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Vicente Gallego, hacia una vida nueva

Vicente Gallego, hacia una vida nueva
Artículo Completo 706 palabras
Gran parte de la poesía del siglo XX no es sino la expresión de una crisis: la crisis del yo, la de lo real y la del lenguaje que intenta representarlos. Sin embargo, Vicente Gallego desafía a esa tradición poniendo en marcha otra perspectiva, la de la poesía como conciencia de celebración , la poesía como forma de sentirse acompañado por las cosas y los seres del mundo, la de aceptar una mirada de inocencia, es decir, una mirada hacia el asombro y la maravilla. Podríamos decir, con Pascal Quignard , que es la poesía de la parca majestuosidad de lo humilde. Ríos, calles, gorriones, grillos, juncos, estrellas, juegos, toda una geografía de contemplaciones que, en Vicente Gallego, no es otra cosa que una aventura espiritual o, si se quiere, una aventura moral, esa de ver en los pequeños acontecimientos diarios una revelación y hasta una cura. Eso es lo que nos ofrece en esta 'Canción del agua a solas', una verdadera reescritura de toda su obra . Vicente Gallego parece como si hubiera sometido todos sus libros de poemas a una vía purgativa, como si los hubiera limpiado de ruidos para oír y decir su voz más esencial. Poesía 'Canción de agua a solas' Autor Vicente Gallego Editorial Visor Año 2026 Páginas 583 Precio 20 euros Valoración ****Ha prescindido para ello de sus cinco primeras entregas, y sobre el resto ha llevado a cabo una profunda revisión. El resultado es un libro nuevo de madurez y de belleza, también de una osadía muy juanramoniana . Pero, además, si se tiene en cuenta los nuevos poemas, esa enorme cantidad de inéditos aquí recogidos, es fácil determinar que Vicente Gallego necesitaba escribir este libro desde su raíz porque era el espejo de la profunda transformación vital y espiritual que en él se ha llevado a cabo y de la que también ha ido dejando huellas en sus libros de ensayos.Noticia relacionada No No LA TERCERA Vigencia y necesidad de Juan de la Cruz Carlos Aganzo Con Juan de la Cruz al fondo, con la antigua poesía popular castellana, con Emily Dickinson, Claudio Rodríguez y la poesía oriental, 'Canción del agua a solas' es un cántico, un abrazo con la realidad tal como es, sin ficciones ni metafísicas, guiado por la emoción y la falta de solemnidad. Como él ya escribió en el ensayo 'Vivir el cuerpo de la realidad': «No se pretende decir la verdad -disecarla y falsearla- sino evocar la viveza de sus aromas ». Símbolos encontrados en la naturaleza, experiencias en el ámbito doméstico, celebraciones de la amistad, momentos de esta vida nueva que se hace nueva en cada mirada y que se aleja de la melancolía moderna con un gesto humilde: reflejar la fascinación de vivir y sus momentos de duración, como diría Peter Handke , esos que siendo tiempo están suspendidos en el tiempo. Este nuevo libro, esta guía de contemplaciones, es también un cuaderno de visiones y vivencias . Especial relevancia tiene el uso del lenguaje a la vez tan sencillo, tan lleno de tensiones y tan esplendoroso. Gallego, como ocurre en la pintura de George La Tour, prefiere lo callado, la luz de la vela a los grandes escenarios lingüísticos espirituales. Habla siempre como revelando un secreto.'Canción del agua a solas' es el retrato de una mutación que ya se venía gestando en toda la poesía anterior de Vicente Gallego, incluso, aunque él no lo crea, en algunos momentos de libros como 'La luz, de otra manera'. Pero que aquí llega a su máxima expresión , a su máxima exigencia, a su máxima emoción. Memorable como lo es una gran obra.

Gran parte de la poesía del siglo XX no es sino la expresión de una crisis: la crisis del yo, la de lo real y la del lenguaje que intenta representarlos. Sin embargo, Vicente Gallego desafía a esa tradición poniendo en marcha otra perspectiva, ... la de la poesía como conciencia de celebración, la poesía como forma de sentirse acompañado por las cosas y los seres del mundo, la de aceptar una mirada de inocencia, es decir, una mirada hacia el asombro y la maravilla.

Podríamos decir, con Pascal Quignard, que es la poesía de la parca majestuosidad de lo humilde. Ríos, calles, gorriones, grillos, juncos, estrellas, juegos, toda una geografía de contemplaciones que, en Vicente Gallego, no es otra cosa que una aventura espiritual o, si se quiere, una aventura moral, esa de ver en los pequeños acontecimientos diarios una revelación y hasta una cura.

Eso es lo que nos ofrece en esta 'Canción del agua a solas', una verdadera reescritura de toda su obra. Vicente Gallego parece como si hubiera sometido todos sus libros de poemas a una vía purgativa, como si los hubiera limpiado de ruidos para oír y decir su voz más esencial.

Ha prescindido para ello de sus cinco primeras entregas, y sobre el resto ha llevado a cabo una profunda revisión. El resultado es un libro nuevo de madurez y de belleza, también de una osadía muy juanramoniana.

Pero, además, si se tiene en cuenta los nuevos poemas, esa enorme cantidad de inéditos aquí recogidos, es fácil determinar que Vicente Gallego necesitaba escribir este libro desde su raíz porque era el espejo de la profunda transformación vital y espiritual que en él se ha llevado a cabo y de la que también ha ido dejando huellas en sus libros de ensayos.

Con Juan de la Cruz al fondo, con la antigua poesía popular castellana, con Emily Dickinson, Claudio Rodríguez y la poesía oriental, 'Canción del agua a solas' es un cántico, un abrazo con la realidad tal como es, sin ficciones ni metafísicas, guiado por la emoción y la falta de solemnidad.

Como él ya escribió en el ensayo 'Vivir el cuerpo de la realidad': «No se pretende decir la verdad -disecarla y falsearla- sino evocar la viveza de sus aromas». Símbolos encontrados en la naturaleza, experiencias en el ámbito doméstico, celebraciones de la amistad, momentos de esta vida nueva que se hace nueva en cada mirada y que se aleja de la melancolía moderna con un gesto humilde: reflejar la fascinación de vivir y sus momentos de duración, como diría Peter Handke, esos que siendo tiempo están suspendidos en el tiempo.

Este nuevo libro, esta guía de contemplaciones, es también un cuaderno de visiones y vivencias. Especial relevancia tiene el uso del lenguaje a la vez tan sencillo, tan lleno de tensiones y tan esplendoroso. Gallego, como ocurre en la pintura de George La Tour, prefiere lo callado, la luz de la vela a los grandes escenarios lingüísticos espirituales. Habla siempre como revelando un secreto.

'Canción del agua a solas' es el retrato de una mutación que ya se venía gestando en toda la poesía anterior de Vicente Gallego, incluso, aunque él no lo crea, en algunos momentos de libros como 'La luz, de otra manera'. Pero que aquí llega a su máxima expresión, a su máxima exigencia, a su máxima emoción. Memorable como lo es una gran obra.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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