A finales de 2025, el PP se planteó el nuevo ciclo electoral autonómico como una oportunidad de depender menos de Vox y multiplicar el castigo al PSOE. Lo segundo lo consiguió con creces, ya que los socialistas tocaron suelo en Andalucía, Extremadura y Aragón. Lo primero no, porque Vox es más influyente ahora que antes: vuelve a los gobiernos regionales y entra por primera vez en el gabinete de Juanma Moreno, que llamó a las urnas como barón de barones y estandarte moderado del PP, en busca de una mayoría absoluta preservara intacta «la vía andaluza».
Eso no ha ocurrido. La realidad social y demoscópica de España es la que es y el PP se ha adaptado a ella con renovada querencia pragmática. De hecho, ya lo hizo en febrero, cuando Alberto Núñez Feijóo publicó su «documento marco» para las negociaciones con Vox. Se trata de una suerte de manual de instrucciones en el que los populares acotaron los límites de su relación con Vox. Y que en los territorios y en la vieja guardia del PP consideran el giro estratégico más importante de los cuatro años y medio de presidencia de Feijóo. ¿Por qué? Porque con ese documento se consagró un bloque operativo para la derecha y se sacó a Vox de la impugnación antipolítica del bipartidismo. De «Vox contra PP y PSOE» se pasó «a PP y Vox contra Sánchez».
Eso sí, con un coste reputacional y de hemeroteca claro -sobre todo para Moreno- y con el riesgo de frenar el crecimiento de los populares en los caladeros templados que oscilan entre los dos grandes partidos. Pero con la convicción de que la mayoría de los ciudadanos ya ha descontado que el PP gobernará España con apoyo de Vox. Y que el contexto gubernamenta de escándalos y corrupción presunta es «tan grave» que la pantalla del miedo a Santiago Abascal ya queda atrás. «La realidad es que lo que da miedo al electorado no es Vox, es Pedro Sánchez», aseguran en el PP.
De manera que Feijóo da por superado su dilema sobre Vox y lo hace, según fuentes de Génova, «sin perder un ápice de centralidad». Éste es el diagnóstico que hace una de las diversas fuentes de la dirección nacional y de las baronías consultadas por este diario: «Estamos eligiendo temas en los que no perdemos un voto del centro: ni en la política migratoria ni en seguridad. ¿Son banderas de Vox? No, y no se las vamos a dejar a ellos en solitario. Podemos reducir el electorado de PSOE más que el de Vox. No hemos perdido un ápice de centralidad. Si Vox sube cinco puntos y el PP no baja nada, quiere decir que Vox se lo quita al PP y el PP al PSOE». «No se puede ser una persona moderada y votar a Pedro Sánchez», argumentan, antes de añadir: «Lo complejo es mantener la moderación, porque la gente pide antorchas y más dureza, y estamos canalizando de modo correcto un sentir ciudadano inédito de rechazo al Gobierno».
Un año después de que Feijóo se comprometiera a no pactar un Gobierno nacional de coalición con Vox y dos semanas después de que él mismo se desdijera en prime time, Génova ha llegado a la conclusión de que «a España no le preocupa que PP y Vox gobiernen juntos». «A la mayoría de los españoles no le preocupa. Y los que no van a votarnos saben que no va a haber ninguna medida que se salga de los principios del PP», esgrimen las fuentes, apuntando una vez más al «documento marco». En ese texto, que ha enraizado como principal estrategia a largo plazo del PP, el partido de Feijóo se acerca a algunos de los grandes sintagmas simbólicos de Vox, sobre todo en inmigración y seguridad, a cambio de fijar los límites de la conllevanza.
Sobre todo, forzando a los de Abascal a aceptar cuatro presupuestos y a cumplir la ley en todo caso; también en la política migratoria. «El PP ha conseguido embridar la negociación y establecer unos límites que son nuestros principios. Todo es consecuente con la ponencia política de nuestro congreso del 2025. Todo el gran debate ya es sólo la prioridad nacional, que es un debate semántico que significa arraigo y que acepta buena parte del electorado de izquierdas, según las encuestas», detallan las fuentes.
«Ese documento [marco] fue la clave: pone un cerco a la relación con Vox. Ya nadie habla de que haya dudas con la política de feminismo o derechos sociales, que de eso iba el 23-J. Ahora le hemos dicho a Vox qué puede esperar de nosotros. No vamos a tocar las políticas de respaldo y apoyo a la mujer, ni los derechos sociales de ninguna minoría», relatan.
Entonces, ¿el PP cree que no le va a penalizar en el ruedo nacional el pacto con Vox en Andalucía, después de haber prevenido contra el «lío» y después de haber abjurado de una «prioridad nacional» que ahora asume no como palanca segregacionista, pero sí como concepto político? «No. Las tertulias van por un lado y la demoscopia va por otro, porque la derecha le saca 16 puntos a la izquierda». «La amenaza de que venía Vox no le ha dado un solo voto al PSOE en este ciclo autonómico. La amenaza es que Sánchez siga. Los gobiernos en que estaba Vox no han robado», explican en Génova.
Por tanto, para el PP, la única novedad del ciclo electoral es la pérdida de la mayoría absoluta en Andalucía. «Pero Moreno sólo cede en la entrada de una persona de Vox en el Gobierno andaluz: ha sido el pacto más rápido y el menos caro en términos de cesión de puestos», inciden.
Giro migratorio
Donde sí se ha producido un giro claro en el discurso del PP ha sido en la inmigración. Feijóo ha endurecido notablemente sus palabras y sus propuestas. Ha pasado de decir que él acogería a los inmigrantes llegados en el barco Aquarius, cuando era presidente de la Xunta, a pedir ahora que se deporte a los inmigrantes regulares que cometan determinados delitos. «Claro que hemos cambiado en inmigración, como toda Europa. El PP Europeo cambió antes», reconocen en Génova, en referencia a que ha habido un corrimiento de tierras hacia la derecha en los discursos migratorios. También en algunos gobiernos socialdemócratas, como los de Dinamarca y Gran Bretaña.