Ampliar
El acusado de violar y maltratar de forma continuada a su pareja en Burjassot. I. Cabanes Violada por su pareja: «Me rapé el pelo porque se convirtió en su arma contra mí»El acusado, que se enfrenta a 34 años de prisión, niega las agresiones y asegura que su ex lo denunció para quedarse con la casa
Ignacio Cabanes
Miércoles, 22 de abril 2026, 08:06 | Actualizado 08:49h.
... parte de su exmarido y padre de sus cuatro hijos. Con esta frase se pudo resumir el terror que supuestamente padeció durante años la mujer cuando el acusado, movido por los celos y un claro desprecio hacia ella por ser mujer, la agarraba de la cabellera para impedirle el movimiento o para arrastrarla. Esta medida desesperada —despojarse de su propio cabello— fue su única vía para intentar neutralizar uno de los puntos recurrentes durante los ataques.El relato de la víctima, que compartió techo con su presunto agresor en una vivienda de Burjassot durante más de dos décadas, ha dibujado ante el tribunal una crónica de violencia sistémica, control psicológico y una brutalidad física que culminó cuando ella decidió poner fin a su matrimonio en febrero de 2024.
Tras esta petición de divorcio la situación se agravó. A pesar de que la pareja, casada desde 2001, ya dormía en habitaciones separadas, el procesado presuntamente ignoró la voluntad de la mujer, forzándola sexualmente hasta en tres ocasiones, utilizando presuntamente la violencia física como herramienta de sometimiento.
La mujer denuncia también que el procesado inculcaba a sus hijos varones una actitud misógina, prohibiéndoles ayudar en las tareas domésticas «ni siquiera cuando yo estaba enferma». «Mi madre se metía un zapato en la boca y no hablaba, y tú que lo tienes todo te quejas», le recriminaba su presunto maltratador para normalizar las condiciones en las que tenía a su esposa.
Un entorno de amenazas y sumisión
Los hechos se remontan a febrero de 2024. Tras manifestar ella su intención de divorciarse, el control del acusado se intensificó. El Ministerio Fiscal sostiene que el encausado la forzó sexualmente en tres ocasiones, pese a la oposición de la víctima. Uno de estos episodios se produjo el 5 de febrero, cuando la mujer se encontraba exhausta tras haber salido del hospital. El acusado creía que le era infiel y ante su silencio y falta de respuesta -ella explica que no le hablaba porque hacía tiempo que no le dirigía la palabra-, este se acercó, la agarró del cuello y le introdujo los dedos en la vagina para comprobar su supuesta infidelidad. Esta agresión le provocó sangrado y dolores persistentes durante los días posteriores.
El historial de agresiones no se limitó a la esfera sexual. Según el escrito de acusación, en otra ocasión el procesado aprovechó que la mujer se había quedado dormida tras ingerir un diazepam para atacarla. «Algún día te meteré la nariz por el suelo», llegó a espetarle.
La víctima describe un control machista absoluto por parte de su por entonces esposo, que controlaba sus comunicaciones. En una ocasión, mientras ella hablaba por teléfono con la profesora de uno de sus hijos, el hombre la empujó y tiró del pelo —hecho que se produjo durante el mes del Ramadán— al no aparecer el nombre del contacto en la pantalla del móvil. La víctima ha explicado que, cuando intentaba levantarse del sofá para huir de la situación, él la sujetaba con fuerza, impidiéndole cualquier escapatoria.
En silencio por las apariencias
A pesar de la gravedad de los hechos, que incluían agresiones presenciadas por los menores, la víctima ha confesado que durante mucho tiempo trató de «guardar las apariencias». El sentimiento de «vergüenza ajena» y el miedo a las represalias la mantuvieron en un estado de parálisis. Incluso en momentos de agresión sexual, estando presentes en la vivienda su hermana y su cuñado, no fue capaz de alertarlos.
La mujer también ha denunciado la falta de recursos y orientación que percibió en los momentos de mayor vulnerabilidad: «No sabía a dónde acudir, estuve mirando por internet y no encontraba nada». Esta desprotección se veía agravada por las amenazas económicas del marido: «Si quieres el divorcio aquí tienes la puerta, vete tú con tus hijas; si no fuera por mí os moriríais de hambre».
Por su parte, el acusado se ha limitado a negar las graves acusaciones que pesan sobre él y mantiene que la denuncia responde a un interés espurio de su exmujer para quedarse con la casa. Aunque la denunciante ha rechazado de plano esta hipótesis, asegurando que su único deseo era salir de ese entorno, y que si hubiera tenido los medios económicos lo habría hecho antes. Ante las preguntas de la defensa sobre el posible interés de la denunciante en divorciarse y quedarse con la vivienda que había comprado su representado, la mujer asegura que ni mucho menos, ya que no quería que sus hijos crecieran en un barrio marginal como en el que se encontraba el citado inmueble, «en una de las peores zonas de Burjassot».
La defensa -recoge Las Provincias-, que pide la libre absolución de su representado, solicitó al comienzo del juicio que el hijo mayor del matrimonio, que reside con el padre, declarara como testigo, pero el tribunal se ha opuesto a la práctica de dicha prueba.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión
- Temas
- Burjassot