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El autobús colorado

El autobús colorado
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Cuando se vive en este reducto de calidad de vida que es Málaga, casi es un 'contradiós'no sacarle el partido que merece a la múltiple y variada oferta turística de la ciudad

LA TRIBUNA

El autobús colorado

Cuando se vive en este reducto de calidad de vida que es Málaga, casi es un 'contradiós'no sacarle el partido que merece a la múltiple y variada oferta turística de la ciudad

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ANA SANZ

JURISTA Y AUTORA DE TEATRO

11/07/2026 a las 02:00h.

Son casi las once de la mañana de un día cualquiera de la semana; es un día lectivo, por supuesto, pero eso no va contigo. ... Ya no trabajas, al menos, no oficialmente. Hace meses que no te levantas con el alba para llegar puntual a aquella oficina en la que dejaste lo mejor de ti y de tu tiempo de la edad juvenil, del cogollo de tu juventud y de tu edad madura. Hoy, en tu edad provecta y jubilar pero no menos útil y provechosa, has decidido pasar la mañana como si fueras una turista que visitara tu ciudad de residencia. Sin prisas y con los ojos renovados como si te fueras a adentrar por la localidad donde llevas viviendo más de treinta años como lo haría alguien que no la hubiera visitado en su vida.

En las ciudades turísticas como la nuestra vienen proliferando desde hace varios lustros los autobuses de dos pisos que de un modo cómodo y asequible te pasean por todo lo largo y ancho del solar ciudadano. Y si acreditas tu condición de residente, el precio es irrisorio. Quien más quien menos se ha subido a uno de estos simpáticos mastodontes con ruedas en alguna ciudad de cualquiera de los cinco continentes. Recuerdo que durante mi primera experiencia en Manhattan, subida a bordo de uno de ellos en el segundo piso para otear mejor las vistas de la ciudad, me hizo mucha gracia ver a un vendedor de refrescos que ofrecía a los turistas latas de bebidas con una especie de caña y que, tras realizar la transacción como camarero ocasional, pedía que el importe de la bebida se lo arrojaran envuelto en un pañuelo de papel o en una bolsita. Los hay confiados, me dije; seguro que más de uno le hizo un 'simpa' aprovechando el cambio a verde de la lucecita del semáforo. Al hostelero improvisado, pensé, no le traía cuenta correr detrás del autobús a lo largo del East River hasta la próxima parada. Después de todo, aquello no era una secuencia de Marathon Man.

Para hacer turismo no es preciso tomar un avión y cubrir el trayecto que media entre tu pueblo o tu ciudad y otra ciudad u otro pueblo

Cuando se tiene la dicha de vivir en un chollo turístico a la vera del mar Mediterráneo; cuando se vive en este reducto de calidad de vida que es Málaga, casi es un 'contradiós', que dirían los antiguos, no sacarle el partido que merece a la múltiple y variada oferta turística de la ciudad. Personalmente siempre me he hecho la reflexión sobre la pertinencia de disfrutar de las mismas oportunidades de ocio y cultura que nuestra hospitalaria capital brinda a los forasteros; porque, siendo una ciudadana que paga sus impuestos en Málaga, bien puedo si no con más derecho al menos con el mismo, tomar parte de lo que la ciudad ofrece, y, desde luego, pasar un par de horas cómodamente instalada en la atalaya de un bus turístico no deja de ser un planazo.

Hacer turismo una mañana de diario porque sí, porque te apetece, porque tú lo vales, que diría desde la pantalla de la tele la famosa de turno que anuncia una firma de cosméticos, y diluirse en el mar de visitantes que cada día deambulan por la ciudad, renueva la perspectiva que tenemos de los otros. No es la primera vez que me sorprendo quejándome del gentío forastero que puebla las calles cuando apenas te dejan espacio para ver un escaparate, para pararte a consultar el reloj o para cruzar cómodamente una calle. Pero cuando me doy cuenta de que lo mismo se puede decir de una servidora cuando, aunque solo sea por un par de horas, me sumerjo en la categoría de 'guiri' en mi propia ciudad, la cosa cambia. Y en estas reflexiones me encuentro cuando se ha hecho la hora del aperitivo y, entre el barullo de torre de Babel al que contribuye tanto turista 'auténtico' y hasta algún que otro viajero de aspecto más clásico, pienso que se ha pasado volando, perdón, sobre ruedas esta experiencia, que tal vez repita, de espectadora de mi ciudad desde el autobús colorado.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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