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La propuesta bebe del plan de 2025 de lanzar impuesto a las empresas con 100 millones de facturación, pero elevando el umbral para afectar solo a las firmas más grandes.
La idea de un impuesto a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses vuelve a recorrer los pasillos del palacio Berlaymont, la sede de la Comisión Europea. El Ejecutivo comunitario trabaja en esta medida que tantos enfrentamientos ha desatado con Donald Trump al entender que puede convertirse en una vía para lograr nuevos ingresos.
Eso sí, diferencia de en ocasiones anteriores, ahora Bruselas trata de hilar más fino con su tasazo para evitar represalias y agitar de nuevo los fantasmas de una guerra comercial. Según adelantó Financial Times, la Comisión Europea plantea "colar" de nuevo en la agenda ese impuesto a las empresas tecnológicas escondido bajo la forma de un gravamen generalizado a todas las grandes compañías.
El objetivo es que no se hable específicamente de una tasa sobre nombres eminentemente estadounidenses, como Alphabet, Meta o Amazon, sino que se vea como un impuesto europeo generalizado que incluso afecte a un grupo de compañías comunitarias. Con ello, los técnicos de la Comisión Europea entienden que podría pasar más desapercibido
Por el momento, los técnicos de la Comisión Europea siguen trabajando en esta propuesta y no se ha hecho público la forma que podría tener. Sin embargo, lo lógico es que el impuesto a las grandes compañías sea una evolución de la tasa Core que planteó Bruselas en verano del pasado año. Esa medida contemplaba imponer una contribución fija a las arcas públicas europeas a todas las empresas comunitarias con más de 100 millones de euros de facturación. El objetivo de esta medida era recaudar alrededor de 6.000 millones de euros.
De entre todos los impuestos que la Comisión Europea puso sobre la mesa cuando presentó su propuesta de nuevo Marco Financiero Plurianual 2028-2034, el core fue una de las que más rechazo generó entre los Estados miembros. Las capitales entendían que este gravamen que afectaba en gran medida a muchas medianas empresas y les restaba competitividad internacional por el mero hecho de operar en Europa.
Umbral elevado
Para tratar de convertir este impuesto en una tasa sobre los gigantes tecnológicos, la institución presidida por Ursula von der Leyen tendría que elevar exponencialmente el umbral de facturación a partir del cual aplica el tributo. De esta forma, únicamente quedaría de la propuesta original el hecho de que afecta a todos los sectores de la actividad económica para evitar señalamientos. La Comisión Europea también tendría que determinar si mantiene el plan de que el cobro sea un monto fijo o si, por el contrario, modifica también la fórmula para ligarla a la facturación total a través de un porcentaje.
Este umbral más elevado podría aliviar el recelo que muchos Estados miembros habían manifestado sobre la idea inicial de este impuesto corporativo europeo al eximir del pago a las medianas empresas. En cualquier caso, la calibración de estos tributos siempre es compleja, pues, en función de los parámetros acordados, se puede acabar afectando más a unos u otros Estados miembros a pesar de que el objetivo real sean los gigantes tecnológicos.
Estos equilibrios resultan extremadamente relevantes en materia de nuevos recursos propios. La Unión Europea exige que las medidas de este tipo se aprueben por unanimidad, lo que ha llevado en muchas ocasiones a paralizar iniciativas o a que vean la luz versiones descafeinadas de las propuestas iniciales de nuevos impuestos.
Fase preliminar
Pero los trabajos sobre la nueva tasa a los gigantes tecnológicos no se encuentran aún tan avanzados. La iniciativa busca sobre todo volver a poner sobre la mesa propuestas de nuevos impuestos comunitarios en el contexto de una nueva cumbre del Consejo Europeo, que citará los próximos 15 y 16 de octubre a los líderes de los Estados miembros en Bruselas.
Entre otras cuestiones, los presidentes y jefes de Estado deberán avanzar en el debate del nuevo presupuesto europeo valorado de momento en dos billones de euros para los próximos siete años. Se trata de una negociación que también requiere unanimidad y que se antoja especialmente tensa por la brecha entre las partes.
El grupo de países conocidos como frugales -Alemania, Países Bajos, Austria, Suecia, Finlandia y Dinamarca- ha solicitado "recortar en cientos de miles de millones de euros" el presupuesto europeo mientras que los llamados amigos de la cohesión, entre los que está España, piden aumentar la pólvora de las nuevas cuentas para hacer frente a los retos que enfrenta Europa.
Precisamente, Von der Leyen ve en los nuevos impuestos un puente para que las posturas de ambos grupos puedan converger y los presupuestos lleguen a buen puerto. Si la Comisión Europea logra nuevas vías para conseguir ingresos podría gastar más sin necesidad de elevar las contribuciones nacionales
"Si queremos preservar nuestras prioridades y mantener el nivel de ambición que tenemos para Europa, tenemos que hacer el trabajo difícil por el lado de los ingresos", insistió la alemana el martes en su discurso durante el pleno del Parlamento Europeo.
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