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Economía

El coste de una cesta de la compra a medio llenar

El coste de una cesta de la compra a medio llenar
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Decir que la inflación baja puede sonar a que bajan los precios. Pero no es así. Es una de las pequeñas trampas del lenguaje económico. Leer

INFLACIÓN

El coste de una cesta de la compra a medio llenarActualizado 11 SEP. 2026 - 00:32DREAMSTIMEEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Decir que la inflación baja puede sonar a que bajan los precios. Pero no es así. Es una de las pequeñas trampas del lenguaje económico.

Cuando Carmen fue a hacer la compra el martes pasado, volvió con una bolsa menos que de costumbre. Llevaba leche, huevos, tomates, café, detergente, pechugas de pollo. Lo que faltaba era una botella de vino. Y no era porque la hubiera olvidado, sino porque la cesta se iba de precio. "La próxima vez que venga", se dijo.

Los economistas tienen un nombre para lo que le ha ocurrido a Carmen: inflación. Ella lo llama de otra manera. Carmen dice: "¡Cómo ha subido esto!".

El problema de la inflación es que no necesita arruinarte para hacerte sentir más pobre. Le basta con ir quitando de la cesta algunas cosas. Primero desaparece la botella de vino. Luego dejas de comprar carne cada vez que vas al súper. El aceite de oliva virgen extra se convierte en un producto de lujo. Y llega un día en el que descubres que ya no estás intentando comprar barato. Intentas no notar que lo que haces es comprar peor.

Los datos que podemos leer en las páginas de EXPANSIÓN dicen que los precios siguen subiendo. Leemos que el IPC avanzó un 4,3% interanual en agosto y la inflación subyacente se situó en el 2,9%. Pero el consumidor tiene una manera propia de comprender esto. En su memoria guarda un registro con el histórico de los precios. Ese registro le dice, por ejemplo, que esa tortilla envasada antes costaba tres euros menos. Puede estar equivocado o no. Pero es así como, más allá de los datos en abstracto, asimila una sensación de carestía.

Además, hay algo extraño en las discusiones sobre inflación. Cuando baja del 6% al 3% celebramos que los precios suben más despacio. Y tenemos razón. Pero Carmen sigue pagando más. Es una de las pequeñas trampas del lenguaje económico: decir que la inflación baja puede sonar a que bajan los precios. Pero no es así.

El sábado Carmen volvió al supermercado. Cogió la botella de vino y volvió a dejarla en la estantería. Avanzó un par de pasos y metió en la cesta una botella de otra marca. "Hoy sí", se dijo. Después de unos años aprendiendo a renunciar a pequeñas cosas, quizá lo interesante ahora sería saber cuánto tiempo más se le puede pedir a los ciudadanos que renuncien a su antigua sensación de bienestar.

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Fuente original: Leer en Expansión
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