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Andrés Trapiello, la novela de una vida

Andrés Trapiello, la novela de una vida
Artículo Completo 765 palabras
«A lo de la cueva -respondieron- hay mucho que decir: de todo tiene». (Quijote, II, LXII). Y todo lo que tiene este libro es bien sencillo y, por ello, bien complejo. Está la vida contada a cada instante. Este volumen 25 de la serie 'Salón de los pasos perdidos' corresponde a las industrias y andanzas del narrador en el año 2011. Antes que nada, hay que recordar al lector que se encuentra ante 'Una novela en marcha' . En marcha con la vida. En él ni hay queja, ni de nada se presume. Se vive y se cuenta. Como las grandes obras surgidas en la plenitud del género en el siglo XIX. Tratan de la vida, desde su lado estoico. Como novela, poco importa si lo que se cuenta ha sucedido o no. Hay realidad, hay sueños, hay confesiones. Porque su aspiración, plenamente lograda, es presentar un gran fresco de la condición humana en estos primeros años del siglo XXI.Ensayo 'De todo tiene. Salón de los pasos perdidos. Volumen. 25' Autor Andrés Trapiello Editorial Ediciones del Arrabal Año 2026 Precio 32,90 euros Páginas 439 Valoración *****Su geografía va y viene del Rastro madrileño a Las Viñas en el campo extremeño; de los viajes íntimos y literarios a las conferencias y encuentros, siempre en torno a la literatura, al arte, a los amigos , a los curiosos, a los impertinentes; de la familia a los paseos por Madrid o por donde uno, curioso el narrador siempre, le lleve. Noticia relacionada No No CRÍTICA DE: 'Fractal del Salón de los pasos perdidos', de Andrés Trapiello: el paisaje infinito Fernando R. LafuenteEstá escrito con una prosa que muestra la llaneza como primer rasgo, lejos de toda afectación, escribe como se habla y no escribe como se escribe. Parece que no cuenta nada , el pasar de los días, de los años, y, al leerlo uno siente que lo cuenta todo , al menos todo lo que merece contar en una vida. Ejercicio soberano. La huella del Galdós que al ser preguntado «¿La vida?» respondió: «Qué misterio». Y esa es la clave de estas páginas. La feliz conjunción del misterio de Galdós y la ironía, profundamente melancólica de Cervantes. Referencias, junto a Juan Ramón Jiménez, Ramón Gaya y otros, del autor.Esta última entrega es la más completa, la más depurada, Trapiello ha perfilado un estilo literario de una naturalidad que conmueveSi hay un escritor en español semejante a estas huellas, ruega uno se lo presenten, porque así serán dos. El libro emociona porque recuerda aquello de Stendhal : «Cuando miento me aburro». Y aquí no hay lugar para el aburrimiento. Emociona porque después de las 439 páginas, más que leerlas uno se las ha bebido de un trago largo, reposado y feliz. Uno no quiere dejar al narrador, a M., a G., a R., a tantos y tantos que pasan por ese salón de pasos ganados para la vida, para la memoria. Lo que divierte, en el más noble y literario sentido del término, es contemplar cómo pasa la vida , poco importa si el lector conoce o no a quien corresponden las iniciales. Por eso es una novela. De lo contrario sería una crónica, un diario. No lo es, solo literatura en estado puro. Un gran acierto de Trapiello, y con éste van 25.Ocurre que esta última entrega es la más completa , la más depurada, Trapiello ha perfilado un estilo literario de una naturalidad que conmueve. Los domingos del Rastro son una fiesta barojiana; los días en Las Viñas, un lugar en el mundo donde reflejar el paso del tiempo; la farándula ambiente, un regocijo de la citada condición humana; la amistad, una entrega a la complicidad y el cariño. Trapiello entronca con la más firme y eterna tradición literaria española. La renueva, la viste con los ropajes del presente y la instala en el tiempo por los siglos de los siglos. Con una frase final absoluta y maravillosamente dickensiana para el día en que está escrita, y para los que vendrán.

«A lo de la cueva -respondieron- hay mucho que decir: de todo tiene». (Quijote, II, LXII). Y todo lo que tiene este libro es bien sencillo y, por ello, bien complejo. Está la vida contada a cada instante. Este volumen 25 de la serie 'Salón de los pasos perdidos' ... corresponde a las industrias y andanzas del narrador en el año 2011.

Antes que nada, hay que recordar al lector que se encuentra ante 'Una novela en marcha'. En marcha con la vida. En él ni hay queja, ni de nada se presume. Se vive y se cuenta. Como las grandes obras surgidas en la plenitud del género en el siglo XIX.

Tratan de la vida, desde su lado estoico. Como novela, poco importa si lo que se cuenta ha sucedido o no. Hay realidad, hay sueños, hay confesiones. Porque su aspiración, plenamente lograda, es presentar un gran fresco de la condición humana en estos primeros años del siglo XXI.

Su geografía va y viene del Rastro madrileño a Las Viñas en el campo extremeño; de los viajes íntimos y literarios a las conferencias y encuentros, siempre en torno a la literatura, al arte, a los amigos, a los curiosos, a los impertinentes; de la familia a los paseos por Madrid o por donde uno, curioso el narrador siempre, le lleve.

'Fractal del Salón de los pasos perdidos', de Andrés Trapiello: el paisaje infinito

Está escrito con una prosa que muestra la llaneza como primer rasgo, lejos de toda afectación, escribe como se habla y no escribe como se escribe. Parece que no cuenta nada, el pasar de los días, de los años, y, al leerlo uno siente que lo cuenta todo, al menos todo lo que merece contar en una vida. Ejercicio soberano. La huella del Galdós que al ser preguntado «¿La vida?» respondió: «Qué misterio». Y esa es la clave de estas páginas. La feliz conjunción del misterio de Galdós y la ironía, profundamente melancólica de Cervantes. Referencias, junto a Juan Ramón Jiménez, Ramón Gaya y otros, del autor.

Esta última entrega es la más completa, la más depurada, Trapiello ha perfilado un estilo literario de una naturalidad que conmueve

Si hay un escritor en español semejante a estas huellas, ruega uno se lo presenten, porque así serán dos. El libro emociona porque recuerda aquello de Stendhal: «Cuando miento me aburro». Y aquí no hay lugar para el aburrimiento. Emociona porque después de las 439 páginas, más que leerlas uno se las ha bebido de un trago largo, reposado y feliz. Uno no quiere dejar al narrador, a M., a G., a R., a tantos y tantos que pasan por ese salón de pasos ganados para la vida, para la memoria. Lo que divierte, en el más noble y literario sentido del término, es contemplar cómo pasa la vida, poco importa si el lector conoce o no a quien corresponden las iniciales. Por eso es una novela. De lo contrario sería una crónica, un diario. No lo es, solo literatura en estado puro. Un gran acierto de Trapiello, y con éste van 25.

Ocurre que esta última entrega es la más completa, la más depurada, Trapiello ha perfilado un estilo literario de una naturalidad que conmueve. Los domingos del Rastro son una fiesta barojiana; los días en Las Viñas, un lugar en el mundo donde reflejar el paso del tiempo; la farándula ambiente, un regocijo de la citada condición humana; la amistad, una entrega a la complicidad y el cariño. Trapiello entronca con la más firme y eterna tradición literaria española. La renueva, la viste con los ropajes del presente y la instala en el tiempo por los siglos de los siglos. Con una frase final absoluta y maravillosamente dickensiana para el día en que está escrita, y para los que vendrán.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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