María Guardiola y Vox no cosieron ayer las profundas heridas que les separan en el pleno de constitución de la Asamblea de Extremadura. Al contrario. La tensión y la distancia entre ambas partes es aún mayor hoy que hace 48 horas, cuando la formación de Santiago Abascal comunicó a la presidenta de la Junta en funciones, a través de un frío correo electrónico de una línea de extensión, que abandonaba las negociaciones para la investidura. La situación se tradujo en una especie de déjà vu a lo ocurrido tras las elecciones de hace dos años, cuando también entonces, en el primer pleno de la legislatura, la relación explotó y sólo se recondujo con la intervención de Génova.
Al menos, la gran diferencia era que ayer el PP extremeño tenía amarrada la presidencia del hemiciclo por ser la lista mas votada (en 2023 del desencuentro de la derecha se favoreció el PSOE). Otro matiz fue el guiño que intentó la baronesa del PP con Vox. Por sorpresa, le cedió el voto de 10 diputados para que consiguiera la secretaría primera de la mesa. «Hemos intentado un gesto, tender puentes para transmitir que hay voluntad de seguir dialogando, que nosotros no nos hemos salido de la línea de buscar un acuerdo», comentó un alto dirigente popular a EL MUNDO en los pasillos de la cámara regional. El efecto resultó todo lo contrario. Lejos de agradecerlo (Vox se hubiera quedado sin ninguna representación oficial en el órgano de control del poder legislativo), lo consideró casi «como un insulto», bramaban sus diputados al término del pleno. «Si se creía que con eso nos iba a comprar...», respondió un indignado Óscar Fernández, candidato de Vox en las elecciones del pasado 21 de diciembre. Era un secreto a voces que el deseo era hacerse con la Presidencia de la Asamblea. Para ello, los de Abascal presentaron para este puesto al senador autonómico Ángel Pelayo Gordillo. «Eso sí hubiera sido un gesto hacia nosotros y no estas migajas», destacan en Vox.
El pasado lunes, el día antes de la celebración del pleno de constitución, ya no volvieron a sonar los teléfonos entre PP y Vox. No hubo un último intento para cerrar un acuerdo exprés para la cámara legislativa que hubiera allanado el camino para la investidura de Guardiola. La ruptura de las negociaciones anunciada por Vox anteayer no tuvo vuelta atrás. Así que de la misma manera que ocurrió tras los comicios de 2023, ambas formaciones de la derecha (y no como la izquierda, donde PSOE y Podemos volvieron ayer a intercambiarse puestos en la Mesa) llegaron al inicio del Pleno sin contacto alguno previo.
El nuevo presidente de la Asamblea, Manuel Naharro.EFEPara equilibrar territorios, Guardiola designó al presidente provincial del PP de Badajoz, Manuel Naharro, como candidato a presidente de la cámara regional. Y cada grupo votó su propuesta. Tampoco hubo cesiones del PP en los puestos de la vicepresidencia: la primera fue para Domingo Jesús Expósito Rubio (PP), y la segunda, para el socialista Eduardo Béjar Martín, en este último caso ayudado con los votos de Podemos.
Sólo al final, en el apartado de las secretarías, llegó la cesión de Guardiola. Demasiado tarde para la formación de Abascal. Con el fin de evitar filtraciones antes de las votaciones y que Vox se enterara, la dirección del grupo parlamentario del PP comunicó de forma personal y uno a uno la decisión a los 10 elegidos. Sólo ellos, y no la totalidad del grupo parlamentario, sabían que iban a votar a la candidata de Vox, Beatriz Muñoz Rodríguez, que recibió 21 apoyos (11 de Vox más 10 del PP), suficientes para ocupar la secretaría primera de la cámara.
Tras escuchar previamente a Óscar Fernández Calle en un tono muy áspero al término del pleno, Guardiola intentó rebajar la tensión ante los medios. Habló de diálogo, de la voluntad de «acuerdos», de «responsabilidad» y de que incluso esa misma mañana se iba a poner en contacto con el equipo negociador de Vox para retomar las conservaciones de investidura, que incluyen no sólo cargos en su futuro ejecutivo (vicepresidencia y dos consejerías, entre ellas Agricultura) sino también grandes partidas presupuestarias para estas competencias y derogaciones de la Ley LGTBI o las subvenciones a sindicatos y patronal, entre otras cuestiones. Y todo esto es la clave para el acuerdo porque Vox no rebaja ni un ápice sus pretensiones, aunque la presidenta autonómica en funciones les recordara que han quedado terceros en las elecciones y que por ese motivo no pueden imponer al completo todo su programa.
La formación de Abascal, en cambio, juega con el tiempo a favor. No desea un acuerdo rápido, y menos antes de las elecciones en Aragón, y dilatará al máximo la presión, agotando las hojas del calendario hasta el umbral legal de la repetición electoral, dentro de dos meses. En cualquier caso, no les importaría una repetición electoral porque confían en sacar aún más representación y juegan con esta carta a su favor. En el otro lado, Guardiola confía en que baje el suflé mediático, y aunque sabe que tendrá que ceder bastante en sus planteamientos, considera que al final habrá «altura de miras» por Extremadura y se llegará a un acuerdo in extremis, aunque es consciente de que va a sufrir muchísimo para alcanzarlo, en concreto, el «doble» que hace dos años, vaticinan en Vox, debido a que han engordado de cinco a 11 diputados. «No tenemos nada que perder, ella sí», argumentan en la formación de Abascal. Esto va para largo...