulación de cuatro hombres de una embarcación podía permanecer a la deriva en aguas internacionales hasta un mes. La tripulación se refugia bajo sombrillas, y pesca para alimentarse mientras espera a recuperar el cargamento de cocaína arrojado desde buques de carga y semisumergibles, conocidos como "narco-submarinos".

"Se trata de un sistema de tráfico bien establecido", afirma Ruggero Scatturo, analista sénior de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional. "Estamos hablando de marineros experimentados, con habilidades y salarios elevados".

Las largas playas brindan amplias oportunidades para que los contrabandistas descarguen su mercancía. "Vivo junto a la playa, así que los veo pasar por aquí», afirma Francisca María Gómez Pantoja, madre de uno de los guardias civiles fallecidos en el ataque a la embarcación de narcotraficantes. "Las lanchas rápidas entran cuando quieren. Dejan la droga y se marchan".

Otro punto de entrada es el río Guadalquivir, de unos 640 kilómetros de longitud, una vía fluvial laberíntica de canales y ensenadas. La orilla, con sus tierras de cultivo abandonadas, está salpicada de almacenes ideales para ocultar contrabando, según Lisardo Capote, jefe del servicio de vigilancia aduanera de Campo de Gibraltar, situado a unos 80 kilómetros de la costa desde el río.

"Podemos verlos", dijo Capote. "El problema es detenerlos".

De una flota de, como mucho, tres docenas de lanchas patrulleras de las que disponen las fuerzas del orden españolas en el sur del país, menos de diez pueden igualar la velocidad de una narcolancha. Los agentes armados solo pueden disparar si los narcotraficantes disparan primero.

El Wall Street Journal se ha unido recientemente a una patrulla nocturna con una lancha de Aduanas a lo largo de la costa sur y por el río Guadalquivir. María Orellana, la capitana de la embarcación, explica que los narcotraficantes suelen pasar por el mar y saludar con la mano a ella y a su tripulación. "No temen a las autoridades", afirma.

Orellana recuerda haber perseguido una embarcación que transportaba droga y que dio media vuelta y amenazó con embestir su barco. "Les dije: 'Chicos, nos van a matar'", cuenta, así que ordenó a su tripulación que se retirara.

Cantidades abundantes

Como muestra del creciente papel de España en el tráfico de cocaína, la cantidad de droga incautada en el país se duplicó en 2023 con respecto al año anterior, hasta alcanzar unas 117 toneladas. En 2024, según los datos más recientes, España incautó más cocaína que Bélgica, los Países Bajos y Alemania juntos, según la agencia de drogas de la UE —países que albergan los tres puertos más grandes del continente—.

En mayo, la Guardia Civil española se incautó de más de 30 toneladas de cocaína frente a las Islas Canarias, la mayor jamás realizada en todo el mundo. El cargamento había llegado desde Sudamérica pasando por Sierra Leona, donde el capo de la droga neerlandés Jos Leijdekkers dirige una red internacional de tráfico de cocaína.

Sin embargo, aun con estas incautaciones récord, el tráfico de drogas total sigue siendo mucho mayor. Las ganancias superan con creces cualquier cargamento perdido, dada la cantidad de cocaína que se consigue introducir de contrabando en Europa, según los traficantes y los agentes de las fuerzas del orden. El negocio es tan lucrativo que las bandas, que antes solían enfrentarse entre sí, ahora colaboran en la cadena de suministro global, repartiéndose el trabajo de contrabando, según explica un traficante de Marbella.

Las cantidades récord de cocaína que se producen actualmente en Sudamérica han hecho bajar los precios al por mayor en todo el mundo. En España, un kilo de la droga se vende por tan solo 15 000 dólares, frente a los 35 000 dólares de hace dos años y los 45 000 dólares que alcanzaba antes de la pandemia. Los precios al por menor se han mantenido en torno a los 70 dólares el gramo, pero la calidad es más pura que nunca debido al exceso de oferta: llega tanta cocaína que los traficantes no tienen tiempo de diluirla, según los expertos.

"Llega y llega y llega", dice el traficante de Marbella refiriéndose al volumen del contrabando.

Las narcolanchas han ampliado la red de contrabando. Una banda europea que importa cocaína a través de contenedores marítimos al puerto de Algeciras paga una comisión de transporte del 21 % sobre la carga a los traficantes que transportan el producto. La comisión para las lanchas rápidas es del 12 %, según el traficante de Marbella.

Las mafias españolas controlan muchas de las narcolanchas que transportan los cargamentos hacia el norte, a España, a través del estrecho de Gibraltar. A cambio de una tarifa, cuyo importe depende del peso, proporcionan la embarcación, la tripulación y un almacén temporal antes de que la droga se adentre en España y en el resto de Europa.

Construir una embarcación para el tráfico de drogas con cuatro motores de 400 caballos de potencia y equipo de radar para eludir a las fuerzas del orden cuesta más de 500.000 dólares. A los pilotos se les suele pagar unos 350.000 dólares por cada viaje. Estos gastos son calderilla en comparación con el valor de un cargamento de cocaína de 3 toneladas, que puede reportar más de 250 millones de dólares en ventas al por menor.

En comparación, España ha destinado menos de 230 millones de dólares durante la última década a su plan de seguridad Campo de Gibraltar, puesto en marcha para desmantelar las redes criminales en el sur de España.

"No hay dinero para seguir persiguiendo a esta gente", afirma Scatturo, el analista.

Lavandería de lujo

Marbella ha sido un centro del crimen organizado internacional desde la década de 1960. El general Francisco Franco, dictador de España en aquella época, animó a los cárteles a gastar allí su dinero, haciendo la vista gorda ante el gasto pacífico de ganancias ilícitas, siempre y cuando no hubiera violencia.

Hoy en día, "no encontrarás otro lugar con tanta variedad, tantas nacionalidades y tantos cárteles", afirma Luján, el comandante de policía. Los superyates y las boutiques de diseñadores se alinean en el puerto deportivo. Por la noche, las colas serpentean alrededor de la manzana frente a las discotecas, donde los DJ pinchan música house a todo volumen para unos juerguistas de alto poder adquisitivo, con rostros esculpidos por la cirugía y bronceados por el sol.

Los turistas adinerados y los empresarios hacen de Marbella un lugar atractivo para los delincuentes, que pueden gastar sus fortunas ilícitas junto a los ricos legítimos sin llamar la atención, según Ricardo Álvarez-Ossorio, un abogado defensor que representa a traficantes de drogas acusados en la zona.

En un bar de azotea, Álvarez-Ossorio pica de un plato de patatas asadas coronadas con caviar beluga y hojas de oro, mientras describe cómo el número de sus casos relacionados con la cocaína se ha multiplicado por cinco, como mínimo, en los últimos dos años. El estrecho de Gibraltar ha sido durante décadas una puerta de entrada para el tráfico de tabaco y hachís, señala, pero nada se compara con el creciente comercio de cocaína, que ha atraído a organizaciones criminales de otros países.

Las bandas extranjeras que llegan a Marbella han traído consigo sus métodos violentos de sus países de origen, incluyendo tiroteos tanto con rivales como con las autoridades, afirma Álvarez-Ossorio. "Antes era imposible ni siquiera imaginar que dispararían contra la policía".

Si la policía se encuentra con traficantes serbios o mexicanos, según el abogado, los delincuentes no se detendrán. "Irán hasta el final", afirma.

Los traficantes blanquean dinero en el sector inmobiliario, discotecas, gimnasios y negocios de Marbella, ocultando la identidad de sus propietarios mediante sociedades ficticias en el extranjero, según explica un agente de las fuerzas del orden especializado en blanqueo de capitales. Compran cosechas de aguacates y otros cultivos a los agricultores y los revenden a los supermercados. Los miembros de las bandas buscan a ganadores de la lotería para comprarles su boleto a cambio del importe del premio más decenas de miles de dólares en efectivo. A continuación, la banda ingresa las ganancias del boleto en cuentas bancarias.

Si se erradicara la economía del mercado negro, afirma el agente, Marbella se derrumbaría de la noche a la mañana.

Los beneficios de la cocaína se extienden más allá de la ciudad. Los narcotraficantes llevan mucho tiempo reclutando a jóvenes de La Línea de la Concepción, una localidad costera de 65.000 habitantes situada a unas 45 millas de Marbella. Cuenta con una de las rentas familiares más bajas de España y una de las tasas de desempleo más altas, en torno al 30%.

Los traficantes ofrecen miles de euros por una tarde de trabajo transportando cargamentos de droga o haciendo guardia, según explica Óscar Camacho, un veterano agente de policía y representante sindical de Marbella. También proporcionan el llamado "bienestar narcos", similar al dinero y los regalos que ofrecen los líderes de los cárteles en Colombia y México, generosidades destinadas a comprar lealtad y silencio.

Los vecinos dicen que Marbella alberga a los grandes narcotraficantes, y que La Línea suministra a los "prisioneros" —en referencia a los subordinados que corren mayor riesgo de ser detenidos—.

"Si la gente de allí no tiene oportunidades laborales, si no hay inversión para crear empleo, la gente tiene que ganarse la vida de alguna manera", afirma Camacho. "Al fin y al cabo, ¿quién les da de comer? Los narcos".

*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por Silvia Lorenzo.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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