- JAVIER AYUSO
Jordi Sevilla, ex ministro socialista con José Luis Rodríguez Zapatero, presentó ayer en redes sociales su anunciado manifiesto para recuperar la democracia interna en el PSOE, revertir la "pérdida de apoyos" y acabar con "la dictadura de las minorías".
El texto, presentado bajo la plataforma Socialdemocracia 21, lleva como título: 'Por la reactivación política del PSOE y de la democracia' y a lo largo de once páginas supone una llamada a la acción de los militantes y votantes progresistas para "reactivar el debate interno y evitar que la discusión se centre únicamente en nombres y adhesiones". Aunque no lo diga explícitamente, se trata de un toque de atención para acabar con el cesarismo de Pedro Sánchez y su deriva de pactos con los independentistas para permanecer el poder pese al bloqueo real en el que se encuentra el Gobierno.
"Nunca ha sido tan necesaria la socialdemocracia y nunca ha estado tan ausente del centro del debate político real", dice el texto y lo explica Sevilla en un vídeo en su cuenta de una red social. Y añade: "Pedimos un cambio de rumbo político en nuestro partido, dado que el actual nos ha conducido al auge de la extrema derecha, a una pérdida de apoyos al socialismo y a una dictadura de las minorías; queremos que el PSOE recupere un proyecto autónomo, socialdemócrata, de cambio, ilusionante, mayoritario, centrado en los problemas de los ciudadanos y abierto a consensos democráticos con sus adversarios políticos en cuestiones de Estado".
Es pronto para conocer la respuesta de los militantes y cuadros socialistas al manifiesto y es previsible que desde Ferraz se lleve a cabo una dura campaña para desacreditar a los impulsores del proyecto. De hecho, en fuentes del partido ya se ha descartado giro alguno en la línea que promueve Sevilla. Era de esperar, teniendo en cuenta que el texto supone una enmienda a la totalidad de la deriva del Gobierno desde que asumió el poder en 2018 gracias a las cesiones continuas a los independentistas y a la política de enfrentamiento con "las derechas".
El manifiesto se ha hecho público en el día en el varios periódicos publican encuestas que corroboran el hundimiento de la intención de voto al PSOE (pierde cinco puntos desde las generales de julio de 2023), el fuerte crecimiento de Vox y el mantenimiento del PP. Todos los estudios cifran en torno a los 200 escaños la suma de los dos partidos de la derecha. Ese es precisamente el diagnóstico que hace Sevilla sobre las consecuencias de las políticas del Gobierno y sus pactos con los independentistas.
Coincide también en el tiempo con la penúltima cesión de Sánchez a los secesionistas. El jueves pasado, el presidente pagó un nuevo precio a ERC a cambio de su apoyo parlamentario en Madrid y en Barcelona. Un nuevo modelo de financiación autonómica que defiende la singularidad de Cataluña a la que riega con varios miles de millones de euros más. Oriol Junqueras se convirtió en ministro de Hacienda por un día para imponer al Gobierno sus exigencias. Un modelo que pretende que acepten el resto de los gobiernos autonómicos, de los que ya ha recibido su anuncio de oposición. Incluso el presidente socialista de Castilla La Mancha, Emiliano García Page, lo ha criticado abiertamente.
Además, el proyecto se tiene que tramitar como Ley orgánica y es imposible que salga adelante en el Congreso de los Diputados. Ni siquiera Junts o la patronal catalana lo apoyan. Se trata de un nuevo gesto de cara a la galería del líder socialista, que sabe que nunca saldrá adelante y que pretende provocar un debate político para situar a los presidentes autonómicos del PP en la picota de no aceptar un aumento de la aportación del Estado a sus arcas. Oculta que es un modelo que beneficia especialmente a Cataluña y que deja fuera, una vez más, al País Vasco y a Navarra.
La firma del acuerdo y la foto en La Moncloa deja, además, en muy mal lugar a los candidatos socialistas en la próximas elecciones autonómicas en Aragón, Castilla y León y Andalucía, que se empeñan en defender lo indefendible y están condenados a un nuevo fracaso, como el recibido en Extremadura. Pilar Alegría explicaba sin ningún convencimiento que su comunidad salía ganando, mientras seguía con su campaña rural por la región, con un estilo más cercano a Paco Martínez Soria que a una política del siglo XXI.
Y qué decir de María Jesús Montero, vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, que ha tenido que tragar con la imposición del separatismo y que tendrá que defender el proyecto de Ley en el Congreso (y perderlo) semanas antes de unas elecciones andaluzas que se presentan especialmente negativas para ella. Es como si Pedro Sánchez hubiera renunciado al poder autonómico con tal de seguir él en La Moncloa dos años más.
En esa huida hacia delante, el presidente presentó ayer una nueva propuesta sobre vivienda, que nació muerta, como tantas otras. Yolanda Díaz se apresuró a vetar el proyecto en una muestra más de que los partidos a la izquierda del PSOE trabajan ya en el escenario de unas elecciones generales anticipadas y quieren ocupar posiciones frente a los socialistas.
Por mucho que sus altavoces mediáticos insistan en que Sánchez está retomando la iniciativa política, la verdad es que se agarra a cualquier clavo ardiendo para hacer olvidar los escándalos de su partido y de su familia y el bloqueo de su gobierno. Seguirá con su agenda internacional y muy pronto le veremos posar con el prófugo Carles Puigdemont en una nueva foto para la historia de la indignidad.
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