- GIDEON RACHMAN
Tras un discurso inconexo, Trump anunció que no impondría aranceles a sus aliados.
Los ricos y poderosos se abrían paso a empujones para ver a Donald Trump hablar en el Centro de Congresos de Davos. Probablemente por miedo a perderse algo o por el deseo de ver cómo se hacía historia.
Pero a mitad del discurso inconexo del presidente estadounidense, que duró más de una hora, muchos de los asistentes estaban consultando sus teléfonos o cambiando de sala para acudir a otras citas.
Trump no hizo historia en Davos con su discurso. Pero sí hubo indicios de un cambio de postura con respecto a Groenlandia. En uno de los pocos pasajes relativamente coherentes, Trump descartó explícitamente el uso de la fuerza estadounidense para arrebatarle la isla a Dinamarca.
Curiosamente, el presidente estadounidense tampoco reiteró su amenaza de imponer aranceles a los países europeos el 1 de febrero si no ceden en el tema de Groenlandia. Esa amenaza en concreto no se descartó, pero el hecho de que no se repitiera fue sin duda lo más significativo. Y así quedó demostrado el miércoles cuando Trump anunció, tras conversaciones con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que no impondrá aranceles a los socios comerciales de EEUU el 1 de febrero.
Si Trump realmente va a dar marcha atrás en lo relativo a Groenlandia, será porque al final se ha enfrentado a cierta oposición: de los europeos, de su propio Partido Republicano y de los mercados. Mientras se jactaba de nuevos máximos bursátiles durante su presidencia, Trump también reconoció que los mercados habían sufrido drásticas caídas ayer.
Fue la reacción del mercado la que llevó a Trump a moderar sus políticas arancelarias tras su llamado "día de la liberación" el 2 de abril. Lo mismo podría estar sucediendo con Groenlandia.
El presidente estadounidense exige "negociaciones inmediatas". Los europeos harían bien en ralentizar el proceso, recordando que Trump tiene la costumbre de lanzar amenazas grandilocuentes que luego caen en el olvido. Hace menos de dos semanas, prometió al pueblo de Irán que "la ayuda está en camino". Todavía están esperando.
Sin duda es demasiado pronto para relajarse con Groenlandia. Una parte sustancial del discurso de Trump estuvo dedicada a este tema, y continuó exponiendo su argumento estratégico, en gran medida falso, sobre la propiedad estadounidense de la isla.
Trump intentó repetidamente vincular el cumplimiento europeo en Groenlandia con el futuro de la OTAN, quejándose de que los europeos son desagradecidos con la protección que brinda EEUU y afirmando falsamente que Estados Unidos pagó prácticamente el 100% de los costos de la alianza.
También afirmó que Estados Unidos no necesita realmente la alianza de la OTAN porque está protegido por un "inmenso y hermoso océano". Y recordó a los asistentes que Rutte una vez lo llamó "papá", un tremendo error que Rutte nunca olvidará del todo.
En esta ocasión, el presidente estadounidense prefirió recurrir a un lenguaje vagamente amenazante, en lugar de amenazas explícitas y tangibles. Se mostró claramente irritado por el discurso de ayer de Mark Carney, el primer ministro canadiense, que fue un llamamiento conmovedor a las potencias medias a resistir la coacción de las grandes potencias.
En su discurso, Trump insistió en la dependencia de Canadá de Estados Unidos y le advirtió a Carney: "Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hagas declaraciones". En cuanto a los aliados europeos de Estados Unidos, Trump les dijo que en Groenlandia: "Podrían decir que no y lo recordaremos". Pero la memoria es un arma de doble filo. Es muy probable que, dentro de un mes, Trump haya dejado atrás Groenlandia y esté obsesionado con otra cosa o buscando otra víctima.
Pero los europeos, canadienses y otros aliados estadounidenses no olvidarán el episodio de Groenlandia. Ha plasmado muchos de sus miedos y resentimientos hacia Estados Unidos.
La razón por la que el discurso de Carney tuvo tanta repercusión fue porque supuso un reconocimiento explícito de que el viejo orden, basado en unos Estados Unidos benévolos, ha desaparecido. Y también un llamamiento a la acción que muchos en Davos encontraron inspirador.
Cuando Carney terminó de hablar ayer, fue recibido con una ovación de pie. Trump, en cambio, recibió un tibio aplauso. Este contraste habló por sí solo.
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