Junko Tabei fue la alpinista japonesa que conquistó en 1975 los 8.848,86 metros del monte más alto del mundo y es una absoluta desconocida. El documental 'Lady Everest' de Isabel Díaz Novo narra su proeza, sus luces y sus sombras.
En el vasto mundo del alpinismo, los nombres como Reinhold Messner o Chris Bonington resuenan con fuerza, pero detrás de las grandes gestas existe un profundo vacío documental sobre el papel de las mujeres que han coronado las grandes cimas de nuestro planeta. Bajo esta premisa, la cineasta y alpinista Isabel Díaz Novo (Gijón, 1973) ha desarrollado una filmografía centrada en el papel femenino en la montaña. Tras dirigir diversos documentales como Pirineístas, mujeres y montaña (2022), la autora -que también ha ejercido como presidenta de la Federación de Espeleología del Principado de Asturias- vuelve para contar otro hito femenino: la odisea de la primera mujer que coronó el monte Everest.
Aún sin fecha de estreno, la cineasta cuenta a EXPANSIÓN los entresijos de su nueva producción y las aventuras de Junko Tabei, la alpinista japonesa que conquistó en 1975 los 8.848,86 metros del monte más alto del mundo midiendo tan solo 152 centímetros. Hito del que se extrae "no solo una atleta excepcional, sino una líder compleja que rompió los códigos de la sociedad nipona de su época", detalla.
Bajo el título de Lady Everest, Díaz ha querido ahondar en ese vacío "flagrante" sobre las grandes alpinistas de nuestra historia: "Compras libros sobre los grandes alpinistas, pero ninguno de ellos habla sobre mujeres". Este silencio impulsó a la cineasta a investigar sobre Tabei, una mujer que desde su infancia en un pueblo de Fukushima mostró una naturaleza rebelde frente a las expectativas sociales de sumisión y matrimonios concertados. "Gracias al apoyo de su padre, Tabei pudo estudiar y acceder a la universidad, donde descubrió que la montaña era un refugio contra la presión competitiva de la sociedad. Ya que en la montaña no existen artificios sociales ni necesidad de aparentar, te enfrentas a ti mismo", narra la cineasta.
No obstante, el camino hacia la cima no fue sencillo. "Al verse excluida de los clubes de montaña dominados por hombres, Tabei demostró su capacidad organizativa al fundar su propio club de alpinismo solo para mujeres", añade. Este espíritu de independencia fue el motor que la llevó a organizar la expedición al Everest con quince mujeres seleccionadas de todo Japón, un hito que desafió los tabúes de una cultura nipona donde el deporte femenino profesional era casi inexistente. Sin embargo, como reconoce Díaz, la historia de la alpinista está repleta de controversias, por ello no quiso santificar a Tabei y su largometraje reconoce tanto sus virtudes como debilidades a través de un retrato profundamente humano.
Luces y sombras
Aunque Tabei era oficialmente la segunda al mando de aquella expedición femenina al Everest, Díaz señala que "tenía más poder de decisión que la jefa de expedición". En un entorno de altísima tensión, donde todas las integrantes deseaban el reconocimiento histórico de ser la primera en la cima, el liderazgo de Tabei se impuso con una determinación que Díaz califica de poco ética en ciertos momentos.
¿El fin justifica los medios? Quizá esa sea la eterna pregunta que rodean las grandes gestas en las que un ser humano debe imponerse sobre otro para alcanzar una meta. Díaz pone sobre la mesa uno de los vértices más opacos de la alpinista nipona durante su gesta. "En el campo número cuatro, Tabei coordinó el descenso de una compañera que se encontraba en buena forma bajo el pretexto de acompañar a un sherpa enfermo. Ella buscó la manera de que la otra mujer tuviera que bajar... me pareció poco ético esa falta de sororidad entre ellas", afirma Díaz, matizando que el alpinismo de élite suele estar habitado por figuras egocéntricas que priorizan el objetivo personal sobre el colectivo.
Este puede ser uno de los motivos por los que la figura de Tabei no haya sido subrayada en nuestra era. Díaz sostiene que la alpinista japonesa no alcanzó la proyección internacional merecida debido a su honestidad brutal. "Tras su expedición al Annapurna III en 1970, el grupo publicó el libro Batalla de Mujeres, donde relataban sin tapujos las peleas y rencillas internas", comenta. Díaz explica que, mientras la literatura de montaña masculina solía ser "muy educada y basada en un plan militar" donde no parecía pasar nada negativo, Tabei y sus compañeras "contaron toda la verdad".
Pese a las tinieblas que se pueden extraer de esta hazaña, la cineasta también reconoce las grandes virtudes de liderazgo de Tabei. "En Lady Everest podemos encontrar lecciones aplicables en cualquier ámbito de nuestra vida, incluido el profesional. Tabei vivía bajo el lema 've paso a paso para conquistar tus objetivos', lección que he hecho mía. Además, cualquier gesta en las alturas requiere de una preparación minuciosa ya que en la altitud las capacidades cognitivas disminuyen y tu vida va a depender de movimientos muy repetitivos en condiciones extremas. La preparación es lo más importante. Además, este documental con mirada crítica nos enseña que el liderazgo en la montaña no solo consiste en llegar a lo más alto, sino en tener la fuerza y valor necesario en abrir una vía cuando la sociedad te insiste en que te quedes en el campamento base. Pese a todo, Tabei avanzó en una oscuridad total para todos los que vean la luz del sendero", concluye la cineasta.
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