La doctora Carmen de La Fuente, jefa de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital Reina Sofía, en Córdoba, habla en tono bajo, pero su palabra es rotunda.
«Aparte de lo vivido durante la pandemia, yo no recuerdo haber gestionado jamás una catástrofe de esta magnitud. Mis compañeros y yo nos vimos de repente enfrentados a un escenario de guerra», dice. «Hay que serenarse mucho para hacer frente a algo así. Pero hoy, cuando aún no han pasado ni 48 horas del accidente, puedo decir que nuestra respuesta fue excepcional».
Poco más allá de las ocho de la tarde del pasado domingo, esta doctora menuda y fibrosa, de 61 años, de tez y aspecto mucho más juvenil de la que marca su carnet de identidad, recibió la orden de movilizar a su equipo para atender a los heridos que fuesen llegando del accidente de trenes en Adamuz. Primero, le llamaron desde la dirección del centro hospitalario. De inmediato, ella se puso en contacto con el equipo de guardia que estaba trabajando en ese momento en el Reina Sofía y con el resto de compañeros que estaban de descanso. La llamada de Carmen resultó imperativa: todos tenían que dejar lo que estuvieran haciendo y ponerse la ropa de trabajo.
«Movilizamos a 14 médicos intensivistas y a 14 residentes. También a numeroso personal de enfermería con el fin de dotar a todos los boxes de UCI de los materiales necesarios para enfrentarnos a una desgracia humana como la que veíamos en el horizonte. Antes de que llegara el primer paciente ya estábamos todos operativos y uniformados», explica la doctora De La Fuente a EL MUNDO durante la mañana de este martes.
Esta médico cuenta que se activó el plan de catástrofes externas. «Según iban llegando los heridos, establecimos dos áreas de pacientes, una de críticos y otra de pacientes más banales, como con traumas menos severos, por ejemplo. Al área de críticos enviamos a las víctimas más graves. Algunas de ellas ya venían intubadas o en coma en la ambulancia. Otras presentaban fracturas de pelvis o problemas pulmonares, y de algunas ya sabíamos que iban a requerir amputaciones. Varios heridos vinieron en una situación tan crítica que decidimos meterlos en quirófano sin pasar siquiera por pruebas de rayos X, sólo con el criterio de una exploración básica».
El proceso para poner nombre a los heridos tampoco resultó sencillo. La identificación de algunos de ellos se pudo hacer a través de familiares que también viajaban en los trenes y que resultaron ilesos, o con la ayuda de seres queridos que se fueron desplazando hasta el Reina Sofía durante la madrugada posterior al siniestro. «De muchos pacientes no teníamos ni un sólo dato, salvo si era hombre o mujer. A esos los íbamos identificando mediante códigos», explica la jefa de UCI del citado centro sanitario.
De la Fuente añade que sobre las doce la noche, sabedora de la gravedad de la situación en Adamuz, envió a tres médicos intensivistas a ayudar al resto del equipo médico desplegado en la zona de rescate. «Nos dimos cuenta de que hacían falta manos sobre el terreno y que aquí podíamos asumir a los heridos que nos llegaban. Tuvimos que tomar decisiones sobre la marcha. Los que llegaron conscientes al Reina Sofía tenían una cara de miedo tremenda. Apenas se quejaban de dolor porque pensaban que los heridos que aún estaban en los vagones o entre las vías estaban peor que ellos, aunque no fuera así».
LA OPERACIÓN DE PATRICIA
El hospital Reina Sofía es el centro sanitario de referencia de toda la provincia cordobesa y de parte de la de Jaén. Ayer, cuando un periodista y un fotógrafo de este periódico recibieron el permiso de acceso a la UCI, aún había cinco personas ingresadas en estado grave que iban a bordo de los dos trenes siniestrados. Una de ellas era Patricia, una mujer de 40 años procedente de La Palma del Condado (Huelva). Viajaba en el tren Alvia que unía Madrid con la capital onubense. El domingo se presentó a unas oposiciones a funcionario de Instituciones Penitenciarias. Volvía a casa tras el examen.
En torno a las 11.30 de la mañana de este martes, un tío de Patricia, Carlos Neila, doctor jubilado, atiende a los reporteros en la sala de espera de familiares de los pacientes de UCI. Es un zona de acceso restringida. Se permite la entrada de los periodistas gracias a la doctora De la Fuente.
«A Patricia la están operando ahora mismo», explica su tío. «Es la segunda intervención a la que se somete ya. En la primera, nada más ingresar aquí, la dejaron abierta porque sufre un sangrado abdominal muy fuerte. Mi sobrina tiene muy fastidiados los pulmones a causa de un edema pulmonar severo. Además, presenta una fractura abierta en la tibia y el peroné. Ojalá se frene la hemorragia, se le pueda cerrar y comience a evolucionar de manera favorable».
Los padres de esta paciente hospitalizada están en su pueblo. No han podido desplazarse a Córdoba porque hace año y medio su progenitor sufrió un ictus y la madre de Patricia es quien cuida de su marido. No puede dejarlo solo.
«Mi mujer y yo vivimos en Sevilla. Nos enteramos de que nuestra sobrina estaba aquí y llegamos a Córdoba sobre las cuatro de la madrugada del lunes. Desde entonces no nos hemos movido del hospital salvo para irnos a descansar unas horas a un hotel. Hemos podido ver a Patricia en la sala de UCI, pero está sedada e intubada. No tiene hijos. Esperaba sacarse la plaza para tener un futuro más estable. Ojalá pueda volver a presentarse a una oposición, aunque sea dentro de mucho tiempo», dice su tío, esperanzado en que su sobrina siga con vida y pueda abandonar los cuidados intensivos a corto plazo.
Por el momento, un total de 86 heridos en el accidente de Adamuz han sido ya dados de alta, según informó ayer el Servicio Andaluz de Salud a la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA) tras registrarse este martes tres nuevas salidas hospitalarias.
En los distintos hospitales andaluces continúan ingresadas 37 personas -33 adultos y cuatro niños-. A última hora de la jornada de ayer había descendido a nueve el número de pacientes en UCI: cuatro todavía estaban en el hospital Reina Sofía de Córdoba, dos en el de Cruz Roja y tres en el hospital San Juan de Dios, también en la capital cordobesa. En planta aún hay 24 heridos. Nueve de ellos en el Reina Sofía (entre ellos, los cuatro menores), dos en Cruz Roja, seis en Quirón Salud, cinco en San Juan de Dios y dos en el Hospital Infanta Elena de Huelva.