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Silicon Valley redefine la consultoría

Silicon Valley redefine la consultoría
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El modelo de negocio basado en ejércitos de empleados júnior llega a su fin. Las grandes consultoras invierten en Silicon Valley para integrar agentes de inteligencia artificial, y asegurar su relevancia frente a nuevas tecnológicas. Leer
EmprendedoresSilicon Valley redefine la consultoríaActualizado 4 JUN. 2026 - 17:36Umesh Sachdev y Ravi Saraogi, fundadores de Uniphore, una compañía de software de IA empresarial con sede en Palo Alto, California, especializada en ayudar a grandes empresas a desplegar agentes sobre sus propios datos, procesos y sistemas.

El modelo de negocio basado en ejércitos de empleados júnior llega a su fin. Las grandes consultoras invierten en Silicon Valley para integrar agentes de inteligencia artificial, y asegurar su relevancia frente a nuevas tecnológicas.

"KPMG busca en Silicon Valley start up de inteligencia artificial para crear alianzas y colaborar con ellas antes de que crezcan lo suficiente como para amenazar su negocio". Financial Times detectaba esta semana este movimiento de la Big Four, que podría tomar participaciones en el capital de esas start up para asegurarse el acceso a su tecnología.

FT explica que "la iniciativa llega en un momento en el que la inteligencia artificial amenaza con provocar cambios profundos en los servicios profesionales, creando nuevos competidores y debilitando el modelo de negocio del sector, basado en ejércitos de empleados junior que facturan por hora".

La iniciativa de KPMG no es un movimiento aislado: representa el paso de las Big Four de ser firmas de servicios profesionales intensivas en personas a convertirse en plataformas de conocimiento, datos, agentes de IA y ejecución gestionada.

El caso de KPMG encaja en una carrera más amplia: PwC con OpenAI y Harvey; Deloitte con Anthropic y Nvdia, EY también con Nvidia, y firmas como Accenture, Bain, BCG, McKinsey o Capgemini reposicionándose como integradores de inteligencia artificial empresarial.

Defensa y ataque...

El movimiento tiene una lectura defensiva y otra ofensiva. Defensiva, porque como asegura Financial Times "KPMG asume que parte de su negocio puede ser desintermediado por compañías jóvenes capaces de automatizar tareas que hoy sostienen miles de horas facturables".

Y ofensiva, porque busca entrar en el ecosistema que puede transformar este fenómeno. Según FT, el comité de dirección de KPMG en Estados Unidos se reúne periódicamente en Silicon Valley y visita fondos como Andreessen Horowitz, Bessemer, Emergence Capital o JC2 Ventures para conocer empresas de IA en fases tempranas.

Si una start up va a alterar auditoría, fiscalidad, legal o consultoría, KPMG prefiere verla antes que sus competidores. La propia firma ya ha empezado a convertir esa exploración en acuerdos concretos.

En octubre de 2025, KPMG anunció una colaboración con Fieldguide, que incluye una inversión minoritaria, para desarrollar capacidades de IA de agentes aplicadas a assurance (servicios de verificación y garantía independiente).

Hay que tener en cuenta que la auditoría es una de las áreas más sensibles del negocio de las Big Four, porque combina volumen de trabajo, regulación, reputación y presión sobre márgenes.

Otro ejemplo es Uniphore. En enero de 2026, KPMG anunció una relación estratégica con esta compañía para construir agentes de IA usando modelos pequeños especializados por industria. El foco se pone en sectores regulados como banca, seguros, energía y salud.

La propia Uniphore explica que "el mercado no se mueve sólo hacia grandes modelos generalistas, sino hacia agentes integrados en procesos empresariales, conectados a datos internos y diseñados para tareas concretas".

A todo esto se suma Anthropic. En mayo de 2026, KPMG y la compañía fundada por Dario Amodei anunciaron una alianza global para integrar Claude en KPMG Digital Gateway, empezando por capacidades para clientes de Tax & Legal.

El acuerdo incluye el acceso de más de 276.000 profesionales de KPMG a Claude y el nombramiento de KPMG como consultor preferente de Anthropic para private equity.

Esto implica que la Big Four no sólo incorpora la inteligencia artificial para productividad interna, sino que trata de convertirla en una infraestructura de prestación de servicios.

PwC hace algo parecido. La firma se alió con OpenAI y Harvey para llevar IA generativa a sus áreas de legal, fiscal y de personas, y posteriormente amplió su relación con OpenAI para impulsar ChatGPT Enterprise entre los empleados y clientes. Para PwC, este acuerdo es una forma de acelerar la adopción de la inteligencia artificial generativa en grandes organizaciones y situarse como canal empresarial de una tecnología que sus clientes aún no saben desplegar solos.

Deloitte también ha apostado por Anthropic. En octubre de 2025, ambas compañías anunciaron una alianza ampliada para poner Claude a disposición de 470.000 profesionales de Deloitte en todo el mundo y crear un Claude Center of Excellence para llevar pilotos de IA a producción. La propia Anthropic explicaba en octubre de 2025 que "ya no se trata de experimentar, sino de escalar, gobernar e industrializar la IA dentro de organizaciones grandes".

EY ha optado por una vía similar con Nvidia. En marzo de 2025 lanzó EY.ai Agentic Platform, creada con tecnología de Nvidia, enfocada en fiscalidad, riesgo y finanzas.

EY presentó la plataforma como una forma de desplegar agentes, modelos privados y conocimiento profesional en procesos corporativos.

La carrera no se limita a las Big Four. Accenture anunció en 2023 una inversión de 3.000 millones de dólares en datos e IA y el objetivo de duplicar su talento especializado hasta 80.000 profesionales.

Bain amplió su alianza con OpenAI para vender herramientas de IA a clientes y crear soluciones sectoriales. McKinsey ha construido Lilli, su plataforma interna de IA generativa, usada por el 72% de la firma y asociada a ahorros de hasta el 30% en búsqueda y síntesis de conocimiento.

BCG, por su parte, informó que sus servicios de tecnología e IA ya representan más del 40% de sus ingresos, impulsados por un crecimiento del 25% en servicios de inteligencia artificial.

Está en juego el modelo económico. Las Big Four han cobrado durante años por equipos numerosos y por horas de trabajo. La IA automatiza tareas antes realizadas por profesionales junior, reduciendo tiempo y costes. Eso obliga a replantear los precios, las estructuras internas y el valor ofrecido al cliente, y todo esto empuja a las firmas hacia nuevos modelos de precio: tarifas por resultado, suscripciones, servicios gestionados, licencias de plataformas, contratos recurrentes o esquemas híbridos.

La unidad económica deja de ser exclusivamente la hora del consultor y pasa a ser la combinación del experto humano, el agente de IA, metodología propietaria, datos y gobierno del riesgo.

Amenaza de las 'start up'

La amenaza de las start up puede resutar incómoda porque no necesitan sustituir todo el negocio de una Big Four. Basta con capturar una parte rentable de la cadena de valor. Harvey usa IA para automatizar tareas legales como revisar contratos, hacer due diligence o para apoyo a compliance. Y Thomson Reuters compró Materia, centrada en IA para fiscalidad, auditoría y contabilidad. Ambos casos muestran que el software especializado empieza a sustituir trabajo antes hecho por equipos profesionales.

Sin embargo, las Big Four conservan ventajas difíciles de replicar. Tienen relaciones con consejos de administración, comités de auditoría, multinacionales y reguladores. Conocen los procesos reales de las empresas y operan en entornos donde la confianza pesa tanto como la tecnología. Por eso compañías como Anthropic, OpenAI o Nvidia también necesitan a las consultoras: llegar a una gran corporación no es sólo vender una API, sino rediseñar procesos, formar equipos, gestionar riesgos, integrar sistemas y asumir responsabilidad.

La IA puede acelerar procedimientos, pero no elimina la responsabilidad profesional. El Financial Reporting Council británico publicó en junio de 2025 una guía sobre IA en auditoría centrada en documentación, uso de herramientas y expectativas de control. Y en 2026 el regulador británico fue aún más explícito: las firmas no podrán culpar a la IA de los fallos de auditoría. La responsabilidad seguirá siendo humana.

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Fuente original: Leer en Expansión
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