El presidente de EE UU recibe en la Casa Blanca a su homólogo libanés, Joseph Aoun, para desarmar a la milicia chií aliada de Irán mientras siguen los choques en Ormuz
Regala esta noticia Añádenos en Google Donald Trump ha recibido este martes a Jospeh Aoun. (Reuters)Corresponsal. Washington
21/07/2026 a las 19:17h.El presidente de EE UU, Donald Trump, se comprometió este martes a reforzar al Gobierno y al ejército de Líbano para que recuperen el control ... efectivo del sur del país de manos de Israel, desplacen a Hezbolá de las zonas bajo su dominio y permitan una retirada gradual de las fuerzas hebreas. El objetivo final declarado por Washington es terminar de forma permanente con el estado de hostilidad entre israelíes y libaneses y abrir la puerta a una normalización de relaciones.
Trump recibió en la Casa Blanca al presidente libanés, Joseph Aoun, en la primera visita oficial de un jefe de Estado de ese país desde 2009. Ambos presentaron el acuerdo marco firmado en junio entre Tel Aviv y Beirut, con mediación estadounidense, como el inicio de un proceso más amplio destinado a desarmar a Hezbolá, desplegar al ejército libanés en las áreas abandonadas por Israel y avanzar hacia un tratado de paz.
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President Trump participates in a Bilateral Meeting with the President of the Republic of Lebanon https://t.co/NHyvU2BrGU
— The White House (@WhiteHouse) July 21, 2026Aoun llegó a Washington con dos peticiones principales: quiere respaldo político para ejecutar el acuerdo y más ayuda para el ejército libanés. El presidente sostuvo que las Fuerzas Armadas son la institución nacional con mayor apoyo social y la única capaz de impedir que el vacío dejado por Israel sea ocupado de nuevo por Hezbolá u otras milicias.
El recuerdo de la guerra civil, iniciada en 1975, estuvo presente en sus palabras. Aoun advirtió de que el hundimiento del ejército precedió entonces a la proliferación de grupos armados y al colapso del Estado. «Sin las Fuerzas Armadas libanesas, todo se derrumbará», afirmó al pedir financiación, equipos y personal para ejecutar el acuerdo.
Trump se mostró dispuesto a mantener y ampliar ese apoyo. EE UU ya participa en la formación y evaluación de unidades libanesas destinadas a operar en el Sur. Washington estudia además qué fuerzas pueden asumir las misiones más sensibles, ante el temor de que una confrontación directa con Hezbolá provoque divisiones internas o una nueva guerra civil.
Desarme de Hezbolá
El plan no contempla, al menos en su primera fase, una operación militar frontal para eliminar a la organización chií. La apuesta estadounidense es reducir de forma gradual su espacio territorial, político y militar: cortar sus rutas de abastecimiento, retirar sus armas de las localidades del Sur y sustituir sus estructuras por instituciones estatales.
La apertura al diálogo convive con una presión creciente sobre la milicia y su principal patrocinador, Irán. Israel ha infligido daños considerables a Hezbolá durante meses de enfrentamientos, pero Washington considera que la organización no puede ser eliminada únicamente mediante ataques hebreos. Para desarmarla será necesaria la cooperación del Estado libanés y un acuerdo que garantice simultáneamente la retirada del Estado judío.
Hezbolá ha rechazado el marco negociado por Washington y lo ha calificado de humillante y contrario a la soberanía de Líbano. La organización exige una retirada israelí completa e incondicional antes de abordar cualquier discusión sobre sus armas. El acuerdo firmado en junio no establece, sin embargo, un calendario automático para ese repliegue, sino un proceso progresivo condicionado al despliegue efectivo de las fuerzas libanesas.
Trump sostiene que Líbano ha sido utilizado durante años como terreno de confrontación entre Israel, Irán y Hezbolá
En una fase posterior, Trump quiere incorporar a Beirut a la arquitectura regional abierta por los Acuerdos de Abraham, de establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel. El presidente aseguró que otros países se sumarán pronto y señaló que los libaneses tienen un lugar importante en ese proceso. Aoun, por su parte, afirmó que el objetivo último es «terminar para siempre con el estado de hostilidad entre Líbano e Israel».
La normalización requeriría superar obstáculos jurídicos y políticos profundos. Líbano mantiene una ley de 1955 que criminaliza determinados contactos con ciudadanos israelíes, y ambos países continúan técnicamente en guerra. El acuerdo de junio no establece todavía relaciones diplomáticas, pero sí reconoce como meta unas relaciones pacíficas entre dos Estados soberanos.
Trump presentó el proyecto como parte de una reorganización más amplia de Oriente Medio. Su plan combina presión militar sobre Irán, debilitamiento de Hezbolá, fortalecimiento del Estado libanés y negociación directa entre Beirut e Israel. La prioridad inmediata será comprobar si las primeras retiradas israelíes se completan sin nuevos enfrentamientos y si el ejército de Líbano dispone de medios para conservar el territorio.
El resultado dependerá también de que Hezbolá acepte perder el poder militar acumulado durante décadas. Washington confía en que el deterioro de la organización, la presión sobre Teherán y la destrucción sufrida por el sur libanés reduzcan su capacidad para bloquear el proceso. Trump dijo tener una predisposición personal favorable hacia Líbano, país que, a su juicio, ha sido utilizado durante años como terreno de confrontación entre Israel, Irán y la milicia chií. «Ha sido tratado como un saco de boxeo», afirmó.
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