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Una oportunidad histórica para la banca europea

Una oportunidad histórica para la banca europea
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Hace falta voluntad real de los Estados miembros de llegar a acuerdos ambiciosos, generosos y valientes. Leer
OPINIÓNUna oportunidad histórica para la banca europea
  • ÁLVARO BENZO*
Actualizado 21 JUL. 2026 - 00:13Maria Luís Albuquerque, comisaria europea de Servicios Financieros.OLIVIER HOSLETEFE

Hace falta voluntad real de los Estados miembros de llegar a acuerdos ambiciosos, generosos y valientes.

El pasado viernes, la Comisión Europea dio un paso fundamental para reforzar la competitividad del sector bancario europeo. En su comunicación, establece nuevos principios que deberían guiar la actuación de los reguladores europeos en el ámbito financiero y anticipa una serie de medidas que pretenden simplificar nuestro complejo marco normativo, reducir la fragmentación, racionalizar los requerimientos prudenciales (de solvencia y liquidez) e introducir incentivos más adecuados para fomentar la innovación y favorecer el crédito a la economía.

En los últimos tiempos se había generado un cierto escepticismo sobre el grado de ambición real de los reguladores europeos en este proceso de simplificación normativa. Sin embargo, la Comisión Europea no elude ninguno de los temas más relevantes que el sector financiero había puesto sobre la mesa, sienta unas bases adecuadas para el desarrollo de las medidas que están por llegar y da un claro golpe de timón en lo que podemos llamar cultura regulatoria y de supervisión en la UE.

La Comisión Europea aboga por reducir la prolijidad de normas de nivel 2 y 3 (normas de desarrollo del nivel 1) y el exceso de discrecionalidades nacionales que generan mucha complejidad y heterogeneidad en la Unión Europea. Para ello, propone apoyarse más en reglamentos europeos de aplicación directa en todos los Estados miembros.

De todas las medidas anunciadas, las que pueden tener un mayor impacto se refieren al capital de las entidades. Se plantean medidas importantes que podrían aliviar tanto el consumo de capital de las inversiones en innovación y digitalización (software) como el de determinadas operaciones de crédito, favoreciendo el flujo de financiación a la economía. Además, la Comisión reconoce que en las actuaciones de los reguladores europeos ha faltado coordinación, visión de conjunto (holística) e incluso, que puede haber solapamiento en los requerimientos impuestos a las entidades por lo que propone nuevos mecanismos para fijar estas necesidades de capital.

Un segundo bloque de medidas busca simplificar y aligerar cargas administrativas. El legislador se compromete a aliviar algunos procesos de supervisión y escrutinio y a seguir reduciendo las necesidades de información que las entidades reportan a las autoridades (que ya se han reducido en un 50% en 2026). El legislador europeo también reconoce la necesidad de aplicar un mayor grado de proporcionalidad en las exigencias a las entidades europeas, reduciendo la carga de las entidades más pequeñas.

Finalmente, aborda una de las grandes asignaturas pendientes. Aunque no parece realista insistir en el ansiado mecanismo europeo de garantía de depósitos, el legislador propone medidas para mutualizar recursos que apoyen la liquidez de los fondos de garantía de depósitos nacionales y la resolución de entidades en situaciones de crisis. En resumen, el comunicado de la Comisión Europea tiene un elevado grado de ambición, hace una encomiable labor de autocrítica y plantea medidas de importante calado.

Difíciles consensos

No obstante, ahora empieza un camino con retos importantes. En primer lugar, ninguna de las reformas propuestas puede salir adelante sin el respaldo del Consejo y el Parlamento europeos: hace falta una verdadera voluntad por parte de los Estados miembros de la Unión de llegar a acuerdos ambiciosos, generosos y valientes. La complejidad normativa no es solamente consecuencia de la multitud de autoridades y reguladores comunitarios, como muchas veces se apunta, sino en gran medida también, de la dificultad para alcanzar consensos entre Estados. Las opciones de discrecionalidad nacional y los mandatos a la EBA para que desarrolle normas de nivel 2 y 3 se han convertido en una técnica de negociación muy extendida para sacar adelante las iniciativas legislativas.

El segundo gran escollo es que la efectividad de las medidas se diluya en su proceso de calibración. La propia Comisión advierte de ello. El calibrado de algunas medidas podría hacer incluso que los requerimientos de capital aumentaran en algunos casos. Europa no se puede permitir otro disparo en el pie cuando la Reserva Federal ha mostrado un alto grado de ambición concretando sus medidas en rebajas en torno al 5% de las exigencias de capital a las entidades más grandes y hasta el 8%, en media, en las más pequeñas.

El supervisor también tiene que comprometerse con este proceso. De nada sirve que se cree un nuevo marco normativo si este se ve superado por vueltas de tuerca adicionales del supervisor en la zona euro (el BCE), en forma de expectativas supervisoras más o menos formalizadas en guías del supervisor, con el objetivo de mantener el statu quo actual. Hay ejemplos bien conocidos donde el estándar supervisor desbanca a la norma.

Por tanto, tras esta meritoria comunicación llega la hora de la concreción y los acuerdos. Tenemos una oportunidad única de dar pasos decisivos para fomentar la competitividad del sistema financiero. Las expectativas son altas. Los reguladores europeos y también los Estados miembros tienen la responsabilidad de cumplir con esas expectativas o de lo contrario ahondar en la pérdida de relevancia geopolítica... Y no nos van a defraudar.

Álvaro Benzo, Socio responsable de Riesgos y Regulación Financiera en PwC

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Fuente original: Leer en Expansión
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