La subida del crudo disparará los precios de los carburantes, pero también afectará a los precios de consumo en general, que se podrían disparar al 8% a nivel global, amenazando con provocar una estanflación mundial.
Desde que empezó la guerra en Irán, hay una incógnita que ha estado planeando sobre todos los inversores y analistas: ¿hasta cuantó -y durante cuánto tiempo- pueden subir los precios del petróleo, del gas y de los carburantes? ¿Y hasta qué punto puede soportarlo la economía mundial? La respuesta no es sencilla, ya que las materias primas energéticas tienen numerosas ramificaciones en todo tipo de actividades económicas y, además, los países que en un principio más podrían verse beneficiados por el alza de precios son los más castigados por el conflicto bélico, lo que supone un doble golpe para el PIB mundial, muy superior al que podría esperarse en el caso de que la subida de precios se debiera a la demanda.
Los expertos apuntan a la posibilidad de que el precio del petróleo escale hasta los 150 o incluso 200 dólares por barril, unas cifras que recuerdan a la escala de precios que se produjo en julio de 2008, por encima de los 140 dólares, algo que fue uno de los detonantes del estallido de la burbuja inmobiliaria y, con ello, de la Gran Recesión que vino después. Hay que tener en cuenta que la subida del petróleo no solo se traslada a los carburantes, provocando un impacto directo en el bolsillo de los consumidores de la mayor parte del mundo, además de en el transporte de mercancía y pasajeros, la producción industrial o la agricultura, sino que también puede provocar efectos secundarios en las aseguradoras o las finanzas públicas, lo que podría llevar a una recesión global en caso de que el cierre del estrecho de Ormuz se prolongue.
¿Cuánto pueden subir los carburantes?
En las últimas dos semanas, los precios del petróleo Brent han subido casi un 40%, pasando de 73 dólares por barril a los 100 dólares, lo que se ha traducido en una fuerte subida de los carburantes. En España, por ejemplo, la gasolina ha pasado de 1,52 euros por litro a 1,75 euros por litro, mientras que el gasóleo acumula un alza de 37 céntimos por litro, hasta los 1,8 euros por litro. Aunque estos incrementos no se deben solo al alza del petróleo, sino también a las dificultades del refino, se estima que cada diez dólares que sube el crudo implican un alza de entre 8 y 10 céntimos por litro en los surtidores, por lo que el petróleo a 150 dólares podría llevar los precios en el surtidor al entono de los 2,3 o 2,4 euros por litro. Un impacto directo de 1.200 euros por cada hogar con coche particular, que se restarán del consumo de otros productos.
¿Y el impacto indirecto?
Además, la subida del petróleo y el gas tiene un gran impacto en los costes de la electricidad, del transporte y del comercio, así como en la producción de numerosos bienes industriales, como es el caso del cemento, el papel, el metal, los químicos, los plásticos, el vidrio, los productos de limpieza, los pesticidas o los fertilizantes. Con ello, la subida de precios se traslada al conjunto de la cesta de la compra (a través del transporte) con especial énfasis en algunos sectores, como la construcción o la agricultura. Unos sectores que, además, al tardar en repercutir la subida de los costes y no poder hacerlo en su totalidad, también están sufriendo cuantiosas pérdidas. De hecho, el Fondo Momentario Internacional (FMI) calcula que un incremento de los precios de este calibre se traduciría en un aumento de la inflación global de hasta cuatro puntos porcentuales respecto al escenario base (esto es, en torno al 8% anual), eliminando casi por completo el crecimiento del PIB mundial. Esto es, la temida estanflación.
¿Cómo puede afectar esto a las cuentas públicas?
La inflación, aunque a corto plazo se traduce en más ingresos públicos, a medio plazo desequilibra las cuentas nacionales porque implica un aumento de las ayudas a los ciudadanos (caso de la posible bonificación fiscal a los carburantes) y un incremento de los gastos ligados al IPC, como es el caso de las pensiones en España, donde cada punto adicional de inflación implicará un sobrecoste de 3.000 millones en la revalorización de las pensiones.
¿Y qué impacto tiene en el sector turístico?
También el sector turístico se verá muy perjudicado, tanto por la pérdida de poder adquisitivo como por el aumento del coste de los viajes, así como por la ruptura de buena parte de las rutas comerciales entre Europa y Asia. Esto puede suponer un duro golpe para la balanza exterior de los países turísticos, y más si son dependientes del petróleo y el gas. En el caso español, la subida de los precios energéticos puede elevar el coste de las importaciones energéticas en 30.000 millones de euros, mientras que el encarecimiento de los viajes golpeará duramente al sector turístico, que ingresa 135.000 millones de euros al año del extranjero.
¿Y cuál será el impacto en el mundo financiero?
Por último, la subida de los precios del petróleo tendrá un impacto notable y muy diverso en el mundo financiero. A las pérdidas de las aseguradoras hay que sumar el deterioro de las carteras de inversión, lo que se acabará trasladando a la economía real en forma de cancelación de proyectos. Asimismo, la previsible subida de los tipos de interés se traducirá en menos préstamos para la promoción inmobiliario y la compra de viviendas, así como para la inversión empresarial.
¿Hasta qué punto se pueden mantener estos precios altos?
A pesar de todo, es complicado pensar en una situación donde el petróleo se mantenga en torno a los 150 dólares por barril durante un tiempo prolongado. Por un lado, el fuerte impacto en el consumo y en la economía global hará mella en la demanda. De hecho, muchos países ya están haciendo planes de emergencia para adecuarse a este escenario, incluyendo un mayor uso del teletrabajo y restricciones al consumo particular. Además, la Agencia Internacional de la Energía dispone de un plan de contingencia para este tipo de situaciones. Por otro, es de esperar que los productores reaccionen a las alzas buscando nuevas rutas de producción y perforando nuevos yacimientos, especialmente en Estados Unidos. Y, finalmente, si el cierre del estrecho de Ormuz se prolonga, habrá países que puedan decidir tomar cartas en el asunto para reabrirlo. Incluso China, actual aliada de Irán, que podría tener que elegir entre disfrutar del fracaso de EEUU en la región mientras su economía se hunde o intervenir para garantizarse el suministro de petróleo y la vitalidad de sus socios comerciales.
El petróleo enfila los 100 dólares por barril y los expertos apuntan hasta los 150 o 200 dólaresLa gasolina y el gasóleo se disparan 10 céntimos tras el ataque a IránAlerta en el mercado petrolero mundial por el cierre del estrecho de Ormuz Comentar ÚLTIMA HORA