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Su proceder caprichoso respecto a Groenlandia debe hacer recelar a las grandes democracias.
El presidente de Estados Unidos ha utilizado la plataforma del foro de Davos para escenificar el derribo del orden político y económico multilateral que ha centrado su acción exterior desde que regresó a la Casa Blanca, y para, acto seguido, presentar su modelo alternativo, basado en la hegemonía indiscutible de Washington. El mascarón de proa de su proyecto rupturista es la Junta para la Paz, diseñada inicialmente para asegurar la observancia estricta por las partes en conflicto de su cuestionado plan para Gaza, pero que Trump ahora pretende extender al resto de zonas calientes del planeta.
EXPANSIÓN en Davos 2026: Trump dice que hablará con EspañaAMPARO POLO, MIEGUEL ÁNGEL PATIÑO Y CRISTINA DE ROJASEso sí, se cuidó de dar por muerta a la ONU, a la que ha tratado de asfixiar financieramente al retirar a su país de la mayoría de las organizaciones que la integran, suspendiendo las aportaciones que le correspondían como principal contribuyente. De momento, ninguna de las grandes potencias ha decidido sumarse a su iniciativa, respaldada por ahora sólo por naciones de tamaño medio, entre las que destacan Argentina, Arabia Saudí o Turquía. De los países europeos, únicamente Bulgaria y Hungría han dado el paso de incorporarse a esta Junta para la Paz, más por deseo de agradar a Trump que por convicción sobre su utilidad.
En la sala en la que el presidente norteamericano puso de gala su iniciativa global aún resonaba la amarga denuncia realizada por el secretario general de la ONU, Antònio Guterres, cuyo mandato expira el próximo 31 de diciembre, sobre la situación crítica de las finanzas de la organización debido a los impagos del Gobierno estadounidense. Además de la dudosa institucionalidad de la Junta para la Paz de Trump, en la que la membresía obliga a aceptar el papel preponderante y decisorio de Estados Unidos por encima del resto de naciones que la integran, el caprichoso proceder del inquilino de la Casa Blanca respecto a Groenlandia debería llevar a las principales democracias a ser especialmente recelosas.
Primero se mostró abierto a la negociación para lograr su objetivo de hacerse con el control de la principal isla del Ártico, después amenazó con imponer aranceles a los países que se opusieran a sus planes, incluso amagó con utilizar la fuerza militar para vencer la resistencia de Dinamarca, pero anteayer paralizó las represalias anunciadas tras lograr un principio de acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sobre la defensa compartida de las rutas marítimas que bordean el polo norte terrestre. Surrealista.
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