- FRANCISCO CABRILLO
Si bien creció mucho en las dos primeras décadas, desde 2006, el crecimiento económico del país ha quedado estancado por factores como el endeudamiento público y la crisis del año 2020.
Los datos de crecimiento anual del PIB de los últimos años sitúan a España en una posición muy favorable en el contexto europeo. Pero hay otros datos, de mayor relevancia en el largo plazo, que reflejan que, en las dos últimas décadas, el comportamiento de la economía española no ha sido en absoluto brillante.
La cuestión realmente importante no es si hemos crecido unas décimas más o menos en estos últimos años, sino cuál ha sido la evolución de la renta y la riqueza del país en el medio plazo y qué es previsible que ocurra en el futuro. Y la mayoría de los estudios centrados en estos temas plantean serias dudas sobre la evolución esperada de nuestra economía.
En el período de cuarenta años que estamos analizando, la economía española logró un crecimiento sustancial de su PIB, tanto en términos absolutos, como en términos per cápita. En lo que hace referencia a esta última variable -fundamental para valorar el crecimiento económico de un país a lo largo del tiempo- hay que señalar que en 1986 el PIB per cápita era en España (convirtiendo los datos de pesetas a euros) de 6.299 euros. Dado que el poder de compra del equivalente a un euro en pesetas en 1986 era, aproximadamente, el de 3,4 euros de hoy, el PIB per cápita de 1986 equivaldría a unos 21.400 euros actuales. Como el PIB per cápita en 2025 fue de 34.210 euros, el crecimiento en términos reales ha sido, más o menos, del 60% en estos últimos cuarenta años.
Naturalmente estas cifras hay que verlas con prudencia, ya que calcular el poder de compra actualizado de una moneda tras un largo período de tiempo plantea muchos problemas técnicos. Pero no cabe duda de que el crecimiento ha sido importante. Ahora bien, un análisis detallado de la serie temporal nos ofrece datos menos favorables e, incluso, preocupantes.
Lo que indican las cifras es que este crecimiento del 60% se produjo, prácticamente en su totalidad, en la primera mitad del período. En efecto, si hacemos un cálculo similar para el PIB per cápita entre 2007 y 2025, encontramos que las cifras -ajustadas al poder de compra- son casi iguales en ambos años: 33.100 euros en 2007 y 34.210 en 2025. Es decir, en términos de renta per cápita real, hubo un gran crecimiento en los primeros veinte años del período para pasar luego a una situación de práctico estancamiento (con oscilaciones anuales, sin duda) a lo largo de las dos décadas siguientes.
Cifras poco optimistas que se ven confirmadas si realizamos comparaciones con otros países de la Unión Europea. En 2007 nuestro PIB per cápita estaba ligeramente por encima de la media de la UE, en torno al 104%. Hoy estamos, en cambio, significativamente por debajo, en el 92% aproximadamente. Hemos perdido, más o menos 12 puntos porcentuales frente a la media; y nos han superado en PIB per cápita -medido en términos de poder de compra- varios países de la antigua Europa del Este, que en 2007 eran bastante más pobres que nosotros. Lo que ha sucedido, en la práctica, es un estancamiento del nivel de vida de los españoles que, en la actualidad, es más o menos el mismo que tenían en 2006.
Gran debate
La pregunta relevante es: ¿por qué se ha producido este estancamiento? La respuesta es, necesariamente, compleja, ya que son varios los factores que explican este resultado. En primer lugar, habría que señalar el pobre comportamiento de la productividad en la economía española, que hace muy difícil, entre otras cosas, que se pueda lograr un crecimiento significativo de los salarios reales. En lo que también influye, sin duda, el hecho de tengamos una de las tasas de paro más elevadas de Europa. No es España, por desgracia, un país que destaque por el apoyo que recibe la creación de empresas ni por su capacidad de generar innovación tecnológica.
Por otra parte, el endeudamiento público ha crecido de forma muy notable en los últimos años; y esto se ha producido a pesar del fuerte aumento experimentado por la presión fiscal. El futuro se presenta complicado en este campo, porque el sistema de pensiones sólo puede cumplir sus obligaciones con los jubilados con crecientes transferencias desde los presupuestos del Estado.
Además, en el siglo XXI las economías occidentales han pasado por dos crisis importantes: la de 2007-2008 y la de 2020-2021. Y hay que decir que, en ambas, la economía española se ha adaptado mal y las políticas económicas aplicadas no han sido, seguramente, las más adecuadas. Los resultados están a la vista.
El gran debate hoy se centra en decidir qué deberíamos hacer para solucionar este problema. No cabe duda de que, para lograr un mayor nivel de progreso, habría que introducir cambios sustanciales en nuestra política económica. Pero ¿está la sociedad española dispuesta a hacerlo, o preferirá seguir aplicando las mismas políticas a pesar de sus mediocres resultados? Esta es la cuestión realmente importante.
Francisco Cabrillo es catedrático emérito de Economía de la Universidad Complutense. Fundación Civismo.
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