El fantasma que recorre Europa acaba de llegar a Andalucía con el brazo en alto
Regala esta noticia Añádenos en Google Alberto Núñez Feijóo y el presidente andaluz, Juanma Moreno, en un acto oficial. (Valerino Merino) 11/07/2026 a las 00:06h.En Andalucía, como en otras comunidades autónomas, el PP ha pactado con Vox, con lo que el talante moderado de Moreno Bonilla no queda tanto ... en entredicho como más bien contradicho, lo que tiene su lado de injusticia, ya que quien menos deseaba ese pacto era precisamente él, y en esa preocupación basó gran parte de su campaña electoral, por saber mejor que nadie la pesadilla que finalmente se le ha venido encima.
El PSOE moderno puede pactar con la izquierda que le queda a menudo demasiado a su izquierda, con la derecha supremacista e independentista catalana, con la oscura izquierda abertzale, con la derecha vasca, con los santones laicos de ERC, e incluso con Coalición Canaria, pero no puede tolerar que dos diputados suyos se abstengan en la votación para investir presidente a un contrario. «Un pacto infame», dice uno.
«Perjudicial para todos los andaluces y andaluzas», se lamenta la víctima del síndrome de la virreina destronada. El Gobierno central se resiste a convocar elecciones generales porque sabe que va a perderlas, pero resulta curioso que el argumento para no convocarlas sea el de promover el miedo a la ultraderecha, ese fantasma que recorre la Europa de hoy y que es tan peligroso como el otro fantasma que la recorrió a principios del siglo XX.
«Hay que impedir que la ultraderecha gobierne», sí, lo que no es impedimento para que, por pasiva, se le abra la puerta a gobernar aun cuando sea perjudicial para la ciudadanía, pero ventajoso para los partidos.
El ala andaluza de Vox es dura de pelar, aparte de dura de mollera, y su entrada en el Gobierno puede suponer un retroceso en cuestiones sociales que ha llevado décadas establecer y normalizar, pero eso parece ser lo de menos.
No sabe uno cómo van a implementar aquí ese concepto inquietante de «prioridad nacional». Lo que sí sabemos es cuál es la prioridad de los partidos: los propios partidos, sus estrategias para desgastar al adversario, así sea a costa de la gente. Y nosotros, la gente, viendo el teatrillo. Y viéndolas venir.
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