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Las cuatro horas de la doctora Amalia en el vagón de la muerte: "Estoy viva, mamá"

Las cuatro horas de la doctora Amalia en el vagón de la muerte: "Estoy viva, mamá"
Artículo Completo 881 palabras
Natural de Talavera de la Reina y con el trabajo en un pueblo de Huelva, viajaba en el Alvia siniestrado, donde quedó atrapada entre maletas, heridos y cadáveres Leer

«Yo le dije que se subiera a ese tren para ahorrarse más de cinco horas de carretera hasta Cartaya. ¡En qué mala hora! Ahora mi hija no estaría en esa cama».

Inmaculada Caro se reprocha a sí misma, como una culpa de la que no puede desprenderse del pecho, que su hija, Amalia, fuese a bordo del Alvia que el pasado domingo se estrelló contra otro tren de alta velocidad a la altura del municipio cordobés de Adamuz.

Mientras Inmaculada se seca las lágrimas, su hermana Ana Belén trata de hacerle ver que, en ocasiones, el destino, la casualidad, el azar o la fatalidad, lo que sea, inciden más en la realidad cotidiana que lo que una madre pueda sugerirle a una hija. Inmaculada y Ana Belén se encuentran sentadas en dos sillas de la sala de familiares habilitada en la planta de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital cordobés Reina Sofía. Es una pequeña zona con varias estancias y de acceso totalmente restringido. Una trabajadora del centro hospitalario controla en todo momento quién entra y quién sale de ella.

Estas dos hermanas están acompañadas de un amigo de la familia. Hasta Córdoba también se han desplazado un tío y una abuela. Proceden de Talavera de la Reina (Toledo). Allí había pasado el fin de semana Amalia. Llegó el viernes pasado para visitar a sus familiares y a sus amigos.

El domingo por la tarde se subió al vagón 2 del Alvia que unía Puerta de Atocha con Huelva. Como era un viaje exprés, su madre le sugirió que tanto la ida como la vuelta las hiciera en tren para evitar conducir más de 500 kilómetros en ambos sentidos en sólo tres días.

Amalia le hizo caso. Este pasado lunes, tenía que trabajar en el centro ambulatorio de Cartaya, un municipio a 25 kilómetros de la capital onubense. A sus 31 años, es doctora especializada en medicina familiar. No pudo acudir al puesto de trabajo.

LA LLAMADA

Según cuenta su madre, Amalia pasó cuatro horas casi sepultada en el vagón en el que viajaba. Estaba rodeada de maletas, cadáveres, asientos que salieron volando después de desgarrarse del suelo del vagón y heridos que iban de un lado a otro. Llegó a entrar en hipotermia.

Mientras tanto, su madre, su tía, sus amigas no dejaban de llamarla al teléfono móvil. Pero nadie respondía del otro lado. Hasta que a las 23.40 horas aproximadamente comenzó a sonar el teléfono de Inmaculada. Ya estaba de camino en coche hacia Adamuz.

Primero escuchó al médico que iba junto a Amalia en la ambulancia que la trasladaba hasta el Reina Sofía. La propia Amalia le señaló el número de su madre al doctor. Luego le rogó que le dejara hablar con ella. «Estoy viva, mamá», le dijo entre lágrimas y dolorida.

«La tuvieron que operar al llegar al hospital y estuvo sedada. Ayer —por el lunes— despertó por primera vez y abrió los ojos. Está estable y ya ha sido extubada. Se acuerda de todo lo que vivió durante esas cuatro horas interminables», explica su madre.

«Ella fue la que nos dijo que estaba aplastada, que volaron los asientos... ¡Un infierno!. Nos contó que sintió mucha frustración por escuchar a otros heridos quejarse y pedir ayuda, pero no poder hacer nada pese a ser médico».

Inmaculada detalla que un bombero rescató a su hija del Alvia siniestrado cuando ya estaba desangrándose. Y que un policía estuvo custodiándola después durante un buen rato. Y que el médico y la enfermera que la asistieron le prestaron sus chaquetas para que cogiera algo de temperatura y entrara en calor.

«Ahora puede decir que ha nacido por segunda vez», cuenta su madre, que deja entrever una sonrisa por primera vez durante el encuentro con EL MUNDO. «Recuerda que el vagón empezó a dar vueltas y que sentía cómo se golpeaba contra mil cosas», añade.

La tía y la madre de Amalia se quejan amargamente de que, tras el accidente, no recibieron ninguna información oficial sobre el paradero de su familiar pese a llamar de manera insistente a los teléfonos habilitados por las administraciones públicas para dar con los pasajeros que iban a bordo de los trenes siniestrados. «Llamas, se quedan tus datos y tu teléfono, y los datos de la persona a la que buscas, pero nunca recibes una llamada posterior diciéndote algo, ni una mísera información. Te aseguran que te van a llamar, pero nada», cuenta Ana Belén Caro, tía de Amalia Montealegre.

«Es una vergüenza, lo siento mucho. Si mi sobrina no nos llama desde la ambulancia y nos dice al hospital al que la llevan, nosotros nos plantamos en la zona del accidente, porque es hacia donde nos dirigíamos tras salir desde Talavera. Íbamos a ciegas. No me quiero imaginar lo que estarán pasando las familias que aún no hayan dado con sus familiares y estén sin saber absolutamente nada de ellos».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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