Los vecinos de la Fuensanta, en Córdoba, continúan consternados por la muerte de Tulia, la última víctima de la violencia machista en España. «Era una bellísima persona», comenta a EL MUNDO Yeray Onieva, dueño del bar La Fuensanta, donde Tulia solía desayunar algunos fines de semana con uno de sus hijos, «el que estudia la carrera en Madrid», dice Yeray. Otras veces acudía por la tarde «con sus amigas del senderismo», comenta y esboza una sonrisa mientras recuerda a su clienta. «Siempre se pedía una leche manchada, muy clarita, y media de churros», añade. No logra quitarse de la cabeza que «ese pobre diablo la haya matado», dice Yeray con pesar, «y más, sabiendo lo buena persona que era».
Tulia, de 64 años de edad, nació en Colombia, pero llevaba más de tres décadas viviendo en España. Muy aficionada al senderismo, era madre de dos hijos, de 23 y 25 años, que ya no vivían en casa, y estaba tratando de rehacer su vida tras haber sobrevivido al cáncer en 2024.
«Fue una época difícil para ella», así que se mudó a vivir un tiempo con su hermana Lourdes para que la cuidara, explica Vanesa, camarera en La Fuensanta y vecina de Lourdes. «Ahora estaba centrada en sus hijos y en recuperarse», añade y pone el acento en lo «injusto» que es que le hayan quitado la vida «de esta manera».
Tulia y Francisco, su presunto agresor y su ex pareja sentimental, residían en el mismo bloque al que se mudaron hace casi dos décadas en el número 1 del pasaje Virgen de Luna de este popular barrio cordobés, donde Francisco se había criado y donde aún vivían sus padres.
Tras separarse, ella se quedó en la vivienda que habían compartido, ubicada en el tercero, y él se mudo al que había sido el piso de sus padres, ya fallecidos, en la cuarta planta del mismo edificio.
Francisco es vecino de La Fuensanta «de toda la vida», cuenta una vecina del pasaje Virgen de Luna, Carmen. Ella se mudó al barrio con tres años y recuerda a Francisco, a sus padres y a sus hermanas -que se casaron y se marcharon- allí «de siempre», pero era «un tipo muy raro» y nunca ha cruzado con él mas de dos palabras, precisa.
Su parecer coincide con el de Manuel y Rafael, otros vecinos del barrio. A diferencia de Tulia, Francisco no es una persona muy apreciada en La Fuensanta. Serio, taciturno y con «tatuajes muy raros en la cara, que se hizo ya de mayor», la mayoría de los vecinos lo evitaba e incluso se cambiaban de acera si se cruzaban con él, añade Carmen. Manuel y Rafael, asienten.
Detenido en Córdoba por asesinar a su expareja pese a tener una orden de alejamientoTulia había denunciado a Francisco por malos tratos en 2005 pero, al parecer, todo quedó ahí hasta este fin de semana. El sábado pasado su ex pareja le había destrozado a martillazos la puerta y una cadena de música y, agarrándola por la pechera con brusquedad, la había amenazado.
Ese fue el motivo por el que Tulia acudió a pedir ayuda a las autoridades pero, como hacía más de veinte años de la denuncia anterior, el caso se ha considerado como de riesgo medio. Aún así, a Tulia le asignaron un agente de Policía para que estuviese pendiente de ella y que la acompañase al juzgado el día de la vista -prevista para el mismo lunes en el que fue asesinada-, pero ella no lo consideró necesario.
También se dictó una orden de alejamiento y, tras declarar, a Francisco -hoy detenido y acusado de asesinarla a machetazos a su ex compañera sentimental-lo dejaron en casa de un familiar, pero regresó y acorraló a su víctima en el portal.
El lunes, como cada mañana, Tulia había sacado a pasear a su perrito. Estefania, otra vecina del barrio, se cruzó con ella sobre las 8.30 horas de la mañana, indica. Se saludaron y Tulia regresó a su casa, a pocos metros de donde ambas se despidieron. Unos 15 o 20 minutos después, cuando Estefanía salió de casa para ir a trabajar vio los coches de Policía y la ambulancia. Luego, comenta, se enteró de que habían matado a la vecina con la que se cruzaba a diario. Le tiemblan las manos al pensar en lo que habría pasado si hubiese hecho el mismo recorrido que hace normalmente y hubiese continuado caminando hasta el portal donde el asesino de Tulia le quitó la vida.
La muerte de esta mujer en Córdoba viene precedida de una orden de alejamiento que no se cumplió, un juicio por malos tratos que no llegó a celebrarse y un sistema de protección a las víctimas de violencia de género que muchos consideran que no ha funcionado y que no ha impedido que a Tulia la hayan asesinado en el portal de su casa la misma mañana que debía acudir a la vista por una denuncia que le había puesto a su ex pareja este mismo fin de semana.
El 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista las 24 horas del día y en 53 idiomas diferentes, al igual que el correo 016-online@igualdad.gob.es; también se presta atención mediante WhatsApp a través del número 600000016, y los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10.
En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y en caso de no poder llamar se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.