- JAVIER AYUSO
Cada vez que Pedro Sánchez tiene problemas internos (ya sea por corrupción, por debilidad parlamentaria o por mala gestión de las catástrofes), pone en marcha una actividad internacional que le permita controlar la agenda informativa y hace olvidar las cuestiones nacionales.
Una táctica que le ha dado muy buenos resultados en algunos casos, como en su enfrentamiento con Donald Trump y su "no a la guerra". Pero esta semana, el presidente del Gobierno ha optado por dar un paso más para erigirse como líder mundial de la izquierda con una cumbre que se celebrará mañana viernes en Barcelona, mientras se hacía fotos con el líder de la mayor dictadura del planeta.
El sábado emprendió viaje a China junto a su esposa en el cuarto viaje a ese país en cuatro años, el primero con carácter oficial. Después de un par de días de turismo, el lunes y el martes desplegó una intensa agenda oficial, que incluyó una cena con el presidente Xi Jinping, en la que el dictador chino le felicitó por estar "en el lado correcto de la historia". Una frase tan manida que se utiliza periódicamente para justificar determinadas decisiones o atacar al contrincante.
El líder socialista ha vuelto a España con una batería de acuerdos importantes de carácter económico, con el objetivo de reducir el multimillonario déficit comercial que tenemos con China. Un total de 19 acuerdos comerciales; diez de ellos en materia económica, cinco para permitir el acceso a China de productos agroalimentarios españoles y cuatro para impulsar las exportaciones. Una buena gestión, sin duda, que no debería ser excusa para justificar el fondo que subyace de esa nueva relación de amistad con Pekín.
No tiene mucho sentido que nuestro país aproveche los disparates del presidente de Estados Unidos en su intento de acabar con el orden mundial, para apoyar otro modelo igualmente peligroso como el que pretende implantar Xi Jinping. Al fin y al cabo, EEUU sigue siendo una democracia con sus controles y equilibrios, mientras que China mantiene una férrea dictadura que desprecia los derechos humanos que dice defender nuestro presidente. En esa lucha de bloques, España debería situarse con la Unión Europea, a la que ambos pretenden eliminar. La "multiplicación de polos" que explicó el líder socialista, no deja de ser más que una nueva ocurrencia de sus asesores en La Moncloa.
¿Y qué decir de la frase solemne de Xi Jinping sobre el convulso orden mundial? "China y España son países de principios que actúan con rectitud moral y ambos están dispuestos a situarse en el lado correcto de la Historia", dijo el dictador chino. El presidente español le respondió que "encontraremos juntos formas de reforzar el sistema multilateral y el derecho internacional", sin hacer mención alguna a la amenaza china sobre Taiwán, su apoyo a Rusia en la guerra en Ucrania o a los derechos humanos pisoteados en el país. Es verdad que las normas diplomáticas impiden insultar al anfitrión en un viaje oficial, pero de ahí a hacerle la ola hay un largo trecho.
Además, Sánchez está actuando al margen de Bruselas. Aunque algunos de sus países sigan intensificando el comercio con la potencia china, la Comisión Europea ha llamado la atención repetidamente sobre los peligros de intensificar las relaciones políticas y económicas con un sistema que no cumple con las reglas de juego internacionales. Tampoco hay que olvidar los riesgos que supone la firma de determinados contratos con empresas chinas, por supuesto estatales, en determinados sectores de alta tecnología acusadas de espionaje o incluso del automóvil, o que suponen una amenaza cierta para las industrias europeas. Pero el presidente decidió hace tiempo convertirse en un verso suelto en las instituciones internacionales.
De vuelta a Madrid, el líder socialista se prepara ya para lo que ha bautizado como "Cumbre de Países Progresistas" que se celebrará mañana viernes y el sábado en Barcelona. Han confirmado su asistencia los presidentes de Brasil, Lula de Silva; Colombia, Gustavo Petro; México, Claudia Sheinbaum; Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; o el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, junto a diputados de diversos países vinculados a la Internacional Socialista que preside Sánchez o a la Alianza Progresista. No podía faltar a la cita el expresidente José Luis Rodriguez Zapatero.
El leitmotiv del encuentro es "intercambiar ideas, forjar soluciones y demostrar de nuevo que las políticas progresistas no solo funcionan, sino que son la respuesta que el mundo necesita". Como lema, no está mal. Pero la realidad es que los principios y los valores de la socialdemocracia, que impulsaron una Europa democrática, próspera e igualitaria han caído en desuso por el populismo que se ha apoderado de los principales líderes mundiales. No solo de los llamados progresistas, sino también de los conservadores e incluso de algunos que se siguen definiendo como liberales.
Pero, no nos equivoquemos, la cumbre convocada por Sánchez no busca impulsar el socialismo en el mundo, sino erigirse él mismo como líder global de la izquierda, aprovechando el éxito de su enfrentamiento con Donald Trump. En La Moncloa manejan con soltura los efectos de la agenda internacional sobre la actualidad política española y esa imagen de liderazgo mundial del progresismo le puede ayudar en las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía y en las Generales.
Se trata de arañar el máximo de votos a la izquierda del PSOE, frente a unos partidos que caminan hacia su disolución por la falta de unidad. Hay que pescar en todas las aguas. Por eso ha nombrado vicepresidente a Carlos Cuerpo para crecer hacia el centro izquierda y ha aprobado la regularización masiva de inmigrantes ilegales para contentar a la izquierda radical.
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