Los datos ofrecen algunos vistazos sobre cómo es el interior de la estructura. Lo que ocurre ahí, aceptan los autores, es más complejo de lo que esperaban. Nada en el disco está estático. Los brazos espirales cambian de forma, algunas regiones varían de brillo con los años y sombras delgadas se desplazan como si estructuras densas dentro del disco bloquearan la luz de manera intermitente.
El estudio de los discos protoplanetarios cercanos es clave para entender la naturaleza de nuestro sistema solar y acercarnos al enigma del surgimiento de la vida. En estas primeras etapas se define cuántos y qué tipo de planetas nacerán, y cómo es que elementos esenciales para la habitabilidad, como el agua, el oxígeno o el dióxido de carbono, se incorporan a los cuerpos rocosos.
Las imágenes se obtuvieron durante cuatro años, en tres campañas de observación desde el Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés), en el desierto de Atacama, Chile. La radiación infrarroja de esta “estrella bebé” fue registrada por el instrumento SPHERE del telescopio VLT, uno de los sistemas ópticos más precisos del mundo.
El estudio original puede ser consultado por este enlace.